Sábado, 14.01.12

Os escritores de culto

Un secreto de dioses

 

 

Leila Guerriero

 

Si hay culto es porque hay un dios.

 

Enrique Vila-Matas, Alan Pauls, Yuri Herrera, Rafael Gumucio, Jorge Herralde, Pilar Reyes, Elena Ramírez, Manuel Borrás... Autores y editores explican una categoría sagrada llena de matices, aristas y contradicciones.

 

Primero, las definiciones. Pero eso es un problema cuando se trata de una categoría esquiva, viciosamente escurridiza, llena de aristas, de matices, de contradicciones.

 

Cuando se trata, como ahora, de encontrar respuesta a esta pregunta: ¿qué es un escritor de culto? ¿Alguien con gran prestigio y un grupo ínfimo de lectores; alguien que, más que lectores, tiene devotos; alguien que capturó los retorcijones más o menos angustiosos de toda una generación y supo cómo traducirlos en una obra; alguien que es producto de una estrategia editorial? ¿Todo eso, más que eso, nada de todo eso?

 

La primera acepción de la palabra culto que da el diccionario María Moliner es esta: "Respeto, veneración y acatamiento tributados a Dios o a los dioses". Antes que nada, entonces, esto: si hay culto es porque hay un dios. La noticia en otros webs webs en español en otros idiomas Vila-Matas: "En este país, 'autor de culto' siempre ha sonado a escritor bueno y disparejo, pero también a autor al que le falta algo" Abad Faciolince: "Kundera lo fue hasta que todo el mundo empezó a leerlo. El éxito es imperdonable en un escritor de culto" Herralde: "Un escritor de culto es un escritor con una voz propia, que sorprende, exige y excita al lector

 

- Autor de culto es un concepto ligado a lo religioso - dice Enrique Vila-Matas, autor de Dublinesca -. A ese autor le salen adoradores, lectores que no quieren perderse ni un folio suelto del autor, lectores que le siguen en todo lo que hace. Ser seguidor -lo digo por propia experiencia- es apasionante. Ser seguido - también tengo la experiencia - no lo es tanto, porque a muchos adoradores sólo les interesa lo que un día leyeron de ti y quieren encontrar siempre eso en lo que haces. Pueden llegar a impedir al autor ser libre a nivel creativo y machacarle su capacidad de sorprender continuamente, de hacer con sus escritos lo que le dé la gana en todo momento. Nada admiro tanto como ese día en la vida de Bob Dylan, en Newport, en 1965, cuando todo el mundo le consideraba un cantante de folk y se presentó con una ruidosa banda eléctrica que ninguno de sus adoradores comprendió.

 

- El nombre tiene mucho de religioso - dice el escritor Tomás González, autor de la novela Primero estaba el mar, a quien se menciona como el secreto mejor guardado de Colombia-. Es un escritor del que se podría tener la imagen en una repisa, como la de un santo. Los escritores de culto son como santos con pocos aunque muy fervientes devotos. Si te llaman escritor de culto y lo aceptas, tienes cierto prestigio y puedes escribir en paz lo que te dé la gana, pues te dieron y te diste por perdido en cuanto a ventas se refiere.

 

- Es un término más usado por editores o críticos - dice el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka, autor de la novela La enfermedad-. Los escritores somos muy vanidosos y la categoría puede ser una forma de matizar un fracaso con los lectores. Los escritores lo queremos todo: crítica y público. También puede ser una definición provisional. Hace más de veinte años, tal vez Robert Walser era considerado un escritor de culto. Bolaño también. Hoy es casi una civilización.

 

- T. S. Eliot - dice el escritor argentino Fabián Casas, autor de Los lemmings - hablaba de la importancia que tenía para un escritor poseer un grupo pequeño de lectores. Decía que no era necesario ser un superventas sino tener un pequeño grupo de lectores influyentes. Ese caldo forma lo que se denomina un escritor de culto. La prensa es la que termina dándole un lugar específico.

 

-Tiene que ver con la devoción que se le tiene a algunos escritores que son reconocidos por sus pares y por un círculo de lectores, pero no por el mercado - dice el escritor mexicano Yuri Herrera, autor de Trabajos del reino-.

 

- La noción proviene de un equívoco sobrecogedor - dice el escritor chileno Carlos Labbé, autor de Caracteres blancos -. Alguien elabora un proyecto de escritura diferente de lo que se considera la corriente masiva, pero después se comienza a admirarlo por la fuerza con que defendió su proyecto y no por las características de su propuesta. El culto es un afán borreguil de saber todo lo que le pasa al autor en vez de quedarse con sus libros.

 

- Debe haber, en la escritura de un escritor de culto, algo que tienda a lo sagrado y lo secreto - dice el escritor chileno Rafael Gumucio, autor de la novela La deuda-. Algo que te haga sentir, como lector, único y elegido. Es una categoría religiosa, que relaciona al libro a una de sus funciones más controvertidas: ser depositaria de la palabra de dios, y los escritores sus sacerdotes. -Es un escritor que tiene un talento extraordinario para una sola cosa, y ni siquiera en esa sola cosa es fácil decidir si es amo de su talento o si su talento no es en realidad una extraña forma de enfermedad -dice el autor de la novela El pasado, el escritor argentino Alan Pauls-. Esquiva, escurridiza: una categoría llena de matices y contradicciones. 

 

¿De quiénes hablamos cuando hablamos de escritores de culto? Las personas cuyos testimonios se recogen en este artículo dieron nombres que dibujan una lista tan nutritiva como disfuncional (en la que, por ejemplo, quienes son de culto en algunos países no lo son en su lugar de origen, como podría ser el caso del argentino Antonio Di Benedetto que no es un autor de culto en la Argentina pero que sí lo sería en México), y que incluye, entre muchos otros, a Mario Bellatin, Fabio Morábito, Daniel Sada, J. R. Wilcock, Emmanuel Bove, Antonio Di Benedetto, Thomas Pynchon, Gabriel Zaid, Sergio Pitol, Guillermo Fadanelli, Israel Centeno, Bukowski, J. D. Salinger, David Foster Wallace, Julio Ramón Ribeyro, Mario Levrero, Rafael Sánchez Ferlosio, Roberto Merino, Germán Marín, Denton Welch, Braulio Arenas, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Virgilio Piñera. -Un escritor de culto es un escritor con una voz propia, que sorprende, exige y excita al lector -dice Jorge Herralde, editor de Anagrama-. -Es aquel que erige una obra emblemática para un determinado público, y cuya vida puede llegar a convertirse en motivo de interés para sus seguidores -dice Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral en España-.

 

- El culto implica un nivel de devoción por parte del grupo (grande o pequeño) de seguidores - dice Diego Rabasa, del consejo editor de Sexto Piso-. Tiene que haber cierto nivel de conexión ontológica. Coexistir con la obra del escritor a un nivel vivencial y no sólo literario.

 

- Es un autor que tiene un grupo de fieles lectores que lo admiran - dice Matías Rivas, de Ediciones Universidad Diego Portales, de Chile-. Pueden llegar a convertirse en moda y vender más, pero en general son secretos. Es un estigma difícil de sacarse porque el periodismo cultural lo repite para referirse a todo lo que no es masivo. Pero tienen una virtud que es el doblez positivo del estigma: son long sellers.

 

- Es aquel - dice Andrea Palet, editora de Los Libros Que Leo, editorial chilena independiente - que ya tiene fans antes de que la industria y/o la prensa se enteren de su existencia.

 

"De culto" es un tag muy estable: puedes estar vendiendo como loco, pero te van a seguir llamando de culto hasta el hogar de ancianos.

 

-La perspectiva de un escritor de culto es hoy distinta a la de hace un siglo - dice Manuel Borrás, editor de Pre-Textos -. Antes, adquiría su sanción más por el boca a oído, sin intersección de la publicidad. Hoy en día pueden convivir escritores de culto inventados tanto por motivos crematísticos como apoyados por la sanción de los lectores. -

 

Es aquel que tiene una obra singular, alejada del canon oficial, que experimenta con las formas y es reconocido como tal por la crítica y una minoría lectora - dice Samuel Alonso, director de publicaciones de 451 Editores-.

 

- La calificación "de culto" puede tener que ver con el concepto de autor "secreto" - dice Enrique Redel, de Impedimenta-. Sus atributos los crea una minoría que niega el gusto mayoritario, que suele ser calificado de borreguil. La obra tiende a ser difícil de conseguir. El propio autor se prodiga poco. Cuando comienza a dar entrevistas a los medios mayoritarios "se vende".

 

- Entrar en la categoría es apetecible, pero lo que es malo es quedarse, pues vendría a ser un reconocimiento de su fracaso para llegar a públicos más amplios - dice Luis Solano, de Libros del Asteroide -.

 

- Es un escritor ajeno al gran público que frecuentemente termina por conquistarlo. Kafka fue de culto, como Joyce, escritores-para-escritores que acabaron por imponerse en las academias y las universidades. Dostoievski fue de culto unos diez años y hacia 1910 era patrimonio de la humanidad. Pero quizá ya no haya autores de culto confiables, es decir, que puedan permanecer escondidos. Hoy todo se publica, de todo se oye hablar y nada permanece en lo oscuro -dice el crítico mexicano Christopher Domínguez Michael-.

 

-Un autor de culto es igual a "mucho prestigio, pocas ventas" -dice Julián Rodríguez, de Periférica-. Esquiva, escurridiza, llena de aristas, de matices, de contradicciones.

 

-¿Un escritor de culto es necesariamente un fracaso en las ventas?

 

- No - dice Ana Pareja, de la editorial independiente española Alpha Decay-. Bolaño, Salinger son éxitos de ventas y no son excepciones. -Debe ser un deleite supremo empezar como escritor de culto y luego conquistar un gran número de lectores. Entre otros, Sebald, Tabucchi o Bolaño. Pero las listas de más vendidos son poco compatibles con los escritores de culto, incluso con los que han dado una cabriola considerable, como los antes citados - dice Jorge Herralde, de Anagrama-. - Convertir a un autor en "escritor de culto" es una típica operación de marketing de agencias literarias o editoriales. Pasó con Bolaño en Estados Unidos, pasa a cada rato en España con autores centroeuropeos de principios del siglo XX -dice el escritor chileno Carlos Labbé-.  En 2011, Impedimenta publicó en España el Diccionario de Literatura para Esnobs, del francés Fabrice Gaignault, una guía de autores a veces extravagantes, a veces malditos, ¿a veces de culto?, y, en la introducción, el español José Carlos Llop escribe: "Todos hemos tenido nuestros autores secretos. (...) Cuando alguno (...) empezaba a ser más conocido por los lectores (...) el hecho de compartirlo no producía felicidad alguna, sino cierta incomodidad. Una de las consecuencias (...) era la expulsión de aquel autor de nuestro paraíso privado".

 

- Con los autores de culto pasa como con el chiste de un restaurante que fue muy selecto, pero que tiene demasiado éxito: "Ahora ya no va nadie: vive lleno" -dice el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de El olvido que seremos-. Lo mismo puede decirse de un escritor de culto que se populariza, como Sándor Márai: ya no lo lee nadie, todos lo leen. Milan Kundera fue un escritor de culto hasta que todo el mundo empezó a leerlo. El éxito es imperdonable en un escritor de culto. -Parte de una minoría ilustrada cree demostrar su superioridad intelectual en la oposición a ciertos atributos narrativos que consideran "fáciles" -dice el escritor argentino Guillermo Martínez, autor de Crímenes imperceptibles, entre otros libros-, y trata de poner en circulación escritores "difíciles" para poder seguir sintiéndose los happy few de jardines recónditos. Estos escritores tienen características que son elevadas a categorías deseables per se: opacidad, hermetismo, falta de trama. Además hay algunas otras características "de imagen":

 

1. Sus libros deben ser inaccesibles.

2. La biografía del escritor de culto debe contener algún elemento "oscuro".

3. No debe tener jamás un éxito de ventas. Esto lo convertirá en un traidor a sus acólitos.

 

Pero la literatura no responde a ese maniqueísmo imaginario de editoriales salvajemente comerciales y lectores puros de catacumbas.  

 

Se ha hablado de usted como un escritor de culto. ¿Se ha sentido cómodo con eso? - No siempre - dice Enrique Vila-Matas-. En España, por ejemplo, nada. Primero, me llamaban "autor de culto" porque no me leía nadie. Después, porque me leían afuera. En este país, donde ha ido pasando el tiempo y seguimos siendo católicos, incultos y "diferentes", la denominación "autor de culto" siempre ha sonado a escritor bueno y disparejo, pero también a autor al que le falta algo, concretamente, ser tan conocido como Camilo José Cela. -No me incomoda -dice el escritor mexicano Yuri Herrera-, porque no me creo ninguna de las etiquetas. Tardé tanto en conseguir publicar que no tengo prisa por ser reconocido ni puedo medir el impacto que podría tener ser denominado así en algunos círculos.

 

Ahora, confusión.

 

Confusión por cosas como estas: porque Matadero cinco, de Kurt Vonnegut, sí, y Kurt Vonnegut también; y porque Siddharta, de Hermann Hesse, sí, y El lobo estepario, de Hermann Hesse, también, pero Hermann Hesse, definitivamente, no. En el año 2005 se publicó The Rough Guide to Cult Fiction, una guía que reunía a ciento noventa y cuatro autores y en la que la "ficción de culto" se definía como "una devoción irracional por una minoría hacia un autor o libro". Figuraban allí Kurt Vonnegut, Thomas Pynchon y David Foster Wallace junto a Gabriel García Márquez, Marcel Proust y George Orwell; libros como El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, junto a La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa. En 2008, The Telegraph confeccionó una lista de libros de culto. Encabezada por Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut, incluía No Logo, de Naomi Klein, y Recuerdos del futuro, del suizo Erich von Däniken, que escribió allí acerca de las probables visitas que hacían, en el pasado, los extraterrestres a la tierra.  

 

- ¿Quién es el lector de un escritor de culto? -Un esnob. Un borrego. Alguien que no se quiere dar cuenta de cómo es manejado - dice Carlos Labbé-.

 

- Un sofisticado o un obsesivo, un fanático de lo extraño - dice Matías Rivas, de Ediciones Universidad Diego Portales-. -Un hurgador de librerías de viejo. Un gourmet de ropa vieja, de perlas encontradas en chiqueros. Una mezcla de cartonero y de dandi. Un adorador de la originalidad. Un masturbador. Un devoto de la profanación -dice el escritor Alan Pauls-. -Todo verdadero lector tiene un escritor de culto. Aquel que se sigue libro a libro, al margen del resultado. Sus lectores fieles celebran sus aciertos pero lo acompañan en sus fracasos, deciden compartir su mundo, tan imperfecto y dispar como la vida misma -dice Pilar Reyes Forero, directora editorial de Alfaguara

 

-.Pero, ahora, otra vez confusión.

 

Confusión, por ejemplo, porque junto a J. D. Salinger (que lleva vendidos unos 65 millones de libros), se mencionan autores como el uruguayo Felisberto Hernández (que no debe llegar a varios miles), y otros que habitan catacumbas a las que descienden unos pocos: el chileno Juan Emar (uno de cuyos libros, Diez, fue publicado hace poco por la editorial independiente argentina Mansalva, con prólogo de César Aira). - Dan Brown es un escritor de culto pero es un culto masivo y, por lo tanto, muy poco selectivo - dice el escritor argentino Rodrigo Fresán, autor de la novela El fondo del cielo-. J. D. Salinger es, también, un escritor de culto; pero lo suyo se acerca al más exquisito budismo zen. Así, Haruki Murakami o Paul Auster o David Foster Wallace serían sumos sacerdotes de sectas en expansión, mientras que Thomas Pynchon y Jorge Luis Borges y Vladímir Nabokov serán, siempre, tótems frente a los cuales arrodillarse.

 

Entre unos y otros están todas esas íntimas religiones (propongo estampitas de John Banville, Rick Moody, Iris Murdoch, Felisberto Hernández, Denis Johnson, Michael Ondaatje, Steven Millhauser) por las que unos cuantos miles están dispuestos a lo que sea. Es decir: a seguir leyendo. Y a reconocerse entre ellos con complicidad.

 

Nunca dejaremos de creer y de rezarles a León Tolstói y Marcel Proust y Francis Scott Fitzgerald. Un escritor de culto es aquel que hace que leer sea tan pero tan parecido a orar, con una atendible diferencia: no sólo sentimos que nos escucha sino que, además, nos habla nada más que a nosotros. Y, por supuesto, Dios existe y se llama Shakespeare. Como si el culto fuera una religión con diversas capas tectónicas, todas necesarias para formar, al fin, la iglesia.

 

Leila Guerriero - Publicado em El País

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Terça-feira, 13.12.11

Um brinde a DON FRUTOS

Um brinde a Dom Aldyr Garcia Schlee

 

 

 

 

 

 

Um brinde especial à primeira e melhor leitora de Schlee: Marlene

 

Um brinde ao lançamento dos livros Uma terra só, Contos de Verdades, Contos de futebol e à nova tradução de Dom Segundo Sombra

Um brinde aos escritores Paulo José Miranda e Pedro Gonzaga

Um brinde ao Trio Chico.

 

Um brinde ao público leitor de Aldyr Garcia Schlee e a todos os amigos do escritor, no dia 15 de dezembro no Centro Cultural CEEE Erico Verissimo - 19h30

 


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Quinta-feira, 08.12.11

Homenagem, conversa, leituras, livros, autógrafos e música

Homenagem ao escritor Aldyr Garcia Schlee

 

Centro Cultural CEEE Erico Verissimo

– Grupo CEEE

Rua dos Andradas, 1223 – Porto Alegre – RS

Telefones: (51) 3228.9710 – 3226.5342 – 3226.7974

 imprensa@cccev.com.br www.cccev.com.br

 

15 de dezembro - 19h30

 

 

 

Homenagem ao escritor Aldyr Garcia Schlee inclui lançamento de livros no Centro Cultural CEEE Erico Verissimo

 

O Centro Cultural CEEE Erico Verissimo (CCCEV) promove, dia 15 de dezembro (quinta-feira), às 19h30min, o lançamento, com coquetel, de quatro livros de autoria de Aldyr Garcia Schlee, em homenagem a este escritor e jornalista gaúcho, que dentre realizações fundou o jornal Gazeta Pelotense e a Faculdade de Jornalismo da Universidade Católica de Pelotas (UCPEL), além de possuir significativa produção literária.

 

O evento ocorre no auditório Barbosa Lessa, 4º andar, na Rua dos Andradas, 1223, Centro Histórico de Porto Alegre. Com larga experiência no cenário literário e artístico, Schlee construiu uma trajetória profissional que tem lhe proporcionado reconhecimento no cenário regional, nacional e, também, internacional. Uma prova disto é fato de ser um dos finalistas da 18ª edição do Prêmio Açorianos de Literatura 2011, com o romance Don Frutos, da editora ardotempo, cujo resultado será divulgado no dia 12 de dezembro.

 

A programação prevê ainda um bate-papo com Aldyr Schlee, Paulo José Miranda e Pedro Gonzaga sobre o romance Don Frutos.

 

Os livros que serão lançados, edições ardotempo, são os seguintes: Contos de futebol (reedição 2011); Contos de Verdades (reedição 2011) - Prêmio Açorianos de Literatura, 2001 – ambos com capa de Gilberto Perin; Uma terra só (reedição 2011) - Prêmio II Bienal Nacional de Literatura 1984 – capa de Marcelo Freda Soares; Dom Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes - Tradução Aldyr Garcia Schlee (notas e elucidário) - Edição Comemorativa (2011), com capa de Leonid Streliaev.

 

 

 

 

O Trio Chico será a atração musical da noite, que reúne Andrea Cavalheiro (voz), Pedro Gonzaga (sax e voz) e Rodrigo Rheinheimer (violão), que apresentam em seu repertório composições de Chico Buarque de Holanda.

 

Sobre Aldyr Garcia Schlee – Um dos contistas e romancistas mais importantes do Brasil na atualidade, que vive de sua literatura.

Gaúcho de Jaguarão, é também tradutor, desenhista e professor universitário. As suas especialidades são a criação literária, a literatura uruguaia e gaúcha, a identidade cultural e as relações fronteiriças. Doutor em Ciências Humanas publicou vários livros de contos e participou de antologias, de contos e de ensaios. Traduziu a importante obra "Facundo - Civilização e Barbárie", do escritor argentino Domingos Sarmiento e fez a edição crítica da obra de João Simões Lopes Neto. Criou o uniforme verde e amarelo da seleção brasileira de futebol, mais conhecido como Camisa Canarinho, sendo um dos símbolos da nacionalidade brasileira mais reconhecidos no Brasil e no exterior. Recebeu duas vezes o prêmio da Bienal Nestlé de Literatura Brasileira e foi quatro vezes premiado com o Prêmio Açorianos de Literatura.

 

 

 

 

 Imagens: Retrato do escritor Aldyr Garcia Schlee - Gilberto Perin

 Capa de livro DOM SEGUNDO SOMBRA - Leonid Streliaev

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Sábado, 03.12.11

Homenagem ao escritor Aldyr Garcia Schlee - Dia 15 de dezembro


Homenagem a Aldyr Garcia Schlee 


Centro Cultural CEEE Erico Verissimo - 19h30

Rua dos Andradas, 1223 - Centro Histórico

Porto Alegre RS

 

 

 

Conversa com Aldyr Garcia Schlee, Paulo José Miranda e Pedro Gonzaga

- sobre o romance DON FRUTOS (Prêmio Fato Literário 2010)

 Capa: Fotografia de Gilberto Perin

 


 

 

 

Lançamento de 4 livros, edições ardotempo:

 

 

 

 

 

Contos de futebol (reedição 2011)

Capa: Fotografia de Gilberto Perin

 

 

 

 

 

Contos de Verdades (reedição 2011) - Prêmio Açorianos de Literatura, 2001

Capa: Fotografia de Gilberto Perin

 

 

 

 

 

 

 

Uma terra só (reedição 2011) - Prêmio II Bienal Nacional de Literratura 1984

Capa: Fotografia de Marcelo Freda Soares

 

 

 

 

 

 

 

 

Dom Segundo Sombra - de Ricardo Güiraldes - Tradução Aldyr Garcia Schlee (Notas e Elucidário)

- Edição Comemorativa (2011)

Capa: Fotografia Leonid Streliaev

 

 

 

Coquetel de Lançamento

 

Pocket Show -TRIO CHICO

 

 

 

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Domingo, 30.10.11

A boa literatura é uma erva daninha

 

 

A literatura e a banca do lado

(Pequena homenagem ao escritor Aldyr Garcia Schlee)

 

Paulo José Miranda

 

Há no Brasil, ao nível das artes em geral e da literatura e poesia em particular, um desfasamento enorme, quanto à chegada das mesmas ao público, entre aquilo que é produzido em São Paulo e aquilo que é produzido no resto dos estados do país. Isso deve-se em grande medida à dimensão continental do Brasil e a uma provinciana atitude, muito comum no humano, de viver num centro. Imaginemos a Europa, por um instante.

 

Se pensarmos no continente europeu em moldes antigos, em moldes pré-queda do muro de Berlim, podemos traçar um mapa de Portugal até à Alemanha, integrando ainda os países não continentais, o caso dos países escandinavos, como sejam a Dinamarca, Suécia, Noruega, Finlândia, e Islândia, e ainda os anglo-saxónicos do Reino Unido e Irlanda.

 

Por conseguinte, para além dos países citados, temos ainda a Espanha, a França, a Bélgica, a Holanda, a Áustria, a Itália e a Grécia. Este território é bem menor que o território do Brasil. Imagine-se agora que todo ele era um só país? Imaginemos também que um imaginário centro seria, por razões de geografia, Paris. A ser assim, como não seria difícil que as literaturas de países mais afastados do centro se tornassem conhecidas? Como não julgá-las, erradamente, como literaturas regionais?

 

Ora, é precisamente isto que acontece no Brasil. Erradamente se julga de literatura regional o que não é produzido em São Paulo. Por outro lado, São Paulo em relação ao mundo todo, não é ela mesma uma região e, assim, a sua literatura, uma literatura regional?

 

Do mesmo modo que respondemos não à última pergunta, teremos de dizer que a literatura feita no Rio Grande do Sul ou em Mato Grosso é uma literatura universal e não regional, se ela realmente for. O que define a universalidade de um texto é a escrita do mesmo e não o local de sua produção. Dublin, no início do século XX, era tão provinciana quanto a maioria das capitais de estado do Brasil hoje. E foi dai que surgiu James Joyce. E da provinciana Lisboa saiu Fernando Pessoa. E da provinciana Praga, do início do século XX, surgiu Kafka.

 

A boa literatura é uma erva daninha, cresce em qualquer lugar, onde menos espera e a despeito de todos os esforços para que isso não aconteça.

 

Julgo, humildemente, que a grande saída para uma melhoria na literatura brasileira seja a descentralização da mesma, isto é, a descentralização das editoras e revistas da especialidade. Nenhuma grande literatura se faz com grandes editoras. As grandes editoras não semeiam escritores, colhem aqueles que já existem. E fazer existir um escritor é uma tarefa árdua, difícil, demorada. Como não se faz um bom vinho de uma hora para outra. Num primeiro momento, demora ao autor o acto de ler, ler, ler e escrever; e depois demora ao editor o acto de editar, divulgar, divulgar, divulgar. A literatura não é novela. Uma editora não é a rede Globo. As mais prestigiadas editoras em Portugal, por exemplo, são pequenas, e são nelas que os grandes escritores se fizeram e ainda se fazem. Publicaram e ainda publicam.

 

O romance EXCELSO de Aldyr Garcia Schlee, Don Frutos, foi rejeitado por duas grandes editoras nacionais. Mas o mais importante que aqui temos a reflectir, neste caso, é a demora. A demora que levou a se decidirem a não publicar, que foram anos. Porquê? Porque as grandes editoras têm no seu corpo de decisão pessoas que não têm poder de decisão. Precisam do aval do departamento económico ou financeiro, para saber se podem ou não podem editar determinado livro. Depois, para além disso, muitas das vezes as pessoas responsáveis pela decisão literária, se o livro é bom ou não, deixam muito a desejar em termos de referências, em termos de leituras feitas da história da literatura universal e nacional. E, deste modo, deixam muito a desejar quanto ao seu gosto e aos seus juízos acerca do bom e do mau.

 

Assim, e como não podia deixar de ser, Don Frutos, livro de seiscentas páginas (600), denso, profundo, sem qualquer receita para o que devemos ou não fazer quando um celular toca durante um jantar, ou o que fazer quando o marido não elogia a mulher, é um livro condenado a não ser entendido pela lógica de uma multinacional ou, muito simplesmente, multiestadual. A literatura não é um negócio, ponto final. E enquanto não se entender isto e não se mostrar claramente isto aos leitores e potenciais leitores, não vamos passar da cepa torta, escritores e leitores. O que é um negócio é a venda de livros. Mas um livro pode ser uma coisa muito feia, desastrosa, entediante... em suma, um livro pode ser uma merda. E esta merda, sim, é um negócio. As centenas de títulos de livros de auto-ajuda que pululam o mercado, e outras coisas da mesma laia, não são literatura e não deveriam sequer ser vendidos no mesmo espaço que se vende literatura.

 

Nós não gostaríamos de ir no açougue (talho) e encontrar ao lado, na banca do lado, quantidades de estrume à venda, pois não? O estrume tem utilidade, claro, mais do que os livros de auto-ajuda, mas não vamos pôr o estrume ao lado da carne. Esta falta de coragem de clarificação, de distinguir o trigo do joio, de distinguir a literatura da merda, está a dar cabo da literatura, dos escritores e dos leitores.

 

O modo mais eficaz e rápido de repor a literatura nos seus eixos é, precisamente, conferir autoridade às pequenas editoras e aos diversos estados do país. Ou então assumam que não querem literatura, mas roteiros de novelas e de séries televisivas e livros de trocadilhos escritos por empregados de empresas de publicidade.

 

Felizmente tem ainda quem lute contra isto! A edições ardotempo pôde editar e fazer chegar até mim o livro Don Frutos, de um dos maiores escritores que li em minha vida: Aldyr Garcia Schlee. Bem haja!

 

Paulo José Miranda

publicado por ardotempo às 01:55 | Comentar | Adicionar
Domingo, 11.09.11

Feiras, gastronomia e incêndio

Literatura vai de menos 1 a 40 graus

 

Ignácio de Loyola Brandão

 

Bem interessante. Enquanto a Flip foi dominada pelo escritor português walter hugo mãe, conquistando homens e mulheres, a Jornada Nacional de Literatura de Passo Fundo, que continua sendo o maior evento do Brasil e da América Latina, girou em torno do talento e do carisma de outro português, Gonçalo Tavares.

 

Tranquilo, simples, ele foi "comendo" todo mundo pelas beiradas, como se diz por aqui. Na mesa sobre identidade, literatura e cultura na globalização, foi o único a fazer um depoimento atual, consciente, lúcido, ao contrário do celebrado (e decepcionante) Luiz Costa Lima, que se julga em altíssima conta e desprezou a Jornada e os participantes dormindo no palco, diante de 6 mil pessoas, e dando um depoimento pífio. Ao acordar, atrapalhou-se com suas anotações, disse que as tinha esquecido no hotel. Não tinha nada a dizer. Ensaísta à antiga que fala em linguagem hermética, vazia.

 

Plateia monumental, professoras e estudantes, 18 mil crianças na Jornadinha, ouvindo e conversando com autores infantis. Ninguém bate Passo Fundo. Mauricio de Sousa dominou a cena, crianças de todo o Brasil o conhecem, adoram. Neste momento há pelo Brasil dezenas de feiras (acaba uma, começa outra) e bienais e encontros. Saí de São Joaquim da Barra, interior de São Paulo, onde a prefeita Maria Helena Borges Vannuchi, obstinada e interessada em cultura, insiste em manter uma feira de livros com gente de primeira linha, e parti para Passo Fundo (-1°C na abertura da festa e vento minuano varrendo), norte do Rio Grande do Sul.

 

Segui para o Piauí, para o terceiro Salipa, Salão Literário de Parnaíba (40°C à sombra), na boca do maravilhoso delta que separa aquele Estado do Maranhão. Hoje estou na 2.ª Filmar, Feira Literária de Marechal Deodoro, ao lado de Maceió. O sol come. Livros e literatura por toda a parte.

 

Segunda-feira desço ao interior do Paraná para falar nos Sescs de Cascavel, Pato Branco, Fernando Beltrão e Foz do Iguaçu. Em São Joaquim da Barra, a pamonha deliciosa e delicada, vendida num duas portas em frente da Feira, me provoca água na boca. Duas equivalem a um jantar. No Piauí, doce Estado, há o arroz Maria Isabel, o Capote, o queijo de coalho, a caranguejada.

 

Em Passo Fundo, há a gastronomia dos Biazis, Alcir e Lisete, secundados pelo Serafim Lutz, com saladas inventivas, pernis, massas, filés e picanhas, costelas, matambres, num estilo sulino afetuoso. Alimentar com qualidade mil pessoas é tarefa de competentes. Sentar-se à mesa servida pelo garçom Otavio é privilégio. Com seus cabelos brancos e sabendo tudo, faz você parecer o mais VIP dos clientes, seja VIP ou não. E o que é VIP, afinal? As refeições no Clube Comercial eram no fim de noite, com conversas, papos cabeça, fofocas, informações, vinhos, todos juntos.

 

Esse é o diferencial da Jornada, aglutina pessoas, momentos em que todos se juntam. Os irmãos Caruso, Chico e Paulo, cartunistas e músicos, estão na mesa com Gonçalo Tavares e Affonso Romano de Sant"Anna. Edney Silvestre, um dos mais procurados pelos leitores, juntava-se a Tatiana Salem Levy e à professora Maria Esther Maciel. Marcia Tiburi, filósofa, conversava com Peter Hunt, enquanto Eliane Brum juntava-se a Rinaldo Gama, que foi o único que se preparou convenientemente com uma bela fala para a mesa da comunicação do impresso ao digital. O comer é o momento em que todos se juntam, em lugar de se espalharem em busca de restaurantes espalhados pela noite afora.

 

 

 

A mesa final de Passo Fundo, formação do leitor contemporâneo, provocou incêndio. Alberto Manguel irritou-se com a inglesa Kate Wilson, amável mulher, que levou um projeto de livros em computador, em tablets, ainda em fase de implantação e discussão. Manguel se acha o dono da verdade do livro em forma de livro. Tablets, e-books, iPads são dignos da excomunhão. Arrogante, destratou aos gritos o americano Nick Montfort: "Não tenho e-mail, não uso computador". Para ele significam a deformação do leitor, não uma das formas para se conseguir sua formação. Crente de que é uma grande pessoa, guardião do livro em papel, Manguel partiu com patadas para cima da inglesa que, todavia, sabe espanhol, e respondeu à altura.

 

Manguel, que vem escrevendo e reescrevendo os mesmos livros, tem de encontrar, urgentemente, as portas do século 21, desembarcar neste milênio, e ser mais gentil, admitir que a informática veio para ficar. Uma anedota circulou pela Jornada. Dizem que Manguel foi leitor de Borges. Ao fim de cada leitura, Borges acentuava: "Leu, pode ir embora, não me dê nenhuma opinião".

 

Ao menos, a argentina Beatriz Sarlo, figura exponencial, estava na mesa, deu o tom de grandeza, ao lado de Affonso Romano. O que importa é que literatura, misturada a música, informática e teatro, está sendo discutida em todo o País. Nunca, como hoje, houve tantas feiras e eventos em torno do livro, leitura, formação de leitores. Discussões, debates e buscas de caminhos. A Jornada de Passo Fundo chegou aos 30 anos, milhares de professores passaram por ela, milhares de crianças.

 

A Jornada é a única que não se esgota assim que termina. Aí é que ela começa, com a multiplicação de ideias, conversas, aprendizados, vindos das oficinas, seminários, cursos, aulas paralelas, infinitas, atualizadoras. Recomeça quando acaba. Para culminar, premiou-se João Almino, grande autor com o seu Cidade Livre. O Bourbon Zaffari é o maior prêmio literário privado da América latina. Diplomata de carreira, autor por paixão, Almino levou um susto com o tamanho da Jornada e voltou à Espanha apaixonado.

 

Ignácio de Loyola Brandão

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Terça-feira, 30.08.11

O que não deseja "fazer literatura"

 

Escrevendo sobre gostos

 

Alberto Manguel

 

  

Los enamoramientos de los otros suelen asombrarnos. Ante el apasionado elogio que alguien pueda hacer de un autor que a nosotros nos parece abominable, tratamos de entender esa emoción con los argumentos que el lector pueda ofrecernos. Casi siempre fallamos. Es que pedir que alguien nos diga por qué lo conmueve una cierta página que a nosotros no nos gusta es como pedir a Don Quijote que nos demuestre que Dulcinea no es, como la vemos, Aldonza Lorenzo.

 

Sin embargo, los lectores persistimos en querer explicarnos, infructuosamente: siglos de crítica literaria han nacido de este incauto impulso. Yo sé que la obra de Michel Houellebecq ha sido alabada por lectores que juzgo inteligentes, y he intentado muchas veces reconocer el supuesto encanto, inteligencia y humor que aducen sus defensores. No lo he logrado. He pedido, a quienes juzgan a Houellebecq "el más importante escritor francés de nuestro tiempo" (Fernando Arrabal, entre otros), que me muestren algún párrafo, alguna línea sin la cual "el mundo sería más pobre". Nunca lo han hecho. Han aducido en cambio razones políticas, sociales, psicológicas; han hablado de provocación, de avasalladora crítica del mundo occidental, de embestida contra la hipocresía de nuestro tiempo, de épater le bourgeois.

 

Dudo, sin embargo, que decir, como lo hace uno de sus protagonistas, que los hombres sólo quieren "una dulce esposa que les lleve la casa y cuide a los niños", o una prostituta ocasional, épaté a nadie en la época de Berlusconi o DSK.

 

Curiosamente, al defender a Houellebecq, pocos hablan de literatura. Quiero decir: pocos hablan de eso que diferencia la invectiva, o la confesión, o el catequismo, o cualquier otro artefacto verbal, de la creación literaria. Digo no saber por qué exactamente un texto me importa, pero sé que cuando leo busco en la escritura algo que me atrape y me conmueva, no a través de argumentos, sí a través de una tensión creada por las palabras mismas. Eso no me ha ocurrido nunca leyendo a Houellebecq. Doy un ejemplo al azar, tomado de la página 315 de la novela Plataforma, muy bien traducida por Encarna Castejón: "Del amor me cuesta hablar. Ahora estoy seguro de que Valérie fue una radiante excepción. Se contaba entre esos seres capaces de dedicar su vida a la felicidad de otra persona, de convertir esa felicidad en su objetivo. Es un fenómeno misterioso. Entraña la dicha, la sencillez y la alegría; pero sigo sin saber por qué o cómo se produce. Y si no he entendido el amor, ¿de qué me serviría entender todo lo demás?". El estilo es chato, monótono, perfectamente adecuado a la banalidad de la idea que propone: "No sé qué cosa es el amor".

 

Alan Pauls, en lo que imagino es un esfuerzo por elogiar a Houellebecq, ha descrito su tono como el de "un burócrata vitalicio atrapado en la peor de las situaciones: no poder evitar ocuparse de un mundo que ya no lo desea". Exactamente, y no sé por qué un lector sensato elegiría leer página tras página de "burocracia vitalicia". Se dirá que es el narrador quien habla, no Houellebecq. De acuerdo, pero algo más buscamos en un texto literario que la repetición de la banalidad cotidiana, el eco fiel de la tontería sentimental. Houellebecq ha dicho que se rehúsa "hacer literatura". Quizás sea esa la razón por la cual él y yo no nos entendemos.

 

Alberto Manguel

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Quarta-feira, 27.07.11

Gênios e sobredotados

Entrevista traduzida depois de imaginada

 

Paulo José Miranda

 

 

 

A minha entrevistada desta noite tem 32 anos e acaba de escrever um livro acerca da distinção entre pessoas sobredotadas e o génio. Ela mesma é uma pessoa sobredotada. Tem um doutoramento em física nuclear, pela universidade de Cambridge, e um doutoramento em literatura, pela universidade do Bósforo e tem ainda uma licenciatura em Filosofia, também pela universidade do Bósforo. Lê e fala 10 línguas. Tem ouvido absoluto, que implica reconhecer imediatamente o som que escuta, e estudou 9 anos de piano e toca Mozart, Chopin e Lizst na perfeição. Aos 16 anos o seu QI foi classificado de 190. Para que os nossos telespectadores possam ter uma noção mais precisa do que isto representa, acrescento que o QI de Einstein foi classificado de 180.

 

Entrevistadora: Boa noite! Espero que a minha apresentação não tenha esquecido nada. Julga-se um génio?

 

Mulher: Não, mas talvez seja aquela que está em melhor posição para reconhecer o génio. Eu sou aquilo que é designado pelas ciências da cognição como sobredotada.

 

E: O que é que a leva a fazer essa distinção? Porque, para a maioria das pessoas, uma pessoa como você é um génio.

 

M: O génio é aquele que faz o que nunca ainda tinha sido feito. O que ainda não tinha vindo ao mundo. O génio faz mundo. O sobredotado, como eu, faz muito bem feito uma quantidade enorme de coisas que já estão no mundo. Para usar uma metáfora da música, e que é verdade em mim, o sobredotado tem um ouvido absoluto para o mundo. O sobredotado faz, isto é, “imita” imediatamente o que há, quer seja a matemática, quer seja a música ou as línguas já criadas. Ele ouve e reproduz. Esta é a definição que melhor cabe para sobredotado: o reprodutor do mundo. O génio, pelo contrário, pode até ser surdo para o mundo, isto é, não conseguir aprender línguas com facilidade, ter sérias dificuldades para a matemática ou para a música, mas, depois, aquela que é a sua actividade, aquilo que faz, faz mundo. Contrariamente ao reprodutor de mundo, que é o sobredotado, o génio é o fazedor de mundo. O sobredotado “apanha” o mundo todo de ouvido, o génio não apanha nada. O génio joga, lança, faz mundo. É como se, o génio ao não saber quase nada, inventasse ele mesmo um saber, o seu saber.

 

E: Mas o génio pode também saber muito! Quando se trata de ciência, então, o génio sabe também sempre muito. Por exemplo, o caso de Einstein.

 

M: Sem dúvida! Mas ainda assim, Einstein não sabia mais matemática do que eu, e sabia menos física e matemática do que muitos cientistas ou professores do seu tempo. A questão é esta: o que faz a diferença entre Einstein e um professor do seu tempo não é o que ele sabe ou deixa de saber, mas de ir buscar o que ninguém sabe. E: Então porque é que o seu livro não faz de si um génio? M: Porque o meu livro faz apenas, ainda que possa ser brilhante, a distinção entre coisas que já há, entre o sobredotado e o génio. Não crio nem um, nem outro.

 

E: Mas julgo que cria essa distinção, que ainda não existia.

 

M: Não! A distinção já existia, não estava era muito clara. Eu apenas dei claridade à coisa. É muito diferente de criar a coisa. O facto de haver um livro, não identifica o seu autor com coisa nenhuma a priori. O que mais há no mundo são livros, e só muito poucos são de génio. E a maioria nem sequer são, asseguro-lhe, de pessoas sobredotadas.

 

E: O que é mesmo um sobredotado?

 

M: Um sobredotado é uma espécie de agente secreto dos filmes, uma espécie de James Bond, que consegue fazer tudo, mas não inventa nada, não cria nada. O James Bond é aquele que faz o que quer do mundo, mas não lhe acrescenta nada. E vamos ver uma coisa, inventar ou criar, não é uma questão modal, mas substancial. Ou seja, criar versos que não existem pode também ser não criar nada.

 

E: Porquê?

 

M: Porque se pode tratar de uma imitação, de uma reprodução de algo que é verdadeiramente bom. Também há livros que nós dizemos que são bons, mas não são de génio. São os livros a que eu chamo de sobredotados. Livros que imitam perfeitamente o génio, sem que se perceba. Mas não se trata aqui de um falsificador, como aqueles que imitam os quadros de pintores famosos, trata-se antes de alguém que escreve de um modo que já foi escrito. Píndaro inventa a escrita, Rimbaud inventa a escrita e Fernando Pessoa, poeta português do início do século passado, inventa a escrita, só para dar alguns exemplos, depois, os outros, quando são bons são sobredotados, isto é, imitam muito bem o mundo que esses, os génios, criaram. O problema, em relação à poesia, é que como as palavras e a ordem delas são diferentes de livro para livro, tem-se a ilusão de que são coisas diferentes, quando verdadeiramente não são. Aliás, o problema é comum a todas as artes. São variações do génio, alterações modais e não substanciais, isto é, não acrescentam mundo. A ciência já não tem este problema. Por exemplo, a Teoria da Relatividade não é imitada.

 

E: Mas pode ser ultrapassada, na sua tentativa de descrição do universo!

 

M: Isso pode! Na arte, o génio nunca é ultrapassado. O génio é sempre à mesma altura ou, para manter a metáfora anterior, o génio é inultrapassável, é sempre à mesma velocidade, a inultrapassável velocidade da luz.

 

Paulo José Miranda

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Terça-feira, 07.06.11

Sobre o escritor Aldyr Garcia Schlee

O escritor no pampa

 

Don Aldyr Garcia Schlee  é um dos escritores e romancistas mais importantes do Brasil na atualidade. Vive de sua literatura. Isolado, fronteiriço, mora num sítio no meio do pampa, quase na divisa com o Uruguai. Escreve metodicamente todos os dias, habita no interior de uma magnífica biblioteca e dali faz suas incursões e pesquisas pelas cidades e regiões do pampa – escuta seus habitantes, ouve as lendas, as verdades e as mentiras, observa as planuras no relógio das estações e no vôo pontual das aves migratórias. Inventou, delimitou e transita em seu próprio mundo literário. Escreve em português e no castelhano modulado da voz da fronteira. É o autor que nos traz as riquissimas histórias de suas personagens imbricadas numa linguagem ousada, contemporânea e transversal de um mundo paralelo à mimetização da linguagem das grandes metrópoles.

 

Autor de mais de 30 livros entre os quais Uma Terra Só, Linha Divisória, Contos de Verdades, Contos de Futebol, O dia em que o Papa foi a Melo, Camisa Brasileira, Os limites do Impossível – Contos Gardelianos e Don Frutos. É o tradutor premiado de Facundo – Civilização e Barbárie, de Domingo Faustino Sarmiento (Prêmio Açorianos de Tradução, 1997); e o prestigiado autor da última edição crítica de Contos Gauchesco e Lendas do Sul, de João Simões Lopes Neto – publicada em 2006, com registro de variantes e estabelecimento do texto, além de estudo paratextual, análise textual, notas, glossário e cronologia. Tradutor de Dom Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes em nova edição comentada e com elucidário de sua autoria, em publicação por edições ardotempo.

 

Foi o ganhador de duas Bienais Brasileiras Nestlé de Literatura (1992 e 1994), vencedor de quatro prêmios Açorianos (1997, 1998, 2001 e 2010) e consagrado com o Prêmio Fato Literário de 2010, no Rio Grande do Sul. Os limites do Impossível – Contos gardelianos foi considerado o Livro do Ano 2009 pelo jornal Zero Hora. Prêmio Açorianos de Literatura em 2010. Prêmio Fato Literário 2010 RBS

 

Don Frutos – O romance foi considerado o Livro do Ano 2010 pelo jornal Zero Hora.

 

É finalista do Prêmio Portugal Telecom 2011, com o romance Don Frutos.

 

O livro CAMISA BRASILEIRA será lançado no dia 1º de julho no Museu do Futebol – São Paulo.

 

Aldyr Garcia Schlee é o criador do uniforme canarinho da Seleção Brasileira de Futebol, escolhido em concurso nacional em 1953.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Aldyr Garcia Schlee - Retrato por Gilberto Perin (Jaguarão RS Brasil), 2011

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Segunda-feira, 30.05.11

Sobre bons livros e a Jornada

 

(A importância da Jornada Literária de Passo Fundo)

 

 

 

O antídoto contra a violência e o caos

 

O Brasil, infelizmente, está colocado entre os países de comportamento mais violento e corrompido no mundo civilizado. Isso pode ser facilmente constatado nas estatísticas do trânsito urbano e rodoviário, no cenário policial desproporcional dos assaltos nas cidades, na impressionante violência doméstica contra mulheres e crianças, na aspereza dos relacionamentos no cotidiano das pessoas.

 

Pode-se responsabilizar os disparates da iníqua distribuição de renda e os apelos ao consumo feérico, estimulado pelas campanhas publicitárias e ao comportamento sugerido pela mídia em geral. Existe um mundo imantado de vaidades, hedonismos, de consumo e de riqueza instantânea a atrair e fascinar milhares de pessoas.

 

Como alcançar ou compreender e aceitar o inalcançável?

 

Ler e escrever pode ajudar a integrar mais pessoas. Mas não a leitura superficial de qualquer coisa escrita, legendas, textos precários, preconceituosos, superstições e frivolidades. Praticar e estimular esportes em geral pode até ajudar a reduzir as tensões e abrir portas a reconhecimentos aqui e ali. Mas não é o suficiente porque o pão ainda é escasso e o circo mostra-se cada vez mais como estopim ardente para a violência estrepitosa, em comportamento incontrolável de barbárie por massas enfurecidas.

 

Uma saída efetiva vem sendo oferecida há anos pela Jornada Literária de Passo Fundo. Estimular o aprendizado metódico do conhecimento, pela leitura crítica e consciente da boa literatura e dos bons livros, de bons autores. Alcançando resultados concretos e mensuráveis.

 

Esta é uma saída construtiva que recupera um caminho já trilhado por grandes civilizações. A recuperação do espírito e da ética, a reconstrução dos reconhecimentos dos espaços antagônicos do bem e do mal, a avaliação dos espaços tangíveis dos direitos individuais e o respeito ao outro e à dignidade de todos, como princípios.

 

Essa tem sido a contribuição cultural efetiva das Jornadas Literárias de Passo Fundo. O antídoto contra a violência e o caos.

 

 

 

 


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Sábado, 28.05.11

O leitor que não pára de ler

Um adolescente extraordinário

 

Juan Cruz

 

Alberto Manguel tiene 62 años, pero no sólo por eso es un adolescente extraordinario. A su edad, y después de una experiencia que lo ha llevado a muchos países y a numerosos libros, e incluso a la cárcel argentina cuando era un muchacho díscolo frente al poder militar, aún se pone rojo como un tomate cuando la timidez lo vence.

 

Esa es una facultad que se convierte en virtud cuando uno tiene 62 años. Y acaso es esa perpetuación de la adolescencia la que late debajo de este libro singular al que uno se enfrenta como si fuera a leer una conversación erudita y sale de él con la frescura de haber asistido a un divertidísimo recuento de las andanzas de un hombre al que uno imaginaba acechado por los libros, ajeno a la vida, un poco como Jorge Luis Borges, o como la mitología dice que fue el gran ciego de Buenos Aires.

 

El libro es Conversaciones con un amigo y es el conjunto de charlas, muy bien conducidas, que tuvo con Manguel el editor francés Claude Rouquet a lo largo de varias semanas. La edición de entrevistas es un arte, y conviene aprender de esta que emprendió Rouquet, pues en ningún momento se olvida uno de que es una conversación, porque en todo momento se sabe uno involucrado en ella, participando en una peripecia que el arte de la entrevista convierte en una buena experiencia propia. Aunque se habla de libros, sobre todo, se habla también de la vida, y de mucha vida, pues, como con Borges, que fue su amigo, y a quien leyó en un periodo singular de la vida, con Manguel hay un malentendido si uno cree que sólo está preocupado por lo que nace de la lectura, que por otra parte es su saludable obsesión perpetua.

 

Borges era un hombre risueño y bromista, no estaba todo el día rodeado de legajos; y a Manguel le pasa algo parecido: está rodeado de libros, esa es su geografía, pero hay mucho más en Manguel; la suya es una mirada distraída y minuciosa, mira como si escribiera, y se ríe o se enfada mirando, no es un ermitaño alojado en la torre húmeda de Montaigne. Este es, pues, un libro sobre la vida y se lee como si fuera una reflexión sobre el tiempo en función de los libros. Incluye el acontecer realmente singular de su padre diplomático, peronista y vagabundo, la expresión indignada del joven Manguel y la raíz de su pasión por la escritura, que es un ejercicio muy generoso en su caso, pues escribe de otros, obsesivamente escribe de otros, aunque también aborda la novela propia de la que la vida emerge.

 

Los libros son tan importantes que le sirven, incluso, para marcar su propio tiempo. Es muy emocionante leer esta confesión de Manguel que ya tiñe el recuerdo del libro: "No creo en el más allá, creo que me convertiré en un polvo que, espero, ayudará a que crezcan algunos zapallos. Lo que me importa es saber que todo esto va a terminar. El tiempo que pasa me permite medir lo que me queda por hacer". Cuando era adolescente se consideraba capaz de todo, de leerlo todo; ahora sabe que ya no es posible. "Me da lo mismo. Como cualquier lector, tuve la suerte de haber encontrado algunos textos interesantes". En el libro aparecen esos textos, desde policiales a la Divina Comedia, pasando por Kipling y Chesterton. Esta biblioteca, dice, es un autorretrato. Y el libro es un retrato en el que Manguel aparece como un adolescente extraordinario que no parará de leer.

 

 

 

Juan Cruz - Publicado em Babelia / El País

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Sexta-feira, 27.05.11

A dansa

Sophia de Mello Breyner Andresen
 

Eduardo Pitta

 

A publicação recente da 2ª edição de Obra Poética de Sophia de Mello Breyner Andresen (1919-2004) merece alguns comentários.

 

Entre Novembro de 2003 e Outubro de 2004, a Editorial Caminho publicou, em catorze volumes, a edição definitiva desse vasto corpus poético. Tal empresa ficou a dever-se a Luis Manuel Gaspar, como sabe muita gente e Maria Andresen Sousa Tavares confirmou em carta publicada no Jornal de Letras de 17 de Setembro de 2003: «Por equívoco [...] é-me atribuída a coordenação, com Luis Manuel Gaspar, do levantamento, reunião e organização de inúmeros poemas e outros textos dispersos que foram sendo publicados durante décadas, por Sophia, em jornais, revistas, etc. [...] De facto, a Luis Gaspar deve-se todo o trabalho de busca de dispersos, inventariação de poemas abandonados de uma edição para outras, inventariação de variantes, assim como o respectivo acerto e aparato crítico. [...] O seu a seu dono.»

 

Esse minucioso trabalho inclui verbetes biobliográficos, opções de ortografia e demais aspectos de natureza editorial. À época, escrevendo sobre a edição conjunta dos catorze volumes, lamentei que não tivesse sido possível reunir em volume único toda a poesia de Sophia, a quem devemos a nitidez da dicção, paganismo visionário, ética radical, sentido trágico da existência, empenho nas causas sociais, convívio com as coisas e os seres. Finalmente, em Outubro de 2010, surge o esperado volume único de Obra Poética, organizado por Carlos Mendes de Sousa, que mantém sem alterações significativas a fixação de texto estabelecida por Luis Manuel Gaspar.

 

Neste volume são pela primeira vez divulgados 29 poemas dispersos (recolhidos por Gaspar), bem como um inédito de 1943.

 

Afirma Carlos Mendes de Sousa, na Nota de Edição (pp. 7-8), que as edições de 2003-04, «designadas definitivas, foram organizadas por Luis Manuel Gaspar.» Mas o cotejo dos catorze volumes permite verificar: Vols. 1-7, Edição de Luis Manuel Gaspar; Vols. 8-10 e 12, Edição de Maria Andresen Sousa Tavares e Luis Manuel Gaspar; Vols. 11, 13-14, idem, com a ressalva de que a fixação de texto (creditada a Gaspar nos volumes precedentes) passou a ser feita «segundo critérios acordados com» a filha da autora. Diz ainda Sousa que a presente edição «segue e actualiza os critérios de fixação de texto» (p. 7). Por ‘actualizar’ podemos considerar a opção tomada relativamente a determinadas idiossincrasias ortográficas de Sophia.

 

Exemplo óbvio será o do verbo dançar, que Sophia grafava com ‘s’: «Dansam as árvores puras sacudidas» (cf. Dia do Mar, 1947, e edição ‘definitiva’ de 2003). Em mais do que uma entrevista, Sophia reiterou esse seu modo de escrever: «A única palavra portuguesa cuja ortografia precisa de ser mudada é dança, que se deve escrever com ‘s’, como era antes, porque o ‘ç’ é uma letra sentada, uma letra pesada. Escrevo com ‘s’, mas há sempre o desastre de os tipógrafos ou as pessoas que me passam os textos à máquina acharem que é um erro e emendarem para ‘ç’...» (DN, 24-11-94.)

 

Isso mesmo é verificável na exposição Uma Vida de Poeta, recentemente organizada por Teresa Amado e Paula Morão na Biblioteca Nacional. Sousa discorda: «Não tendo a autora determinado que tal singularidade passasse a ser regra na sua obra, seria abusivo considerar que Sophia pretendeu instaurar um preceito de uso ortográfico próprio.» (p. 8) Assim desapareceu essa marca textual. Numa edição tão cara, compreende-se mal que a paginação seja pouco rigorosa no respeito da divisão estrófica dos versos. Dito de outro modo, salvo conhecedores profundos da obra de Sophia, a mudança de página não permite ver (a olho nu) onde termina uma estrofe e começa outra. Minudências? Decerto.

 

Sucede que em poesia a noção de espaço é intrínseca à leitura. Nesse particular, a edição 2003-04 tem uma fiabilidade acrescida. Nesta 2ª edição, dada à estampa já em 2011, saúde-se (entre outras) a correcção operada no poema Crepúsculo dos Deuses (p. 506; cf. Geografia, 1967), cuja estrofe final fora em Outubro de 2010 acoplada à anterior: «Ide dizer ao rei que o belo palácio jaz por terra quebrado / Phebo já não tem cabana nem loureiro profético nem fonte melodiosa / A água que fala calou-se». Fica o mais importante: uma obra ímpar.

 

Ne Varietur, in Ípsilon, 27-05-2011, p. 40. Cinco estrelas.

 

Eduardo Pitta - Publicado no blog Da Literatura

publicado por ardotempo às 20:46 | Comentar | Adicionar
Sábado, 30.04.11

99 anos de vida

Ernesto Sábato

 

O escritor argentino Ernesto Sábato morreu esta madrugada na sua casa na cidade de Santos Lugares, Argentina. Um dos últimos grandes autores da língua castelhana, que conquistou o prémio Cervantes em 1984, morreu aos 99 anos depois de dias com problemas de saúde.

 

A morte foi anunciada pela sua companheira Elvira González Fraga. “Há quinze dias que teve uma bronquite”, disse citada pelo diário espanhol “El País”. O escritor nasceu em 1911, em Rojas, Buenos Aires. A 24 de Junho ia completar o centenário. O escritor estava há muito tempo recluso em casa devido à visão cada vez mais comprometida, mas iria amanhã ser homenageado na Feira do Livro, pelo Instituto Cultural da província de Buenos Aires.

 

Sábato não iniciou a sua vida profissional na literatura. Tirou o doutoramento em física, e trabalhou posteriormente no Laboratório Curie, em Paris. É aqui, durante as décadas de 1930 e 1940, a sua vida muda. Abandona o comunismo depois de ter conhecimento, em 1935, das perseguições estalinistas aos dissidentes do regime soviético. Mais tarde, conhece os surrealistas da capital francesa e, influenciado por eles, larga o trabalho da ciência para em 1945, já na Argentina e no final da segunda guerra mundial, passar a dedicar-se exclusivamente à literatura.

 

O existencialismo está patente no seu trabalho, através da exploração da crise do homem no nosso tempo. Há também nas suas obras uma reflexão sobre a própria literatura. Publica em 1948 o romance “O Túnel”, traduzido para português, que terá continuidade na trilogia, “Sobre héroes y tumbas”, de 1961, que lhe deu o reconhecimento internacional e em 1974, o terceiro volume, “Abaddón el exterminador”, que o consagrou. Em 1984 ganha o prémio Cervantes. Recebe ainda os prémios Gabriela Mistral em 1983, e Menéndez Pelayo, em 1997. Em 2007, a Sociedade de Autores e Editores de Espanha propõe-no como candidato ao Prémio Nobel da Literatura, que não acontece.

 

Em 1985, presidiu à Comissão Nacional que publicou o relatório “Nunca Más” sobre a repressão dos governos militares na Argentina de 1976 a 1983. O último romance de Sábato, editado em 2004, chama-se “España en los diários de mi vejez”. Foi escrito depois das viagens que fez a Espanha em 2002, enquanto a Argentina estava presa a mais forte crise económica da sua História.

 

Publicado em Ciberescritas

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Domingo, 24.04.11

O livro das imagens de futebol que ninguém vê

Camisa Brasileira

 

 

 

 

 

Trata-se de um livro de arte, de fotografias de autoria de Gilberto Perin, com o texto de Aldyr Garcia Schlee (e de João Gilberto Noll) – um majestoso ensaio fotográfico sobre um universo pouco conhecido acerca das atividades e do comportamento dos milhares de trabalhadores do futebol, os que jogam e os que os apóiam. Não é o do espaço dos astros televisivos do super-espetáculo regido pelo rico mercado dos clubes-empresas, dos formidáveis anunciantes, dos empresários e dos artistas a quem a fortuna sorriu. É outra gente, mais numerosa, mais frágil, para quem os dramas humanos estão evidenciados e que são capazes de nos emocionar e comover com a sua humildade e de sua humanidade. É outro espaço, é outro o tempo, são grandes as carências, as limitações materiais – mas talvez seja mais genuína a paixão que o esporte, distanciado dos holofotes do negócio-futebol, desperte em torcedores desses times e clubes espalhados pelo Brasil inteiro.

 

 

 

 

 

Projeto Camisa Brasileira - 2011

 

GILBERTO PERIN

ALDYR GARCIA SCHLEE

JOÃO GILBERTO NOLL

 

Livro de Arte de Fotografias,

Textos de Autoria e Exposição de Fotografias

110 imagens, em cores e p&b a quatro cores

Formato: 22 cm x 28 cm

Capa dura com sobrecapa debruada - Miolo em Couchê Fosco 170g

Edição bilíngue - Português / Inglês

Apoio Cultural: Construtora Ricardo Ramos

 

ISBN nº 978-85-62984-08-2

 

 

 

Copyright © 2011 Gilberto Perin - Fotografias © 2011 Aldyr Garcia Schlee

 

edições ardotempo ardotempo@gmail.com

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Domingo, 17.04.11

“É como sacrificar injustificadamente o seu cão ou o seu gato”

 

Um escritor contra os hambúrgueres

 

Jonathan Safran Foer - Entrevista a Eduardo Lago (El País)

 

 

La publicación de Todo está iluminado (2002) y Tan cerca, tan fuerte (2005), señalaron la aparición en el panorama literario estadounidense de alguien que no estaba demasiado satisfecho con el estado de la cuestión en el ámbito de la narrativa. Los dos libros alcanzaron un éxito extraordinario entre el gran público (en el primer caso, gracias también a la adaptación cinematográfica del mismo título), pero la crítica, sus colegas de oficio y numerosos lectores se mostraron fuertemente divididos.

 

Para muchos, hay algo de falsedad y oportunismo en el tratamiento de los temas que aborda (las secuelas del Holocausto en Todo está iluminado, la herida abierta por el ataque contra las Torres Gemelas en Tan cerca, tan fuerte). La conversación con él despeja cualquier duda: Jonathan Safran Foer (Washington, 1977) es un hombre que cree firmemente en lo que hace. Transpira simpatía, inteligencia y autenticidad.

 

Con su tercer libro, Comer animales (2009), que acaba de publicar en España Seix Barral, volvió a descolocar a propios y ajenos, al hacer una descripción escalofriante de la suerte que corren los animales que acaban servidos en las mesas de nuestras casas y restaurantes. La entrevista tiene lugar en una pastelería de Park Slope, en Brooklyn, una mañana de sol espléndido. Allí, lejos de cualquier rastro cárnico, Safran Foer explica que desde niño le atormenta que los seres humanos comamos animales. "Y nunca he sabido resolverlo, prefería mirar hacia otro lado, pero cuando mi mujer se quedó embarazada me di cuenta de que tenía que afrontar el problema por mi hijo, lo cual me llevó a investigar el fondo ético del tema. Me pasé dos años leyendo y viajando por todo Estados Unidos, visitando furtivamente granjas de animales y mataderos. Cuando comemos carne nadie se plantea qué hay detrás de un acto así, qué ocurre antes de que lo que comemos llegue al plato".

 

-¿Cree que las industrias de carne someten a los animales a un sufrimiento innecesario?

 

-Si de lo que se trata es de vender hamburguesas a un dólar, tienen que actuar necesariamente como lo hacen. Tolstói decía que si no hubiera mataderos habría campos de batalla, pero yo no estoy de acuerdo. En cuanto a la cuestión del sufrimiento animal, es difícil saber a qué atenerse. Mucha gente piensa que preocuparse de algo así es una actitud sentimental. Si te importa el sufrimiento de los animales eres un tipo blando. Obviamente hay una inteligencia y una sensibilidad animales, aunque no sepamos cómo representárnosla. Para mí la cuestión no es tanto que se deje de comer carne radicalmente, sino que haya una conciencia pública de cómo opera la industria de carne y saber qué consecuencias tiene en innumerables ámbitos, desde la salud al medio ambiente. Hay que cambiar de manera dramática nuestros hábitos de consumo. Lo que hacemos es atroz.

 

 


 

 

Después de Comer animales, Safran Foer publicó en EE UU un libro verdaderamente inclasificable, A Tree of Codes, un libro-objeto que juega con vacíos físicos, con palabras y frases recortadas de las páginas. Se tiraron poquísimos ejemplares y está agotado. Su historia es muy curiosa: "Un día recibí un correo electrónico de una chica que acababa de lanzar una editorial diciéndome que no podía pagarme, pero que publicaría cualquier libro que se me ocurriera. Siempre había tenido en la cabeza la idea de coger un libro e ir eliminando frases para sacar a la luz un segundo libro oculto en el texto. El texto base es La calle de los cocodrilos, de Bruno Schulz, un libro genial. Arranqué frases y palabras una a una, como quien talla una madera. Es un objeto artístico, mitad libro, mitad escultura. En Internet cuesta una fortuna".

 

Casado con Nicole Krauss, una escritora de gran éxito, Safran Foer tiene su receta para convivir con alguien que hace lo mismo. "Nos vamos de casa temprano cada uno por su lado, nos pasamos todo el día escribiendo y cuando volvemos al final del día hablamos de todo menos de nuestros libros".

 

-¿Cree que la ficción está dando síntomas de asfixia?

 

-Actualmente se está rodando una película basada en Tan cerca, tan fuerte, mi segunda novela. El otro día me llamó el director para preguntarme si podía cambiar el guión, haciendo que un personaje entrara en Google, y entonces caí en la cuenta de que cuando escribí el libro, hace ocho años, Google no existía. Hoy es impensable vivir sin Google. La novela se ha quedado a años luz de esos cambios. Y no es cuestión solo de la revolución tecnológica. De todas las formas de expresión artística, la que menos ha evolucionado en los últimos siglos es la literatura. Piense en lo que ha evolucionado la música desde Beethoven hasta Eminem, por decir alguien, o en la pintura, desde Botticelli hasta Andy Warhol, y todo lo que sucede en el mundo del arte, que es inatrapable. Por el contrario, desde Don Quijote hasta Las correcciones, de Jonathan Franzen, las cosas han cambiado poco, pese a figuras como Joyce. La literatura está anclada en el pasado.


 

Jonathan Safran Foer - Entrevista a Eduardo Lago (Publicado em El País)

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Terça-feira, 05.04.11

O horror, todos os dias

 

 

 

É preciso matar em nós esta visão sincrética da existência humana.

É preciso matar Bach.

É preciso compor segundo o horror.

A música tem de aproximar-se da pintura e da poesia.

Tem que ser mais bárbara.

 

(Natureza morta - Paulo José Miranda, Edições Cotovia - Lisboa Portugal, 1998)

publicado por ardotempo às 14:45 | Comentar | Ler Comentários (1) | Adicionar
Sábado, 02.04.11

O que se escreve, onde se lê

Escrever no século XXI

 

José Mário Silva

 

 

 

 

 

Olhemos à nossa volta. Os aparelhos que permitem ler e-books multiplicam-se, sofisticam-se, democratizam-se. Cada vez mais pessoas têm uma biblioteca ambulante no Kindle, no iPad, no iPhone. A tecnologia progride todos os dias. As novidades sucedem-se. Há umas semanas, por exemplo, foi lançado o Google eBooks, que promete revolucionar os nossos hábitos de leitura.

 

Em vez de ficarem alojados num determinado hardware, os ficheiros com livros passarão a existir virtualmente numa «nuvem» online, à qual acederemos em qualquer lado e em qualquer suporte físico, através de uma simples ligação à internet. Ou seja, um romance pode ser começado no computador lá de casa, ao pequeno-almoço; prosseguindo depois a leitura num tablet, durante a viagem de comboio até ao emprego; ou na fila do Multibanco, quando se aproveita os minutos de espera para despachar mais um capítulo no smartphone.

 

Neste sistema, a desmaterialização do livro é levada ao limite: o livro passa a existir só na tal «nuvem» abstracta, algures na rede de informação, como se fosse uma entidade supraterrena, um arquétipo que desce a pedido aos nossos vários ecrãs (depois de pago com o cartão de crédito, claro). Por enquanto, esta potencial mudança dos hábitos de leitura ainda não é acompanhada por quem produz os livros, pelo menos no nosso país. Para as editoras tradicionais, o mundo digital continua a representar uma ameaça, mais do que um desafio ou uma oportunidade. Mesmo os grandes grupos, que teriam meios para investir a sério nas novas tecnologias, avançam a medo, timidamente, receando apostar em modelos de negócio que ainda não passaram o teste do tempo. É sintomático que os debates sobre o futuro do livro se resumam quase sempre ao fantasma de um medo apocalíptico: será que o livro físico, em papel, com textura e cheiro a pó, vai desaparecer de vez? Provavelmente não. Provavelmente continuará a existir, porque há uma experiência de leitura associada aos livros-livros que é inimitável e para muita gente, sobretudo as gerações que aprenderam a ler com eles, insubstituível.

 

Contudo, mesmo quem prefere o papel tenderá a ler cada vez mais em suportes digitais. Já para não falar das crianças que nascem agora, na era do multitasking, e que previsivelmente pensarão dos livros-livros o mesmo que nós pensamos das calculadoras: «Mas afinal só fazem isto?» Pela minha parte, o que me preocupa não é o meio (se vamos ler na parede da sala, no tecto da cozinha ou no tablier do carro); é o conteúdo.

 

Que literatura o século XXI tem para nos oferecer e de que forma será capaz de se sintonizar com os tempos que vivemos. Os primeiros sinais, devo dizer, são preocupantes. Ao fim de uma década, contam-se pelos dedos os romances que são especificamente deste século, com narrativas que reflictam e incorporem o zeitgeist, dos novos paradigmas sociais à interconectividade global. A maior parte das ficções que se escrevem e publicam hoje podiam ter sido criadas em qualquer das décadas do século anterior – e muitas são meras variações, serôdias e gastas, dos romances oitocentistas. Enquanto outras artes souberam integrar a pulsação da criatividade contemporânea (veja-se os graffiti expostos em museus ou o uso dos samples na música, tanto popular como erudita), a literatura parece ter dificuldade em reinventar-se, em descobrir modos narrativos que estejam à altura da complexidade do mundo actual. É deprimente entrar numa livraria e perceber que 90% dos romances disponíveis obedecem a uma lógica linear, com os mesmos esquemas, mil vezes repetidos.

 

Em 2011, exige-se que certos géneros literários (sobretudo o romance) façam o necessário upgrade. David Shields, no seu brilhante ensaio-manifesto que mistura ideias próprias e alheias em 618 fragmentos (Reality Hunger, Hamish Hamilton), mostra como é vasto o campo das possibilidades ainda por explorar. Na verdade, espero que o romance do século XXI não seja escrito só no século XXII. Porque gostava mesmo de o ler – seja em papel, a partir da «nuvem» ou noutro sistema qualquer que ainda esteja por inventar.

 

 

José Mário Silva - Publicado no blog Bibliotecário de Babel

publicado por ardotempo às 12:29 | Comentar | Adicionar
Quinta-feira, 31.03.11

Admiráveis vozes singulares

La literatura española en el mundo

 

Alberto Manguel

 

 

 

 

 

 

Con la excepción de algunos poetas de la primera mitad del siglo veinte, la buena literatura española dejó de escribirse a finales del Siglo de Oro", nos informó un profesor de literatura cuando teníamos trece o catorce años. Salvo ciertos lectores empedernidos, esta opinión prevaleció en Argentina durante toda mi adolescencia.

 

Borges había decretado que ninguna novela española, después del Quijote, valía el esfuerzo de ser leída (cuando alguien le dijo que Galdós era, en su opinión, mejor novelista que Eça de Queiroz, Borges le contestó "mi sincero pésame"). A pesar de tal desolado juicio, los lectores de mi generación descubrimos que la literatura española sí existía.

 

Aprendimos de memoria a Lorca, Cernuda, Aleixandre, Blas de Otero y Miguel Hernández; leímos (sin respetarlos lo suficiente) a Ortega y Gasset y Américo Castro; devoramos a los novelistas (que nos parecían extraordinariamente osados), de Goytisolo a Juan Benet, de Carmen Laforet a Mercé Rodoreda. Es cierto, sin embargo, que la literatura española influyó poco en los escritores de mi época, volcados sobre todo a la poesía y filosofía francesa, y a la novela americana e italiana.

 

Y luego vino el llamado Boom de la literatura latinoamericana, con el cual toda la literatura de la Península, a los ojos del lector de lengua castellana, dejó de existir. En parte como consecuencia de la mentada globalización, en parte por el nuevo aire que empezó a respirarse después de la muerte de Franco, en el nuevo milenio buen número de autores españoles empezaron a cobrar popularidad del otro lado del Atlántico. Hoy Javier Marías, Javier Cercas, Manuel Rivas, Antonio Muñoz Molina, Bernardo Atxaga son habituales best sellers; cuando le dije a mi hermana que conocía a Rosa Montero, se apareció con una pila de veinte novelas para hacerle firmar, diciéndome que para todas sus amigas, era una "diva absoluta".

 

En el mundo anglosajón, la situación es distinta. Si bien ciertos autores (Cercas, por ejemplo) son bien reseñados y bastante bien vendidos, y unos pocos otros pertenecen a esa nacionalidad sin fronteras que otorga el estatus de best seller (como el ubicuo Carlos Ruiz Zafón), la mayor parte de los editores anglosajones no parecen interesarse por la literatura de España. Es cierto que, desde siempre, el lector inglés no ha sentido mayor afinidad con los escritores de la península Ibérica. Ya Robinson Crusoe, rescatando algunos libros del naufragio, deja atrás los volúmenes "escritos por plumas papistas".

 

Sólo Don Quijote entra en el canon universal del lector inglés: ni Calderón ni Quevedo ni Góngora son admitidos. De la poesía española de este último siglo, no se conoce nada, salvo a Lorca. La revista inglesa Granta incluyó a algunos españoles en su lista de "los mejores narradores jóvenes en español", pero ninguno se ha convertido en estrella del firmamento literario británico. Algún crítico curioso en The Times Literary Supplement ha citado alguna vez a Ortega, pero de los otros pensadores españoles no se sabe nada. Cuando mencioné a Fernando Savater y a María Zambrano en una nota para The Washington Post, el editor (premio Pulitzer de crítica literaria) me preguntó quiénes eran.

 

En Alemania (donde sí conocen a Calderón, que es parte del repertorio nacional) hay un esfuerzo por publicar y hacer conocer a los autores españoles. En los países escandinavos, sólo un puñado de autores de novelas más o menos policiales son leídos (Vázquez Montalbán, Pérez-Reverte). En Italia, si bien parece haber un mayor interés que en el Norte por la literatura española, ésta (me confiesa una editora de Roma) no se vende. Pequeñas editoriales italianas sacan traducciones de poetas y ensayistas, y las grandes publican a los novelistas de mayor fama, pero esto no quiere decir que ni unos ni otros sean leídos: en Italia parece haber más editores que lectores.

 

Por razones históricas, económicas, a veces literarias y otras menos definibles, una cierta literatura alcanza a veces a interesar, en su conjunto, a lectores de otras lenguas. En algunos casos, adquiere en el extranjero una identidad uniforme: desde España, hablamos de literatura japonesa, por ejemplo, o mexicana, y sabemos a qué nos referimos. El caso de la literatura española no es tan simple. Javier Cercas o Almudena Grandes son leídos en Corea y en Finlandia, pero no de la misma manera. Quizás la literatura española se ha convertido, en estas últimas décadas, en algo tan complejo y diverso, que ha perdido su carácter nacional y se ha convertido en una multiplicidad universal de admirables voces singulares.

 

Alberto Manguel - Publicado em El País

publicado por ardotempo às 15:23 | Comentar | Adicionar
Domingo, 27.02.11

Morre o escritor Moacyr Scliar

Literatura brasileira perde Moacyr Scliar
 
Com Moacyr Scliar, morto à 1h deste domingo por falência múltipla de órgãos devido às consequências de um acidente vascular cerebral (AVC), acontecia o contrário. Poucos escritores terão gostado tanto de escrever — e terão demonstrado tanta facilidade em fazer isso.
 
Aos 73 anos, Moacyr Jaime Scliar havia construído uma obra sólida, com mais de um livro publicado para cada ano de vida, em uma ampla gama de gêneros: contos, romances, literatura infanto-juvenil, ensaios. Além disso, era colunista frequente de uma dezena de publicações, de jornais diários como Zero Hora e Folha de S. Paulo a revistas técnicas. Escrevia em qualquer lugar a qualquer hora, auxiliado pela tecnologia – jamais viajava sem seu laptop. Tal dedicação à palavra e ao ofício que exercia com evidente prazer transformaram Scliar em um dos autores mais respeitados do Brasil.
 
 
 
Scliar morreu no Hospital de Clínicas de Porto Alegre, onde estava internado desde 11 de janeiro. O escritor havia sido admitido no hospital para a retirada de pólipos (formações benignas) no intestino. A cirurgia, simples, havia transcorrido sem complicações. Scliar já se recuperava quando sofreu um AVC – obstrução de uma artéria que irriga o cérebro – de extrema gravidade.
 
Scliar nasceu em 1937, no bairro judaico do Bom Fim, em Porto Alegre, filho de José e Sara Scliar – a mãe, professora primária, seria a grande responsável pela paixão do escritor pelas letras: foi ela quem o alfabetizou. Formado médico sanitarista pela UFRGS, ingressou na profissão em 1962. Casado com Judith, professora, e pai do fotógrafo Roberto, Scliar havia também passado pela experiência de professor visitante em universidades estrangeiras e tinha obras traduzidas em uma dezena de idiomas, entre elas o russo e o hebraico. 
 
O trabalho como médico de saúde pública seria crucial na vida e na obra de Scliar – seu primeiro livro, publicado em 1962, foi uma coletânea de contos inspirados pela prática médica, Histórias de Médico em Formação, volume que mais tarde Scliar excluiria de sua bibliografia oficial por considerá-lo a obra prematura de um autor que ainda não estava pronto.
 
Nos seus livros seguintes, Scliar jamais se permitiria outra publicação prematura. Do mesmo modo como escrevia com velocidade e prazer, Scliar também revisava obsessivamente o próprio texto, a ponto de às vezes reescrever uma obra do zero por ter encontrado um ponto de vista narrativo mais adequado.
 
Se o escritor não tiver prazer escrevendo, o leitor também não terá.” — comentou em uma entrevista concedida quando completou 70 anos, em 2007.
 
Publicado no jornal Zero Hora
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Segunda-feira, 31.01.11

Quando se sabe como continua

 

Entrevistas y charlatanes

 

Enrique Vila-Matas

 

En la Universidad de Illinois han publicado un interesante estudio colectivo acerca del "espectro, sombra e influencia" de las famosas entrevistas literarias de The Paris Review en la vida cultural de nuestro tiempo. Me ha llamado la atención la larga y divertida digresión - hecha a cuatro manos, firmada por Irving & Wilson- acerca del posible origen de una de las preguntas más habituales en los últimos tiempos en las entrevistas a los escritores:


- ¿Cuál es su horario?


Parece una pregunta normal, dicen Irving y Wilson, pero no ha salido de la nada. De hecho, antes a nadie le interesaban las horas de oficina de un escritor, puesto que a fin de cuentas daba igual que Shakespeare trabajara 10 horas al día o hiciera novillos los días impares. A mí, personalmente, la cuestión, aunque ya sé que aparece cuando el entrevistador no sabe qué preguntar, siempre me molesta porque es como si quisieran entrar en mi casa, visualizar si desayuno deprisa o despacio, si canto en la ducha, o no, o si me ducho a medias.


- ¿Que cuál es mi horario?


Para los ensayistas de Illinois, todo procede de la famosa primera pregunta que le planteó George Plimpton a Ernest Hemingway en la no menos famosa entrevista para The Paris Review de 1954:


- ¿A qué horas trabaja usted? ¿Mantiene un horario rígido?


Está bien visto. Todo el mundo pregunta ahora por el horario a los escritores y creen que es una pregunta normal cuando de hecho nunca lo ha sido, no lo fue ni siquiera cuando George Plimpton se la inventó en 1954.

 

 

Todo el mundo se interesa por el horario, menos la gran reportera Alma Guillermoprieto, que nos hizo en 2006 a siete escritores en un teatro de Cartagena de Indias una pregunta original, sorprendente, ninguno de los siete creo que la ha olvidado:


- ¿Y ustedes cómo se visten para escribir?


He descubierto que en la respuesta de Hemingway a la cuestión del horario hay unas líneas que luego se han repetido muchísimas veces, quizá porque eran las primeras de la entrevista y tal vez fueron lo más visto y leído de ella: eso explicaría que hayan perdurado tanto esas palabras un poco absurdas en las que Hemingway explica: "uno va escribiendo por la mañana hasta llegar a un punto en el que sabe lo que va a ocurrir a continuación, y allí uno se interrumpe y trata de vivir hasta el día siguiente para volver a seguir con eso".


Nunca me ha parecido que "interrumpirse en el momento en que sabes lo que va a pasar" sea un consejo digno de ser seguido, pero la verdad es que lo he seguido muchas veces. Es un consejo que se hizo famoso, seguramente solo por ser la primera respuesta de una entrevista famosa en una revista no menos célebre. Ha sido un consejo muy copiado, a través de los años, por los numerosos escritores de todo el mundo, todos tan entrevistados.


- Bueno, verá, suelo interrumpir el trabajo del día cuando sé cómo continuará mi historia.


Esto lo dijo Graham Greene en una entrevista y parece copiado del Hemingway de The Paris Review. Pero hay también variantes inteligentes, la de Lobo Antunes, por ejemplo:


- Entre mis trucos literarios: nunca dejar para el día siguiente una frase terminada. Hay que dejarla a medias porque es más fácil continuarla.


Una de las más brillantes, pero también más famosas e imitadas entrevistas de The Paris Review es, sin duda, la de William Faulkner. Entre otras, hizo fortuna su famosa respuesta a la correspondiente pregunta sobre el horario y el lugar de trabajo: "El arte tampoco tiene nada que ver con el entorno; no le preocupa el lugar. El mejor empleo que me ofrecieron jamás fue el de patrón de un burdel. En mi opinión, es el ambiente perfecto para que un artista trabaje (...) El lugar está tranquilo por la mañana, que son las mejores horas del día para trabajar. Por la noche hay suficiente vida social".


Ningún escritor sensato cree en las entrevistas. Nunca en ellas se dice la verdad, o bien se dice una sola vez esa verdad en la primera entrevista, y luego no se repite, porque cansa mucho tener que contestar siempre lo mismo a la misma pregunta, así que el escritor, para no aburrirse, suele dar diferentes respuestas a preguntas sobre su horario, sobre su método de trabajo, sobre su vocación de novelista, sobre su vida al atardecer, etcétera.


Ítalo Calvino abordó muy bien este fenómeno del tedio que lleva a contestar de 10 maneras diferentes -a cual más imaginativa- a la misma pregunta: "Prefiero no comentarme a mí mismo. Además, no es seguro que el autor sepa más de sí mismo que el lector. Lo que cuenta es la obra... El interesado es siempre la fuente menos confiable. Los que hablan de sí mismos mienten siempre. Yo, además, no repito nunca igual la misma historia dos veces seguidas, porque sería muy aburrido. Así que en mí es mejor no confiar".


Precisamente de esa imposibilidad de confiar en lo que dicen los escritores en las entrevistas habló John Updike a propósito de una que acababan de realizarle en The Paris Review. Para él, las relaciones entre entrevistador y entrevistado ya estaban siempre tergiversadas desde el primer momento: "En cualquier entrevista uno termina por decir más de lo que deseaba decir, o menos. Abandona uno el terreno que le es más propio, el de la escritura, y se transforma en un charlatán cualquiera".


Esa sensación de charlatanería es la que tiene todo escritor serio cuando publica un libro y dedica los meses siguientes a explicarlo en las entrevistas. Decía, el otro día, Jean Echenoz que un libro no se escribe para después hablar de él, sino más bien todo lo contrario, "para no tener que hablar, sobre todo para no tener que hablar".


Y ahora, ustedes me perdonarán, pero dejé ayer una frase de mi novela a medio escribir (porque ya sabía cómo continuaba) y debo ahora volver a ella. Ya sé que esto no es una entrevista, pero aun así voy a cerrar el pico, fin de mi charlatanería.


Enrique Vila-Matas

Imagem: Pintura de Siron Franco - Série O que vi pela TV

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A benção, Luiz Ruffato

 

 

 

A Igreja do Livro Transformador


Depoimento de Luiz Ruffato a Eliane Brum



A bibliotecária que estava lá


“Na minha casa não tinha livros. Meu pai, Sebastião, um pipoqueiro semianalfabeto, e minha mãe, Geni, uma lavadeira de roupas analfabeta, sabiam da importância da educação para o futuro dos três filhos, mas lutavam com muitas dificuldades pela sobrevivência cotidiana.


Antes dos 12 anos, eu lia algumas coisas que por acaso caíam em minhas mãos, revistas em quadrinhos, bulas de remédio, jornais que embrulhavam verduras, até mesmo algum livro (lembro-me, por exemplo, de um título, Os últimos dias de Pompeia, de Lord Bulwer-Lytton, avidamente consumido numa tarde de calor, às escondidas, no quarto de uma vizinha costureira, sombrio e abafado...).


Mas, um dia, meu pai e eu estávamos trabalhando numa das praças de Cataguases, minha cidade natal, num domingo após a missa das sete horas, quando um senhor se aproximou e, após comprar um pacotinho de pipoca, perguntou se eu estava estudando e onde. Meu pai respondeu que sim e declinou o nome de uma péssima escola, em fama e ensino. Ele perguntou por que eu não estava no Colégio Cataguases, uma ótima escola pública, onde estudava a elite econômica. Meu pai explicou que todos os anos tentava uma vaga, mas nunca conseguia. O homem, talvez condoído, naquele momento, pela postura humildemente decepcionada do meu pai, falou que era diretor lá e que no ano seguinte ele garantiria minha matrícula.


E assim foi. Em fevereiro, aos 12 anos, eu, de uniforme novo, estreava a minha timidez nos corredores do Colégio Cataguases. Mas tudo era tão diferente! Até então, eu estudava à noite no Ginásio Comercial Antônio Amaro, uma escola mantida pela comunidade, que nem sede tinha, todo ano alugava o imóvel de uma escola pública para o curso noturno, e trabalhava de dia. Além de ajudante do meu pai, entregava as trouxas de roupa que minha mãe lavava e passava, e já havia sido caixeiro em um botequim.


No Colégio Cataguases as aulas eram de manhã e os colegas estranhos. Fui designado para uma classe de repetentes (a maioria por indisciplina) e não consegui me adaptar ao novo ambiente. Comecei então a, nos intervalos, me afastar para os cantos. Até que um dia descobri, maravilhado, que existia um lugar tranquilo, silencioso, pouco frequentado... E passei a fazer daquele espaço, a biblioteca, o meu refúgio.


Só que, após me ver várias vezes por ali, sentado sem fazer nada, a bibliotecária provavelmente pensou que eu quisesse o empréstimo de um livro, mas que, por algum motivo, vergonha talvez, eu não tivesse coragem de me dirigir a ela. Então, tomando a iniciativa, ela me chamou um dia, preencheu uma ficha, colocou um livro em minha mão e disse: Leva esse, leia e me devolva daqui a tantos dias... Eu, muito tímido, não contestei. Enrubescido, peguei a brochura, enfiei na pasta e carreguei para casa.


Quando cheguei, a primeira coisa que meu pai perguntou, como ele fazia sempre que aparecíamos com algo diferente em casa, foi: O que é isso, menino? Eu respondi, sem graça: Um livro. E ele: Onde você pegou isso, menino? Eu: Peguei não, pai, foi a moça lá que me deu... Ele: Deu? Eu: É, ela falou pra eu ler e devolver pra ela. Ele: Se ela falou pra você ler, vai ler então!


Dias depois, levei-o de volta, e a bibliotecária perguntou, desconfiada: Leu o livro? Respondi: Sim, senhora. E ela, exultante, falou: Que bom! Então, tome este. Eu, obediente, levei-o para casa, li, devolvi, e ela, achando que havia conquistado um novo leitor, passou o ano inteiro me emprestando livros. Lembro, por exemplo, que li todos os volumes do Tesouro da Juventude...


Ao fim daquele ano, inadaptado ainda, saí do Colégio Cataguases e voltei para o Antônio Amaro, onde, estudando à noite, retomei o trabalho durante o dia (balconista de armarinho, operário têxtil). Mas, de alguma maneira, havia sido contaminado pelo vírus da leitura.


O livro que foi um abalo sísmico


“Aquele primeiro livro, que não sei por que estava naquela biblioteca e muito menos porque a bibliotecária achou que eu iria gostar, me mudou completamente. O livro se intitulava Bábi Iar, do escritor ucraniano, à época soviético, Anatoly Kuznetsov, e era um documentário ficcionalizado de um massacre de judeus pelo exército alemão em Kiev.


Foi quando, pela primeira vez, tomei consciência de várias coisas ao mesmo tempo: de que o mundo era mais amplo que eu imaginava (até então eu conhecia, fora de Cataguases, apenas Ubá e Rodeiro, onde moravam meus parentes, e Santos Dumont, onde meu pai permaneceu durante um ano internado num sanatório para tuberculosos); e que neste mundo amplo havia outras línguas, outros povos, outras religiões, outros climas, outras geografias; e que neste mundo amplo havia também a perversidade, a violência, a estupidez extremadas - ao fim e ao cabo, descobri que o mundo era barbárie e era civilização...


E em pleno outono cataguasense (modo de dizer, porque lá é sempre verão...) eu senti o frio glacial da Ucrânia, e senti medo e compaixão, e percebi que mais dia menos dia teria de deixar o conforto, ainda que precário, mas conforto, da casa dos meus pais, da minha cidade, para, atravessando os morros que circundam Cataguases, ver o que haveria alhures...”


Comendo sonho e vivendo feijão


“Passei a dizer para todo mundo, sem saber exatamente o que significava isso, que queria ser escritor, para desespero da minha mãe... Por essa época, havia uma novela na televisão, O Feijão e o Sonho, baseada num romance de Orígenes Lessa, que mostrava exatamente a luta de um professor cheio de sonhos e veleidades literárias, envolvido em terríveis dificuldades financeiras e enovelado na mediocridade de uma pequena cidade do interior...


Minha mãe, muito prática, me fez ver que se quisesse alimentar a idéia de um futuro melhor teria de arrumar uma profissão séria - e que não seria evidentemente a de escritor... Assim, entrei para o Senai, onde me formei em tornearia-mecânica, ao mesmo tempo em que fazia um curso noturno de contabilidade. Se no Senai pensava no feijão, à noite um professor, Alcino Antonucci, me desviava para o sonho, orientando as minhas leituras e incentivando meus primeiros passos na escrita.


Finalmente, um pouco antes de completar 17 anos, percebi que teria de cortar os laços com minha cidade, em definitivo. Por essa época, as grandes greves do ABC haviam interrompido o fluxo natural de mão de obra especializada de Cataguases, e os meus colegas de Senai estavam indo trabalhar na Fiat, na região de Belo Horizonte, ou nas grandes siderúrgicas do Vale do Aço mineiro.


Acabei no meio do caminho: parei em Juiz de Fora, onde trabalhava durante o dia como torneiro-mecânico e fazia cursinho à noite visando o vestibular da Universidade Federal. Entrei no curso de Comunicação Social num momento interessante, pois, vivenciando os estertores da ditadura, podíamos conciliar a luta política com as descobertas pessoais. No meu caso, uma formação literária alicerçada pela generosa orientação do poeta e professor Gilvan P. Ribeiro (antes, no cursinho, duas professoras também me incentivaram, Imaculada Reis e Hilda Curcio).


Neste período, além das minhas atividades políticas, participava de grupos de estudos e de um grupo de poetas que editava um folheto quinzenal, Abre-Alas, com apresentações aos sábados de poesia falada e militante na principal rua de Juiz de Fora, o Calçadão da Halfeld. E lia, lia muito. Lia livros emprestados de amigos, livros de bibliotecas públicas, livros comprados em sebos, lia tudo que me caía nas mãos, mas principalmente a literatura contemporânea, pois estávamos em pleno boom da literatura brasileira e latino-americana.”


Ler para ser arrancado do lugar


“Eu comecei a me interessar por livros, ou melhor, pela leitura, muito cedo. Lembro-me que meu irmão gostava de ler o Jornal do Brasil aos domingos. Era um calhamaço que eu, de bicicleta, ia comprar numa banca do centro da cidade. Eu separava o caderno de Internacional e, deitado na varanda de casa, no calor sáunico de Cataguases, passava a manhã me informando dos rumos da Humanidade...


Junto com o Jornal do Brasil, eu trazia o jornal O Cataguases, que praticamente não tinha notícias, apenas divulgava os atos do Executivo, do Legislativo e do Judiciário... No entanto, um grupo de escritores da cidade encartava nele um suplemento cultural, o Totem, de literatura... de vanguarda!!! Sim, de vanguarda... Capitaneados por Joaquim Branco e Ronaldo Werneck, difundiam poetas brasileiros e estrangeiros que experimentavam o poema-processo, a arte-postal, o concretismo, o neoconcretismo, o poema-visual... E, mesmo não entendendo absolutamente nada, eu gostava daquilo...


Ou seja: um dos meus primeiros contatos com a literatura foi com a literatura experimental... Acho que isso me causou danos irreversíveis, porque até hoje os meus autores preferidos são os que fazem experiências com as linguagens... Então, desde essa época, venho lendo de maneira quase obsessiva.


Claro, no começo, como disse, de maneira absolutamente caótica - até hoje, às vezes pego um livro e reconheço que já o havia lido um dia, sem saber... Depois, de maneira mais organizada. Mas tento ler todos os dias. Nem sempre só coisas que me agradam, claro, pois, como escritor profissional, muitas vezes sou obrigado a fazer leituras profissionais, mas busco sempre ter algum prazer na leitura - prazer estético, entenda-se, como me extasiar com a forma como um escritor conduziu sua história, ou como um poeta constituiu imagens singulares... Gosto de ler algo que desafie a minha inteligência, que me faça sair do meu lugar de conforto, que me transforme.”


De bar em bar, vendendo palavras


“É estranho, porque a experiência da leitura, no meu caso, se desdobrou quase concomitantemente com a necessidade de me expressar. Logo após o impacto das primeiras coisas lidas, escrevi meu primeiro livro, aos 15 anos, um pequeno romance, Domingo o almoço é lá em casa, que contava a história de uma família que largava a roça pela cidade e as agruras deste deslocamento, batido à máquina numa Hermes Baby. Ou seja, minha primeira experiência foi na prosa, não, como seria natural, na poesia...


Minha mãe guardava a pasta de cartolina que enfeixava as páginas datilografadas como um tesouro - isso, muito antes de eu publicar meu primeiro livro, profissionalmente... Em Juiz de Fora, durante o cursinho, ganhei uma bolsa (que me isentava do pagamento das três últimas mensalidades do ano) ao vencer um concurso de contos (o primeiro e o segundo lugares!). Depois, quando entrei para a universidade, animado com o clima de urgência do grupo do qual fazia parte, publiquei meu primeiro livro...


Incentivado por um amigo, prematuramente falecido, José Henrique da Cruz, lancei O homem que tece, poemas, em formato de bolso, rodado em off-set, edição de mil exemplares, esgotado em menos de seis meses... Vendíamos de mão em mão, nos bares da cidade, e com o dinheiro arrecadado pagamos a gráfica e financiamos outros livros da mesma natureza.


Curioso, porque tanto o meu ‘primeiro romance’ quanto o ‘primeiro livro de poemas’ tratam de temas que seriam retomados, décadas mais tarde, no projeto que estou desenvolvendo agora, o Inferno provisório... Depois disso, ainda publiquei outro livro de poemas, Cotidiano do medo, já quando morava em Alfenas, sul de Minas... Esta seria a minha infância literária.”


Rodoviária do Tietê: a primeira casa em São Paulo


“Eu cheguei em São Paulo e, não querendo amolar algumas (poucas) pessoas que conhecia, e não tendo dinheiro para ir para um hotel ou pensão, dormia nos bancos da Rodoviária do Tietê. Isso durou um mês - dormia lá nas noites de segunda a quinta-feira, já que na sexta-feira eu dormia na poltrona de um ônibus em direção a Minas Gerais, onde passava o fim de semana (para renovar as roupas...), e a noite de domingo eu passava dormindo na poltrona de um ônibus, voltando para São Paulo...


Fiz algumas amizades por lá, inclusive com um policial, que, na primeira noite, não queria me deixar dormir dentro do prédio... Eu então expliquei para ele a minha situação e ele, condoído, tomava conta de mim... Eu chegava na rodoviária depois do trabalho, tomava um banho, comia qualquer coisa, e dormia sentado (os bancos da rodoviária, estranhamente, são feitos para provocar desconforto nos passageiros)...”

 

 

 

 

 

Em busca de voz própria


“Me calei, não escrevendo uma linha sequer, durante toda a ‘década perdida’ brasileira - que compreende mais de 10 anos, pois vai dos inícios da década de 1980 até meados da década de 1990. Este período foi um momento de maturação. Eu sabia que iria retomar a escritura, mas não me sentia pronto ainda. E assim, sem angústia ou ansiedade, fui tentando compreender por que deveria escrever, sobre o que, e, principalmente, como...


Até que em 1998 lancei Histórias de remorsos e rancores, seguido dois anos depois de (os sobreviventes), ambos coletâneas de contos, que, já ressoando minha voz literária, ainda não me satisfaziam do ponto de visto formal... Estes livros, embora tenham vendido bem, e o segundo tenha até mesmo recebido uma menção especial no Prêmio Casa de las Américas, não serão mais reeditados. Na verdade, foram incorporados, reescritos, ao projeto Inferno Provisório. A minha estréia, propriamente dita, considero Eles eram muitos cavalos, um exercício literário que me fez compreender sobre o que e principalmente como escrever...


Escrever, como ler, tem que ter, para mim, um componente de prazer estético, tem que ser um desafio intelectual. Porque, antes de tudo, escrevo para mim, escrevo histórias que gostaria de ler. Penso que uma história, para convencer o leitor, tem antes, necessariamente, que convencer o autor. Se me convenço de sua necessidade, se o que tento passar me comove esteticamente, talvez eu possa então comover o leitor, porque pode ser que haja ali uma verdade.”


O mundo da classe média baixa


“Passei um longuíssimo período afastado da escrita literária porque estava mergulhado na comezinha sobrevivência cotidiana, e também porque estava refletindo sobre algumas questões essenciais: para que escrever, sobre o que escrever, como escrever?


Aliás, eu tinha sim uma idéia de sobre o que escrever. Me parecia lógico que minha literatura deveria retratar o mundo que eu conhecia bem, o do trabalhador urbano, os sonhos e pesadelos da classe média baixa, com todos os seus preconceitos e toda a sua tragédia.


No entanto, quanto mais pesquisava, mais me dava conta de que pouquíssimos autores brasileiros haviam se debruçado sobre esse universo, talvez porque o trabalhador urbano não suscite o glamour, por exemplo, que suscita o malandro ou o bandido - personagens sempre presentes na ficção nacional, representados do ponto de vista da classe média como desestabilizadores da ordem social.


Por outro lado, me dei conta de que os indivíduos oriundos da classe média baixa, que conhecem e poderiam escrever sobre esse universo, sempre tiveram que negar suas origens para serem aceitos na nossa sociedade, que é extremamente hierarquizada e preconceituosa. Retrospectivamente, se pensarmos no personagem ‘trabalhador urbano’ (não o militante político, bem entendido) temos poucos representantes na literatura brasileira. Talvez o único autor que tenha feito deste tema o motivo de sua ficção seja Roniwalter Jatobá, ele mesmo ex-operário.”


Qual é a forma que dá conta deste mundo?


“Se eu sabia que queria retratar esse universo em meus livros, faltava responder à questão seguinte: como escrever sobre esse tema?
O romance tradicional nasce no Século XVIII como instrumento de descrição da realidade do ponto de vista da burguesia. Ou seja, o romance ideologicamente serve a uma visão de mundo específica. Então, qual seria a forma adequada de representar o ponto de vista da classe média baixa ou do trabalhador urbano?


Eu tentei então me filiar a uma família literária que surge paralelamente ao aparecimento do romance tradicional, que poderíamos chamar de anti-romance, que espasmodicamente construiu uma tradição: Sterne, Xavier de Maistre, Richardson, Dujardin, Machado de Assis, Joyce, Proust, Breton, Faulkner, Robbe-Grillet, Calvino, Pérec... E poderíamos incluir ainda nessa tradição, que chamaríamos de ‘literatura experimental’, contistas como Tchekov, Pirandello, Katherine Mansfield, e poetas como Mallarmé e os vanguardistas do começo do século XX.


Então, em 2001, lancei Eles eram muitos cavalos, nascido da necessidade de tentar entender o que estava acontecendo à minha volta - e para isso tomei a cidade de São Paulo como síntese da sociedade brasileira. Publicado, me encontrei num impasse: havia proposto uma reflexão sobre o ‘agora’, mas talvez necessitasse compreender antes ‘como chegamos onde estamos’.


Comecei a elaborar o Inferno Provisório, uma ‘saga’ projetada para cinco volumes, dos quais quatro já publicados, que tenta subsidiar essa inquietação, discutindo a formação e evolução da sociedade brasileira a partir da década de 1950, quando tem início a profunda mudança do nosso perfil socioeconômico, de um modelo agrário, conservador e semifeudal para uma urbanização desenfreada, desarticuladora e pós-industrial, e suas consequências na desagregação do indivíduo. Ou seja, pulamos da roça para a periferia decadente urbana sem escalas...


Evidentemente, essa descrição abarca apenas a superfície da narrativa. É o entrecruzamento das experiências ‘de fora’ e ‘de dentro’ dos personagens o que me interessa. Importa-me estudar o impacto das mudanças objetivas (a troca do espaço amplo pela exiguidade, a economia de subsistência pelo salário, etc) na subjetividade dos personagens. Enfim, refletir sobre a interpenetração da Historia com as histórias.


Só que não compreendo uma discussão sobre essa cisão sem que sejam colocados em xeque os próprios fundamentos do gênero romance. Do meu ponto de vista, para levar à frente um projeto de aproximação da realidade do Brasil de hoje, torna-se necessária a invenção de novas formas, em que a literatura dialoga com as outras artes (música, artes plásticas, teatro, cinema, etc) e tecnologias (internet, por exemplo), problematizando o espaço da construção do romance, que absorve onivoramente a estrutura do conto, da poesia, do ensaio, da crônica, da oralidade...


Cada volume do Inferno Provisório é composto de várias unidades compreensíveis se lidas separadamente, mas funcionalmente interligadas, já que se desdobram e se explicam e se espraiam umas nas outras, numa ainda precária transposição da hipertextualidade. Então, pode-se ler de trás para frente, pedaços autônomos ou na ordem que se quiser estabelecer, assumindo um sentido de circularidade, onde as histórias se contaminam umas às outras.”


Por que escrevo?


“Definido o tema, definida a forma, restava-me ainda uma questão: para que escrever?


Para mim, escrever é compromisso. Compromisso com minha época, com minha língua, com meu país. Não tenho como renunciar à fatalidade de viver nos começos do século XXI, de escrever em português e de viver num país chamado Brasil. Estes fatores, junto com a minha origem social, conformam toda uma visão de mundo à qual, mesmo que quisesse, não poderia renunciar.


Fala-se em globalização, mas as fronteiras entre os países caíram para as mercadorias, não para o trânsito das pessoas. Proclamar nossa singularidade é uma forma de resistir à mediocrização, à tentativa de aplainar autoritariamente as diferenças culturais. A realidade se impõe a mim e o que move o meu olhar é a indignação.


Não quero ser cúmplice da miséria nem da violência, produto da absurda concentração de renda do país. Por isso, proponho, no Inferno provisório, uma reflexão sobre os últimos 50 anos do Brasil, quando acompanhamos a instalação de um projeto de perpetuação no poder da elite econômica brasileira, iniciado logo após a segunda Guerra Mundial com o processo de industrialização brutal do país, com o deslocamento impositivo de milhões de pessoas para os bairros periféricos e favelas de São Paulo e Rio de Janeiro.


O imigrante, a qualquer tempo, carrega consigo a sensação de não pertencimento, fazendo com que a sua história pessoal tenha de ser continuamente refundada. Partir não é só desprender-se de uma paisagem, de uma cultura. Partir é principalmente abandonar os ossos dos antepassados, imersos na solidão silenciosa dos cemitérios. E os ossos são aquilo que nos enraízam numa história comum, feita de dor e luta, de alegrias e memórias.


Rompido esse lastro, perambulamos sem saber quem somos. E se não temos autoconsciência, se permanecemos imersos na inautenticidade, não reconhecemos o estatuto do outro, do diferente de nós. E perdido esse reconhecimento, instaura-se a barbárie.


A Arte serve para iluminar caminhos: e se ela modifica o indivíduo, ele é capaz de modificar o mundo. Para isso, portanto, escrevo.”


Sem a literatura, só teria restado o destino


“Em algum momento percebi, sem o saber, que meu destino já estava mais ou menos traçado. Meus pais, muito pobres, migraram para Cataguases em busca de uma vida melhor não para eles, mas para os filhos. Minha mãe é filha de imigrantes italianos que foram parar numa colônia no interior de Minas Gerais, na região de Rodeiro, e meu pai, filho de imigrantes portugueses - órfão de pai e de mãe aos dois anos, foi criado por uma família italiana de uma colônia na região de Dona Eusébia.


Eles chegaram sozinhos a Cataguases, sem nada. Mas a cidade, por ser um polo industrial consolidado desde os começos do Século XX, oferecia oportunidades de trabalho e possuía uma razoável infraestrutura educacional para, principalmente, a formação de mão de obra para o parque têxtil. E foi nisso que meus pais apostaram. Logo, minha mãe sustentava a casa com suas lavagens de roupa, enquanto meu pai, de saúde precária, não conseguindo emprego estável nas fábricas, passou a vendedor de pipocas.


O sonho de meus pais, portanto, era que nos formássemos, nos tornando empregados da indústria, ganhando um salário, constituindo família, comprando casa própria e bons eletrodomésticos. Meu irmão se formou no Senai e aos 26 anos era mestre-geral numa das tecelagens da cidade - mas uma morte estúpida encerrou sua carreira quando ela mal começava... Minha irmã, que foi tecelã durante algum tempo, largou a fábrica para se casar - uma atitude muito comum entre as meninas à época - e mais tarde tornou-se funcionária pública municipal, como merendeira escolar. E eu, embora tenha me formado também no Senai, acabei contrariando todo mundo, saindo de Cataguases e me jogando no mundo...


Provavelmente, ou melhor, certamente meu destino, se tivesse permanecido lá, seria hoje estar aposentado como operário especializado, com família, filhos, casa própria e bons eletrodomésticos...”


Primeira leitora: a mãe analfabeta


“A minha relação com Cataguases é estranha. Lá eu nasci e vivi até meus 16 anos. Depois disso, voltei apenas como visitante esporádico. Quando meus pais eram vivos, gostava de me entocar na casa deles, num bairro operário da periferia da cidade, e passava as horas conversando com minha mãe, uma mulher de uma visão de mundo inacreditavelmente complexa, compreensiva e reflexiva. Infelizmente, ela morreu em 2001, pouco depois do lançamento de Eles eram muitos cavalos, livro que, de certa forma, projetou meu nome.


Não tive, portanto, a felicidade de demonstrar que todo o sacrifício que ela fez pelos filhos, e por mim, especificamente, tinha redundado em alguma coisa... Eu me lembro que quando escrevi aquele que considero meu primeiro livro, Histórias de remorsos e rancores, eu o li inteiro para ela, ainda antes da edição, para ver se ela o aprovava... E sua reação foi fantástica: ela se emocionou com as histórias, reconheceu o que havia ali de fabulação biográfica e me disse: Tenho um grande orgulho de você, meu filho. Aquilo serviu para que eu tomasse pé e acreditasse que estava no bom caminho...


Depois, li também os originais do meu segundo livro, (os sobreviventes), e de novo ela se emocionou profundamente. O Eles eram muitos cavalos, embora tenha sido iniciado (digamos assim, ‘mentalmente construído’) durante as férias de 2000 na casa dos meus pais, eu não o pude ler para ela. No carnaval de 2001 descobrimos que ela estava com um câncer fulminante - daquele mês até novembro, quando ela morreu, eu fui a Cataguases todos os fins de semana que não trabalhava no jornal, viajava 1,2 mil quilômetros, ida e volta. Saía de São Paulo na sexta-feira à noite e chegava de volta na segunda-feira pela manhã. Acompanhei de perto seus últimos meses...


Meu pai morreu pouco depois, em 2003. Restou em Cataguases apenas a família da minha irmã.”


Voltar é possível? A terra depois da partida


“A minha solidão, nesse sentido, existe desde sempre. Em Cataguases éramos estrangeiros - inclusive porque lá nunca houve uma colônia de italianos, como em outros lugares da região. Não pertencíamos à cidade e as minhas férias, por exemplo, as grandes (de dezembro a fevereiro) e as pequenas (de julho), eu passava na roça, na fazendola do meu avô, em Rodeiro, à época já dividida entre vários irmãos. Depois, fui para Juiz de Fora, Alfenas e, finalmente, São Paulo (passando, rapidamente, por Vitória e Rio de Janeiro).


Eu brinco que sou o exemplo típico daquele ditado: não tem onde cair morto... Porque não pertenço a lugar algum. Não sou de São Paulo (onde sempre serei considerado alguém ‘de fora’), não sou de Alfenas, nem de Juiz de Fora, nem de Cataguases, mas também não sou de Rodeiro nem de Ubá... Quando morrer, não sei onde serei enterrado... Talvez venha daí a temática mais presente em minha literatura: o desenraizamento, o despertencimento, a solidão e a perplexidade de não ter um lugar...


Sem bloqueio artístico


“Eu encaro o fato de ser escritor como uma profissão. Então, todos os dias, acordo às seis da manhã, tomo café, leio o jornal, e mais ou menos às sete, sete e meia, sento-me ao computador e começo a trabalhar. Vou nessa toada até meio-dia, mais ou menos. Quando estou em viagem, geralmente por conta de palestras, participação em feiras e festivais literários, não escrevo. A essa rotina me dedico apenas quando estou em São Paulo. Porque, para mim, são dois momentos diferentes, embora complementares, da minha atividade literária. Essa, a da solidão da escrita; e aquela, da divulgação dos meus livros.
Havia, e ainda há, certa prevenção das pessoas contra o fato de eu assumir que trabalho com rotinas, metas e prazos, porque, afinal, argumentam, não se trata de um trabalho mecânico, e sim artístico... Ora, acredito que essa visão seja equivocada, porque não há contradição entre disciplina e arte. Grandes artistas plásticos (Da Vinci, por exemplo) e compositores eruditos (Bach, por exemplo) trabalhavam sob encomenda, com prazos pré-fixados e salários no fim do mês... E nem por isso podemos acusá-los de serem menos importantes...


Portanto, nunca tive problemas como ‘falta de inspiração’ ou ‘bloqueio artístico’, porque planejo com bastante antecedência o meu trabalho. Quanto a aproveitar ou não tudo que escrevo... Sentar todos os dias, rotineiramente, para escrever não significa chegar ao fim de quatro, cinco horas de trabalho com algo que preste. Significa apenas isso: sentar quatro, cinco horas em frente ao computador e trabalhar, trabalhar e trabalhar... O resultado muitas vezes é nada... Talvez seja apenas isso que diferencie o trabalho intelectual: ele não pode ser mensurado pragmaticamente, tantas horas trabalhadas, tantas páginas produzidas... A aferição de competência se dá em um outro paradigma.”


O bafo constante da morte


“É estranho, porque, embora tenha consciência de que o homem constrói sua vida sabendo que tem um prazo de validade, penso que, ao mesmo tempo, e talvez exatamente por isso, a existência só faz sentido se for uma busca pela felicidade - não hedonista, mas ética. Gosto de pensar que, ao fim e ao cabo, poderei olhar para trás e me orgulhar do que fiz por mim, pela minha família, pelos meus filhos, pelos meus amigos e até mesmo pelas pessoas desconhecidas.


Essa perspectiva talvez relativize um pouco a dor da perda. Mas essa questão para mim surge sempre de uma forma muito dúbia, porque também percebo claramente que existe uma espécie de visão trágica permeando minha formação. Venho de uma comunidade italiana que, embora professasse (professe) um catolicismo militante, quase carola, sempre estranhamente vivenciou a morte não como uma passagem para a vida eterna, mas como um rompimento injusto com a vida...


E não porque percebesse a vida como um reduto de alegrias - porque na verdade a entende mais como um fardo ao qual nos resignamos. Esse paradoxo teológico-filosófico irresolvível está presente na minha vida, nas minhas histórias.”


A Igreja do Livro Transformador


“A literatura me arrancou da alienação, da ignorância, da falta de perspectivas. Me mostrou que somos seres para a morte e que nós temos que buscar, neste curto intervalo que é a vida, a felicidade. E para isso temos que nos projetar no mundo, nos lançar, nos afastarmos da poltrona do comodismo, da conformidade, para nos proporcionar um sentido.


Esta é a proposta da Igreja do Livro Transformador, que tem como mentores eu e o Rogério Pereira, editor do Rascunho, que experimentou mais ou menos a mesma história de salvação pela literatura. Se depender de mim, a Igreja já será uma realidade ainda este ano... (risos)”


Eliane Brum - Publicado na Revista Época

publicado por ardotempo às 15:53 | Comentar | Adicionar
Quarta-feira, 26.01.11

Literatura, democracia e preconceitos

 

LUIZ RUFFATO - O escritor de um novo mundo

 

Entrevista concedida a Nahima Maciel - Correio Braziliense


Nahima Maciel – Você diz que um escritor precisa se posicionar politicamente. Gostou do resultado das eleições?

 

Luiz Ruffato – Você não pode deixar de concordar que o país mudou radicalmente, economicamente e socialmente. Foi uma mudança revolucionária. Isso não significa que resolvemos os problemas. Muito pelo contrário. Temos problemas gravíssimos que ainda não foram enfrentados. São apenas 25 anos, no entanto, é o maior período de democracia em toda a história do país e mostra que o único caminho possível é esse. É hora de alimentar a democracia e dar continuidade aos projetos que foram iniciados e, quem sabe, em 30 ou 40 anos, vamos ter um país absolutamente diferente.

 

Acredito nisso, estamos muito melhor e acho que esse processo eleitoral, embora muito desgastante, foi extremamente importante para pensar a respeito do que nós queremos para nosso país. Fiquei muito feliz com o resultado. Sem dúvida.

 

NM – Você encara o diálogo com a sociedade como algo importante porque a literatura pode mudar a cabeça de uma pessoa. Como faz isso?

 

LR – Tento fazer uma literatura na qual o leitor realmente se sinta desconfortável e se proponha a pensar a respeito das questões que estão sendo colocadas. Não é concordar ou discordar, mas refletir sobre isso. Existe o papel público do escritor. Nós, durante muito tempo, renunciamos a esse papel que agora voltamos a ter e que eu gosto muito de exercer. Vou muito a escolas públicas, mesmo quando não tem nada a ver com meu trabalho. Gosto de pensar na ideia de que minha biografia pode despertar outras crianças e jovens que nasceram na mesma classe social que eu e mostrar que é possível descobrir um mundo novo. Esse seria o desdobramento do meu papel público. E insisto nisso. Não me furto de discutir qualquer assunto. Quero me posicionar a respeito de qualquer assunto. Mesmo que depois eu venha a repensar minha posição, mesmo que descubra estar errado. Mas acho importante que eu me posicione.

 

NM – Durante uma palestra, você avisou o público que não é um cara de verdades definitivas. Isso é fruto de uma liberdade que lhe permite, inclusive, a incoerência?

 

LR – Acho que é ser coerente, mas é uma coerência dentro da humildade de saber que você é falível. Coisas que vim aprendendo ao longo da vida foram me modificando como ser humano e, portanto, modificando minhas verdades. Isso não significa incoerência, de forma alguma. Isso significa você ter a humildade de saber que está no mundo para aprender e que existem no mundo pessoas que podem oferecer a você outras reflexões e que elas podem alterar profundamente suas verdades. Gosto muito de pensar nisso. Não vejo como incoerência, mas sim como desdobramento de experiências.

 

NM – Sua própria história pode ser encarada como fruto desse Brasil que está amadurecendo, crescendo?

 

LR – Parece pretensão, mas me vejo exatamente assim. É como se eu fosse a encarnação desse momento. Minha história pessoal é exatamente a história de alguém que não tinha nenhuma perspectiva, ou tinha pouca perspectiva. O máximo de pretensão que teria tido na vida era, saindo da minha situação de filho de uma mãe analfabeta e lavadeira e de um pai semianalfabeto pipoqueiro, ser um torneiro mecânico. No entanto, quando me formei, o ABC já estava entrando em decadência e nem torneiro mecânico era uma profissão importante. Mesmo assim, fiz carreira profissional como jornalista e escritor. É a ascensão objetiva das classes C e D. Eu sou a encarnação desse conceito que hoje está muito presente na nossa sociedade.

 

NM – Acha que um dia chegaremos ao ponto de a educação ser um mecanismo efetivo de ascensão social?

 

LR – Me irrita profundamente a visão passadista de que antes a educação no Brasil era muito boa e hoje é muito ruim. A educação pública no Brasil, antigamente, era muito boa para meia dúzia de pessoas. A maioria da população nem sequer tinha acesso à educação. A ditadura destruiu o pouco de ensino público que havia no país e nossa democracia pegou uma educação absolutamente desarticulada, mas pelo menos conseguimos universalizar o acesso à educação. Está sendo feito um esforço imenso para resolver essas questões básicas. Parece que estou fazendo propaganda política, mas não é isso.

 

Esse governo triplicou o número de vagas no ensino público federal e ampliou enormemente o número de escolas técnicas. Estamos dando os primeiros passos. Não tenho nenhuma dúvida. A única maneira de ascensão social no Brasil vai ser por meio da educação. E não tenho dúvida de que se houver um esforço no sentido de melhorar a educação vamos gerar uma espécie de primeiro mundo tropical, que é o que todos desejamos.

 

NM – Por que você diz que sente inveja do Paulo Coelho?

 

LR – Brinco sempre que queria vender como ele, mas não escrever como ele. Existe muito preconceito, não gosto dessa ideia da literatura como uma coisa intocável, o escritor como um ser privilegiado. Não é nada disso. Eu escrevo, faço literatura, estou dentro do sistema literário e não vejo problema nisso. Vivo de literatura. Tenho maior orgulho disso. Agora, é evidente que nunca vou conseguir vender como Paulo Coelho porque minha literatura não é facilitada. Mas sempre faço essa brincadeira porque, para mim, é muito concreto. Vender como Paulo Coelho sim, não tenho nenhum problema com o mercado, mas escrever como ele, não.

 

NM – Fala-se muito da ligação da Geração 90 com o universo urbano, até porque ela nasceu em São Paulo. Você se sente ligado a isso ou isso não importa? O que é essa temática para você?

 

LR – É inegável. Hoje, pelas últimas estatísticas do IBGE, 80% da população brasileira vive na cidade, então é quase natural que a literatura que reflete um pouco a sociedade vá falar das questões urbanas. O que mudou na minha opinião é que, antigamente, quando se falava em literatura urbana, era São Paulo e Rio de Janeiro. Hoje você tem literatura urbana em um monte de lugares no Brasil e essa diluição permite que existam várias visões absolutamente diferentes e complementares dessas várias literaturas urbanas.

 

Não acho que a Geração 90 seja marcada por uma literatura urbana, mas por literaturas urbanas. E que dialogam de alguma maneira com o que resta de não urbano no Brasil, inclusive porque uma das marcas que se diz que a Geração 90 tem, que é a questão da violência, está presente em qualquer cidade do interior hoje.

 

NM – Você tem medo da globalização?

 

LR – Não acredito em globalização. A globalização só existe em função de mercadorias, mas não de pessoas. Na Europa, a gente passa nas alfândegas porque é brasileiro. Quando se falava em globalização, falava-se em um mundo homogeneizado, em que as pessoas fossem pensar mais ou menos a mesma coisa e isso não aconteceu e não vai acontecer porque, pelo contrário, cada vez mais você percebe movimentos de legitimação dos entornos.

Não dá para falar em globalização quando temos uma divisão clara, hoje, entre o mundo cristão e o muçulmano. Que globalização é essa? É uma invenção no sentido de mercadoria. De comércio. Mas nunca foi no sentido cultural.

 

NM – Você é místico, mítico ou religioso?

 

LR – Religião não é uma preocupação minha. Não é algo que faça parte do meu cotidiano pensar a respeito disso. Mas é evidente que existe uma base que me interessa muito, que é a questão da ética. Sem ela as coisas ficam muito complicadas. Por exemplo, a ética básica de não fazer ao outro o que você não quer que façam a você. É a base, de alguma maneira, do cristianismo e levo com absoluto rigor. Agora, acreditar em Deus, frequentar cultos, essas coisas não me preocupam, embora tenha profundo respeito por todas as manifestações religiosas, inclusive pelos pastores que ficam pregando na televisão, porque essa visão do pentecostalismo que existe no Brasil é extremamente preconceituosa e vem dos católicos brancos e da elite brasileira. O que é a Igreja Católica senão exatamente a mesma coisa? Explora a fé do mesmo jeito que os pastores exploram.

 

NM – Você costuma citar temas que deviam ser tratados na literatura, mas não são, como a violência c ontra a criança. Como esses temas deveriam ser tratados?

 

LR – É uma preocupação que tenho com as minorias ou com questões que não são discutidas normalmente na literatura. Por exemplo, a questão da homossexualidade, que embora aparentemente seja uma coisa que hoje está tudo bem. São Paulo tem a maior parada gay do mundo e, no entanto, houve aqueles ataques contra pessoas que estavam na rua por que os agressores cismaram que eram gays. Esse problema não está resolvido, e é muito sério. É uma questão de como a nossa sociedade encara a questão do racismo. A discussão sobre cotas na universidade, por exemplo, foi importante também por causa disso. As manifestações racistas vieram à tona e a sociedade foi obrigada a discutir isso. Existem temas que fascinam pelo poder de mobilização de reflexão. Eu não me pauto por isso, mas gosto de enfrentar esse tipo de problema. Seria capaz e acharia interessante, se me fosse proposto, escrever coisas sobre determinados temas.

 

NM – Você é otimista?

 

LR – Absolutamente otimista. Tão otimista que às vezes sou também bobo. Vejo minha infância e vejo onde cheguei, vejo o Brasil da minha infância e onde estamos hoje, não tem como não ser otimista. Demos passos largos e m direção a uma coisa muito melhor, mas acho que sou mais otimista ainda no sentido de que a única coisa que nós, seres humanos, temos que buscar na vida é a felicidade. Nascemos para morrer. Se nesse intervalo entre nascer e morrer você não tiver como objetivo na vida ser feliz, não consigo compreender para que alguém vive.

 

Entrevista indicada e recomendada por Celso Kaufman (Brasília) - Publicada no Correio Braziliense

publicado por ardotempo às 18:22 | Comentar | Adicionar
Terça-feira, 18.01.11

Isento de ênfases, blindado ao ufanismo

 

Uma terra só


Flávio Loureiro Chaves


No processo cultural do regionalismo, as obras de Simões Lopes Neto e Amaro Juvenal assinalaram a mais alta expressão literária do gaúcho e também o seu limite histórico, isto é, a desagregação do mito em que outros pretenderam fixar a sua saga heróica.


Por isso mesmo, sob uma perspectiva dialética, estes textos já anunciam o esgotamento do regionalismo.


A Literatura subsequente é varrida pelo sopro de novos ventos: o Ciclo do gaúcho-a-pé, de Cyro Martins, o Incidente em Antares, de Erico Verissimo, e os contos do lbiamoré, de Roberto Bittencourt Martins.


Trata-se de resultantes notáveis de um mesmo processo onde surge um dos traços mais interessantes de nossa literatura atual: a permanência da região e a ultrapassagem do regionalismo. É certo que, em determinados casos, o aproveitamento do manancial folclórico e da linguagem localista sustentaram a continuidade de uma manifestação gauchesca.


Tal não é o caso de Aldyr Garcia Schlee. Aqui o passado histórico retorna como uma força subterrânea para recolocar o espaço sul-rio-grandense e o gaúcho no núcleo da matéria abordada. No entanto, não é lícito relacioná-lo à vertente do regionalismo.


Estamos, antes, diante do que Antônio Cândido denominou super-regionalismo, assegurando a universalidade na observação da particularidade.


A ficção de Aldyr Garcia Schlee pertence aos novos caminhos que se abriram durante os anos setenta, após a renovação roseana.


Seus temas profundos, capazes de garantir a amplitude da comunicabilidade, são a concepção trágica da existência e o absurdo essencial que aciona os personagens.


Aldyr Garcia Schlee só observa o passado heróico para confrontá-lo com o presente desprovido de magia.


Nesse processo, a sua ficção simultaneamente mantém o cenário tradicional para inseri-lo numa temática já situada na fronteira da modernidade.


Entende-se, portanto, que estejamos diante e um fato literário cuja importância não pode ser desprezada – o vínculo entre a tradição de raiz gauchesca e uma problemática que pertence ao homem contemporâneo de qualquer latitude. Eis um texto que se legitima a si mesmo.

 

 

 

 

Estou certo de que o desenvolvimento ulterior da obra de Aldyr Garcia Schlee nos permitirá parafrasear em relação a ele o que Tristão de Athayde em certa ocasião afirmou de Erico Verissimo: “não haver escritor que mais honre sua região, sendo o menos regionalista e ufanista de seus filhos”.


Isento de ufanismo, Aldyr Garcia Schlee revela-se legatário de uma tradição e proponente de um estilo que a renova.

Flávio Loureiro Chaves

Imagem: O escritor, por Alexandre Schlee Gomes

publicado por ardotempo às 20:54 | Comentar | Adicionar

Uma rua sem nome

Muito antiga, bem no centro, defronte ao rio

 

Existe uma rua em Jaguarão RS, bem no centro histórico recentemente tombado pelo Patrimônio Histórico Nacional (IPHAN). Anônima em sua inclinação elegante e sequencial em cotas, é literariamente preenchida de feitos, dramas e sonhos. É uma das mais antigas da cidade, partindo do cais, paralela à Ponte Mauá, ao lado da antiga Rua do Fogo (atual XV de Novembro), lindeira ao Mercado Público Municipal e à Delegacia da Capitania dos Portos. É parte integrante da história da cidade heróica, no frontão do sol e da linha divisória com o Uruguai. Traçada no mesmo eixo da ponte, simboliza um corredor de acesso, em abertura de diálogo generoso ao revés de uma trincheira transversal de obstáculo. Apesar de curta em sua extensão, está nutrida de testemunhos de fatos notáveis e triviais, estes talvez mais caudalosos, consistentes e humanos do que aqueles e em seus muros e paredes ecoam os murmúrios da memória da vida e da literatura. Esta rua central, debruçada e voluptuosamente entregue às lendas e aos caprichos do Rio Jaguarão, nunca teve um nome. Terá um nome e uma titulação até o final do ano de 2011.

 

 

publicado por ardotempo às 18:25 | Comentar | Adicionar
Sexta-feira, 14.01.11

Lançamento da Jornada Literária de Passo Fundo

 

Convite


 

publicado por ardotempo às 13:25 | Comentar | Adicionar
Quinta-feira, 13.01.11

Bem-vindos sempre!

Vários autores portugueses estarão no Brasil em 2012, O Ano de Portugal no Brasil


Entre as ações culturais, artísticas e comerciais que Portugal pretende realizar no Brasil em 2012, estarão três iniciativas no campo literário: a primeira será a viagem de vários escritores portugueses ao Brasil para palestras e conferências em todo o país; a segunda, a comercialização de livros da nova literatura portuguesa em valores diferenciados e especiais, a menor. A terceira iniciativa será a realização de um filme de 30 minutos sobre os novos autores de Portugal. Tudo isto tem a assinatura de Inês Pedrosa, diretora da Casa Museu Fernando Pessoa (Lisboa) e encarregada de tratar do assunto com os interlocutores brasileiros.

 

 

 

 

publicado por ardotempo às 21:30 | Comentar | Adicionar
Quinta-feira, 30.12.10

Livro do Ano - DON FRUTOS

Livro do Ano 2010 - Zero Hora Retrospectiva 2010


DON FRUTOS


Depois de anos como um autor que se definia “à margem”, Aldyr Garcia Schlee tornou-se um dos nomes mais comentados de 2010. Recebeu o prêmio Fato Literário e o Açorianos na categoria Conto com o livro Os Limites do Impossível e, durante a Feira deste ano, lançou o mais interessante romance gaúcho da temporada: Don Frutos, elaborada reconstituição histórica da trajetória do caudilho uruguaio Don Fructuoso Rivera. Schlee reconstrói os últimos dias de Rivera, moribundo e encalacrado em Jaguarão (o caudilho viajava para tomar posse como governante do Uruguai, mas morreu sem conseguir cruzar a fronteira).

 

 


Publicado no jornal Zero Hora RS Brasil- 30 de dezembro 2010

publicado por ardotempo às 20:36 | Comentar | Adicionar
Domingo, 12.12.10

Noite do Livro, em Porto Alegre

 

Prêmio Açorianos - Convite para a entrega dos Prêmios de Literatura - 13 de dezembro

 


 

 

publicado por ardotempo às 23:03 | Comentar | Adicionar
Quinta-feira, 25.11.10

Livros para serem lidos, sem pressa

 

Ano para reconhecer Schlee

 

 


 

HOMEM FORJADO no território por natureza incerto da fronteira, o escritor, tradutor e professor Aldyr Garcia Schlee acostumou-se a labutar em silêncio e a produzir sua obra em um ritmo próprio e compassado, alheio (“à margem”, como ele mesmo define) ao sistema literário e suas pressões de mercado. Basta notar que, em quase meio século de carreira, o número de seus livros individuais não chega a uma dezena. Por isso, é o próprio escritor o primeiro a apontar o quanto o último ano marcou em sua trajetória uma pequena revolução, iniciada em 2009, com o elogiado Os Limites do Impossível, e coroada na Feira do Livro de Porto Alegre com publicação do épico romance Don Frutos e com o reconhecimento do prêmio Fato Literário – Schlee foi escolhido na categoria “personalidade”, com 52% dos 123 votos do Júri Oficial.


Me surpreendi muito com a premiação. Achei, sem querer afetar modéstia, que a premiada seria a Lya Luft, a quem conheço há muitos anos. Ainda estou tentando entender como foi que obtive tantos votos. Se fosse eleição política, eu teria vencido no primeiro turno – brinca o autor, que completa 76 anos no próximo dia 22.


Antes de lançar, na Feira de 2009, Os Limites do Impossível – uma narrativa de estrutura ambígua pode ser lida como um romance formado de histórias curtas independentes ou uma coletânea de contos com uma unidade temática –, Schlee vinha de um silêncio de quase uma década. Seu livro anterior havia sido a coletânea Contos de Verdades (2000), que teve uma precária distribuição devido à complicada situação financeira em que se encontrava sua editora da época.


Foi um livro que não repercutiu fora de um pequeno círculo de leitores. A trajetória de um livro não se completa com o seu ponto final, é parte fundamental dela também o conjunto de leituras que ele ganha depois de ir a público, e esse livro, lamentavelmente, não completou ainda essa trajetória – lamenta.


Mas uma década de silêncio não significou uma década de inatividade. Schlee dedicou boa parte dela, ao contrário, à pesquisa e à redação febril de sua obra mais ambiciosa, Don Frutos, monumental romance histórico que reconstitui, em mais de 500 páginas, a passagem por Jaguarão, terra natal do autor, do caudilho uruguaio Dom José Fructuoso Rivera (1784 – 1854), primeiro presidente constitucional do Uruguai.


É um romance sonhado por quatro décadas, desde que Schlee, ainda um jovem professor da Universidade Federal de Pelotas, topou, ao fazer uma pesquisa, com a informação de que Rivera havia morrido em Jaguarão. A obra só começou a ganhar feição, contudo, depois que o autor obteve a valiosa ajuda de um amigo uruguaio, o pesquisador Amílcar Brum, que o auxiliou a coletar a imensa massa de informações sobre a vida e os tempos do caudilho. Além de uma narração barroca e suntuosa, Schlee sustenta seu romance com a transcrição de documentos, cartas, notas de expediente, panfletos de época, alguns reais, outros fictícios. O livro ficou pronto antes mesmo de Schlee começar Os Limites do Impossível, mas só ganhou publicação este ano, pela editora ARdoTEmpo.


Duas grandes editoras chegaram a me solicitar o romance, eu enviei, e depois de um ano é que obtive resposta. Na primeira disseram que o livro era muito bom mas o “custo-benefício” não valia a publicação, ainda mais para um autor da minha idade. A segunda queria mutilar o livro da parte dos documentos – conta.

 

 

 

 

 

Tais episódios, contudo, ficaram para trás, ele garante. A repercussão obtida com a indicação e a premiação ao Fato Literário chamaram a atenção do público para o romance, principalmente na região da fronteira onde Schlee ambienta a maior parte de sua ficção. A versão em espanhol da obra deve ganhar publicação no Uruguai em breve, com tradução do próprio autor – que escreve indiscriminadamente seus livros tanto em português como em espanhol, o que pode explicar um pouco o ritmo sem pressa de sua produção literária. E sua surpresa no reconhecimento a ele ofertado como grande nome da cultura do Estado neste ano:


Das dezenas de e-mails que recebi me parabenizando, um terço veio do Uruguai. O que para mim tem um grande significado. Sou mesmo um autor de um universo pequeno e próprio. Quando falo que produzo à margem é que sou limitado ao meu pequeno mundo de fronteira: Rio Branco, Melo, Tacuarembó e Treinta y Tres, no Uruguai, e Jaguarão. Fora disso, não sei nada.


Carlos André Moreira - Publicado em Zero Hora

publicado por ardotempo às 17:35 | Comentar | Adicionar
Domingo, 24.10.10

Prêmio Fato Literário - 2010

3 perguntas para Aldyr Garcia Schlee


Entrevista de Daniel Feix


ZHOs Limites do Impossível – Contos Gardelianos é um romance. Você o vê assim ou prefere classificá-lo como um livro de contos? E em algum momento pensa em escrever um texto ficcional longo?


Aldyr Schlee – Chamei Os Limites do Impossível subsidiariamente de Contos Gardelianos porque como tais os imaginei e os construí; mas sempre percebendo que podia (e até devia) levar o leitor a admitir que a trama ficcional urdida em cada história imbricava-se na de outra história e na de outra e outra... De modo que, tendo a ver todas as histórias entre si, resultava tudo numa só. Sempre estive consciente de que não queria estruturar um romance convencional. Estava apenas no exercício de meu ofício, que é duro e sério – de dizer, redizer, desdizer, contradizer o que seja, sempre bem e da melhor maneira; mas é também ofício divertido – de fazer de conta, imaginar, admitir que tudo é verdade e que não se está mentindo nem inventando; e que é, enfim, um ofício mágico – de recriar o mundo, ordenar e desordenar vidas, interferir na realidade e irrealidade. A propósito: antes de Os Limites do Impossível, eu havia escrito um romance – que será lançado agora, na Feira. Ele se chama Don Frutos e é uma longa narrativa ficcional de 500 páginas a partir da vida de Don Fructuoso Rivera, caudilho pampeano e primeiro presidente constitucional do Uruguai, que passou os últimos meses de sua vida em Jaguarão (RS).


ZH A formação de artista gráfico o ajuda no processo de escrita, especialmente na construção de cenas literárias?


Schlee – Não exatamente: o cinema me ajuda mais. Sempre, entretanto, com a certeza de que o texto, como forma de concretização da criação literária, deve se impor entre a invenção do autor e a imaginação do leitor – entre aquilo que talvez pudesse ter sido e aquilo que bem poderia ser. Aí, sobressaindo a palavra: a palavra precisa ser posta a serviço do texto como mediadora entre o inventar e o imaginar, impondo-se e valorizando-se também pela sonoridade que oferece e pela imagem que ajuda a construir.


ZH Você se considera mais brasileiro, uruguaio ou gaúcho?


Schlee – Eu sou um brasileiro sul-rio-grandense que, como escritor fronteiriço, sente-se quase uruguaio. Aqui, sobre a fronteira uruguaio-brasileira, tenho a gostosa e permanente ilusão de estar com meus leitores e personagens dentro de um particularíssimo mundo ficcional – fiel a mim mesmo e a eles –, com a sempre renovada certeza de que assim posso melhor me dedicar honesta e autenticamente à execução de meu projeto literário.


Publicado em Zero Hora RS - Brasil (23. outubro. 2010)

publicado por ardotempo às 19:56 | Comentar | Adicionar

Editor: ardotempo / AA

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