Só para lembrar, o Brasil fica na América Latina

El triunfo de la diversidad
 
Alberto Manguel
 
Las definiciones literarias se hacen siempre a posteriori. Para poder definir, con una lista de libros, un continente entero, es necesario primero presuponer una definición de ese continente. Algunos ejemplos: para quien América Latina es un mundo conquistado, sometido y explotado, el Popol Vuh de los mayas, la Brevísima historia de la destrucción de las Indias de Fray Bartolomé de Las Casas y la vasta literatura indigenista de José María Arguedas, Ciro Alegría y sus discípulos serán publicaciones esenciales.
 
Para quienes vean en esa América un crisol en el que la cultura de lengua castellana forjó su segundo renacimiento, libros imprescindibles serán la renovadora Gramática de Andrés Bello, la lírica de Rubén Darío, el barroco cubano de Lezama Lima y de Severo Sarduy, y la novela cuyo autor es el lector: Rayuela, de Julio Cortázar. Para los extranjeros que, como Virginia Woolf, imaginen esas "tierras lejanas" como "una selva mágica llena de mariposas azules", las obras que confirmarán esa visión serán las novelas del mal llamado "realismo mágico" y la ficción metafísica del Río de la Plata. Finalmente, para quienes América Latina es emblema de una mesiánica revolución social, la biblioteca definitiva deberá contener los escritos de Simón Bolívar, del Che Guevara, de Rigoberta Menchú, y el Nunca más, la compilación de testimonios contra la dictadura militar argentina, que se publicó bajo la valiente dirección de Ernesto Sábato. Ninguna de estas obras aparece en la selección final (salvo, como era previsible, Cien años de soledad, obra, por cierto, definitiva en más de un sentido).
 
Es obvio que nadie, razonablemente, puede objetar la presencia de Gabriel García Márquez, Juan Rulfo, Eduardo Galeano, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa en este quinteto triunfador. Pero es obvio también que a este Parnaso, declarado summa cum laude para América Latina, le faltan temas esenciales: la poesía, el ensayo político y filosófico, el teatro, el diario de viaje, el texto humorístico, las dictaduras noveladas, el relato policial contemporáneo, el nuevo periodismo y, misteriosamente, las voces de mujeres.
 
Definir América Latina sin Pablo Neruda y sin César Vallejo, sin Ariel de José Enrique Rodó u Otras inquisiciones de Jorge Luis Borges, sin las obras de Florencio Sánchez y Griselda Gambaro, sin los Viajes de Cristóbal Colón y Una excursión a los indios ranqueles de Lucio V. Mansilla, sin las desopilantes personajes de Manuel Puig, y Concolorcorvo, y Quino, sin Yo el Supremo de Augusto Roa Bastos y La muerte de Artemio Cruz de Carlos Fuentes, sin Rosaura a las diez de Marco Denevi y las sangrientas sagas de Paco Ignacio Taibo II, sin las crónicas de Tomás Eloy Martínez, Martín Caparrós y William Ospina, y, sobre todo, sin los escritos de Sor Juana Inés de la Cruz, Gabriela Mistral (¡hélas!, como dijo André Gide de Victor Hugo), las hermanas Victoria y Silvina Ocampo, la o el anónimo redactor de las "memorias" de Evita Perón, sin Elena Garro, Rosario Castellanos, Juana de Ibarbourou e Ida Vitale (con moderación), y Alejandra Pizarnik, me parece una empresa, si no injusta, al menos incompleta.
 
Pero quizá ésa sea su virtud. Los cinco libros elegidos para resumir el vasto continente, en lugar de condensarlo, lo extienden, obligándonos a recordar otras lecturas. Nos ofrecen, por decirlo así, una definición in ausentia de la inconmensurable biblioteca latinoamericana. -
 
Alberto Manguel - Publicado em El País
 
PS: Falar de literatura latino-americana, ser apenas monoglota e deixar de citar Machado de Assis, Guimarães Rosa, Aldyr Garcia Schlee, Erico Verissimo, Jorge Amado, Clarice Lispector, Mariana Ianelli, João Ubaldo Ribeiro, Cristovão Tezza, Adélia Prado, Luiz Ruffato e Ignácio de Loyola Brandão é algo que se possa justificar? (ARdoTEmpo)
publicado por ardotempo às 17:00 | Adicionar