Sábado, 21.01.12

Diário

¿Qué gato?

 

Ricardo Piglia

 

Aterrizo a la mañana en Buenos Aires después de meses de ausencia. Doy vueltas por la casa, abro las ventanas, hago algunas llamadas.

 

En el estudio está cristalizado el día en que me fui, como si hubiera salido huyendo. Un diario La Nación del mes de mayo en el sillón; fichas, diagramas y notas sueltas pegadas en la pared


(Hombres de impermeable blanco, con lentes negros, la amenazan. La muchacha piensa: Si miro las armas estoy perdida.


/ Kilómetro 36: la casa de W. H. Hudson.

 

 

/ Hay mujeres que en lugar de envejecer, enloquecen.)

 

Sobre la mesa los libros que quizá estaba leyendo: El sol que declina de Osamu Dazai, Terrorism and Modern Literature de Alex Houen, Plotting Terror de Margaret Scanlan, El amparo de Gustavo Ferreyra. ¿En qué andaba yo en aquel tiempo? Ella se ha quedado en Filadelfia, espera seguir a Los Ángeles y luego a Tokio. Viaja sin equipaje. “Solamente voy a llevar mi máquina de fotos y las píldoras para dormir”, dice.

 

Sábado

 

Paso Nochebuena solo en la ciudad vacía. No hay automóviles en la calle, pocas luces, los negocios cerrados, una extraña penumbra.

 

Bajo por Corrientes buscando un lugar abierto para comer y al final termino en una parrilla improvisada en un boliche con mesas en la vereda. Al fondo, atrás del obelisco, un juego de luces que parecen venir del río. Cada tanto estallidos y fuegos artificiales. De a poco el lugar se va llenando con los náufragos de la noche, gente sola, alemanes, belgas, norteamericanos, viajeros que salieron como yo a buscar un lugar donde comer. Pido una tira de asado con ensalada y una botella de vino. Al rato entro en conversación con un inglés sentado a la mesa vecina. Es de Liverpool, vino a buscar —él dice a pescar— jugadores de fútbol de las divisiones inferiores.

 

Sábado

 

Escribir a mano es una práctica arcaica, anterior incluso al lenguaje oral. Los instrumentos han cambiado a lo largo de los siglos pero el gesto es el mismo: se usa la mano más hábil para trazar las letras y la otra como ayuda ocasional. Soy un zurdo contrariado, solo uso la derecha para escribir y en todo lo demás la mano izquierda. La inolvidable señorita Tumini, maestra de primer grado inferior, me obligaba a escribir con la mano derecha. Me veo en el aula vacía copiando palabras con el furor de un pequeño disléxico demente.

 

Miércoles

 

Antes, cada dos por tres entraba en una polémica pública. Ahora no le encuentro sentido a ese murmullo incesante de opiniones y de pronósticos. Sin embargo, a veces, todavía, a la mañana temprano, bajo la ducha, escribo indignadas cartas imaginarias a los periódicos contestando argumentos idiotas. (Señor Director, Cuando estuve en Madrid hace unos meses le sugerí a los indignados de Puerta del Sol que le pidieran una audiencia al rey.) No bien salgo del agua las réplicas se disuelven. Una mendiga mató a otra en la recova de Plaza Once porque le robó una manzana.

 

Jueves

 

Leo en un viejo número de The Magazine of Fantasy and Science Fiction sobre la persistencia del tigre en la literatura inglesa: el tigre que arde luminoso en la foresta de la noche de W. Blake, el Shere Khan de Rudyard Kipling, el tigre de Yucatán de Hilaire Belloc, el tigre overo de las llanuras del paraíso de Ian MacKenzie y entonces pienso que también el tigre ha sido robado de las bibliotecas por el hacedor ciego que quiso soñarlos, pero sin suerte porque los tigres le salían “tirando a perro o a pájaro”.

 

Viernes

 

Escribo un prólogo a la novela de Sylvia Molloy En breve cárcel.

 

Cuando decimos que no podemos dejar de leer una novela es porque queremos seguir escuchando la voz que narra. Más allá de la intriga y de las peripecias, hay un tono que decide la forma en que la historia se mueve y fluye. No se trata del estilo —de la elegancia en la disposición de las palabras— sino de la cadencia y la intensidad del relato. En definitiva el tono define la relación que el narrador mantiene con la historia. Ella me envía sus e-mails desde el BlackBerry: frases breves, consignas (“¡Regá las plantas!”).

 

Lunes

 

Salgo a comprar los diarios. En la vereda de la calle Cabrera, una mujer habla con un gatito que está en lo alto de un árbol. El gato se lame las patas, indiferente. La mujer trata de hacerlo bajar. “No quiero que viva una asquerosa vida callejera”, me dice. La gata tuvo las crías en el hueco de una horqueta del tronco y ayer se llevó a los otros cachorros y lo abandonó. Cuando paso de vuelta la mujer ya no está y el gato sigue ahí. En el supermercado coreano consigo un poco de carne picada y de leche. El gato baja y me lo traigo a casa.

 

Tuve un gato hace muchos años en Mar del Plata, cuando recién había terminado el secundario. En marzo me fui a estudiar a La Plata y le pedí a mi madre que lo cuidara. En las vacaciones de invierno volví a casa y no lo vi. Le pregunto a mi madre, ¿Y el gato? Ella me mira con sus bellos ojos irónicos “¿Qué gato?”, dice.

 

La vecina rusa. La conocí en Princeton, donde se había radicado en 1950. Salió de Rusia por Finlandia en 1937 cuando Bujarin cayó en desgracia y se exilió en París. Ha publicado en las últimas décadas dos tomos de una monumental biografía de Tolstói y está trabajando en el último volumen, al que tentativamente llama La conversión. Ha viajado ya dos veces a la ex URSS a trabajar en los archivos secretos de la KGB recién habilitados en Moscú.

 

Sábado

 

Me interesa la distinción que establece Sartre en El ser y la nada, entre estar muerto y estar “retirado” (“être mis à la retraite”): en el primer caso, el pasado no existe; en el segundo, no hay otra cosa.

 

El ex boxeador, el ex combatiente, el ex drogadicto, el amante abandonado. La frase de In Another Country (En otro país) de Hemingway que F. Scott Fitzgerald consideraba una de las más sugerentes e inquietantes de la lengua inglesa. “In the fall the war was always there, but we did not go to it anymore (*)” da cuenta de esa nostalgia de la experiencia intensa que persiste como un lugar al que no se puede volver. Por otro lado, la vivencia de la vida perdida remite a la figura del muerto-vivo que no tiene historia, ni sabe nada del pasado.

 

“¡Pregunta a los Historiadores! Ellos, en sus aposentos, contemplan boquiabiertos lo que fue y lo describen incansablemente. Ve a preguntarles y vuelve luego”, dice el cazador Gracchus, que vaga por los tiempos y por la Selva Negra, en el extraordinario relato de Kafka (“Aquí estoy, muerto, muerto, muerto”). Ése es el lugar de enunciación y el tono irónico que Beckett toma de Kafka para definir un nuevo tipo de narrador. Su primer relato escrito en francés Le Calmant dice al comienzo: “Je ne sais plus quand je suis mort. Il m’a toujours semblé être mort vieux”. (“Yo no sé cuándo he muerto. Siempre me ha parecido haber muerto viejo”.)

 

 

Relatos que narran la experiencia, de vivir en el vacío, en un presente perpetuo. De allí su contemporaneidad, etcétera. Hay algo de esa figura en la cultura política actual. La noción del testigo como el muerto en Agamben. (Los “musulmanes” que se dejan estar en Auschwitz) y en el Walsh de Operación Masacre (“Hay un fusilado que vive”) que a partir de esa figura restituye la verdad. También está el caso de los prisioneros clandestinos que han sobrevivido en los campos de concentración argentinos (el desaparecido que regresa) y son los testigos clave en la reconstrucción de los hechos en el Nunca más y en los juicios actuales a los militares.

 

El testigo como el sobreviviente. Quizá éste sea el único caso en el que vale la ecuación: solo quien lo ha vivido puede contarlo (porque en un sentido está muerto). En el orden del relato, no hay que confundir información con experiencia.

 


 

Ricardo Piglia - Publicado em Babelia - El País

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Botero e os limites da violência

Exposição de Fernando Botero em Porto Alegre

 

Pinturas em óleo sobre tela, aquarelas e desenhos.

 

 

 

Fernando Botero completará 80 anos em 19 de abril como um dos artistas mais prestigiados — e, acima de tudo, populares — em atividade no mundo.

 

O colombiano parece surpreendentemente próximo de nós, em parte devido à herança da Renascença, que ainda hoje representa uma das principais referências do público não especializado. No entanto, há mais para ser descoberto sobre Botero. A exposição individual que será aberta para visitação neste sábado, no Centro Cultural CEEE Erico Verissimo, na Capital, traz obras criadas entre o final da década de 1990 e meados dos anos 2000, doadas pelo artista ao Museu Nacional da Colômbia, instituição que assina a curadoria. Intitulada Dores da Colômbia, a mostra conta com 36 desenhos, 25 pinturas e seis aquarelas com cenas da violência que tomou conta do país especialmente na década de 1990, com o narcotráfico, as guerrilhas e os grupos paramilitares.

 

É como uma representação de todos os estados da violência, um tema com o qual Botero se identifica nos anos 2000, período em que também fez uma série sobre o que se passou nas prisões do Iraque — observa Natalia Bonilla Maldonado, comissária do Museu Nacional da Colômbia para a exposição. Botero tem formação cosmopolita.

 

Nascido em Medellín, se destacou a partir da década de 1960 e morou na França, na Itália, nos Estados Unidos e no México. Hoje, está radicado na França. Suas figuras rechonchudas não são exatamente gordas, mas volumosas, característica que aparece nos personagens, nos objetos e nos cenários. É um reflexo da influência de Giotto (1266 – 1337) e dos artistas florentinos que ele traduziu em linguagem moderna. Há uma graça, até mesmo certo humor, em boa parte de suas obras, o que contrasta com o viés político — embora ele tenha rejeitado o termo — de outros segmentos fundamentais de sua produção.

 

Exemplos significativos estão na mostra em cartaz até 8 de março na Capital e que já passou por Brasília, Curitiba, Rio de Janeiro e São Paulo (depois, seguirá para Belo Horizonte). Em Porto Alegre, a exposição dá início às comemorações de 10 anos do Centro Cultural CEEE Erico Verissimo.

 

Embora o contexto das obras seja a situação da Colômbia, o que está em jogo é a opressão do homem pelo próprio homem — diz Regina Leitão Ungaretti, coordenadora geral do espaço cultural.

 

 

Publicado no jornal Zero Hora

 

 

 

 

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Quarta-feira, 18.01.12

Retrato do poeta

Charles Baudelaire

(dessin en cahier de travail - après Fantin-Latour)

 

 

 

 

Desenho do retrato do poeta e crítico de arte Charles Baudelaire a partir da pintura em grande formato, com os retratos de vários amigos do pintor Eugène Delacroix, em óleo sobre tela de "Hommage a Eugène Delacroix", de autoria de Fantin-Latour em mostra atual no Musée Eugène Delacroix, Place Furstenberg, Paris.

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Segunda-feira, 16.01.12

Cemitério americano na Normandia

 

Utah, Pointe-du-Hoc, Omaha, Cemitério...

 

 

 

 

 

© Gilberto Perin - Cemitério Americano na Normandia - Fotografia (Normandia, França) 2011

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Mãos iluminadas

 

escrevo estes versos

 

 

escrevo estes versos para o amigo que mesmo condenado

descobriu que ainda havia tempo para encontrar o amor

 

escrevo estes versos para a mulher que um dia abandonei

a quem desejo que encontre o filho que nunca pude lhe dar

 

escrevo estes versos para o meu quitandeiro da esquina

por beber um litro de graspa e erguer caixas às 6 da manhã

 

escrevo estes versos para aquele velho professor de latim

por me ensinar que a poesia é basicamente um desperdício

 

escrevo estes versos para o conforto de um poeta do campo

longe de sua lisboa que foi o mundo antes mesmo de camões

 

escrevo estes versos para as flores da última primavera

cantada pelos mestres chineses tantos séculos antes de mim

 

escrevo estes versos para uma menina perdida no futuro

que há de lê-los com as mãos iluminadas de tocar sua carne

 

 

© Pedro Gonzaga, 2012

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O Brasil secreto

Um herói popular brasileiro

 

Isa Ferraz conta com emoção a História que não se conta

 

 

 

 

"Um dia, faz 40 anos, eu estava indo com meu pai para a escola e ele disse: 'Vou te contar um segredo: seu tio Carlos é o Carlos Marighella'".

 

Assim começa o documentário "Marighella", de Isa Grinspum Ferraz, com estreia prevista para outubro. Marighella lembra Public Enemy e Racionais, diz Mano Brown

 

Em uma hora e 40 minutos, "Marighella" desfia a trajetória do ícone da esquerda brasileira que acabou baleado e morto dentro de um Fusca em 1969, em São Paulo.

 

Meio século da história do país pode ser contado a partir dos acontecimentos em sua vida: a gênese do comunismo baiano, mulato, do qual Jorge Amado era partidário; o conflito entre integralistas e comunistas; a legalização do Partidão; a clandestinidade; a frustração com Stálin; o golpe militar e, por fim, a luta armada. Mas o que torna "Marighella" único é o olhar íntimo que só quem era de dentro da família seria capaz de documentar: "Tio Carlos era casado com tia Clara. Eles estavam sempre aparecendo e desaparecendo de casa. Era carinhoso, brincalhão, escrevia poemas pra gente. Nunca tinha associado o rosto dele aos cartazes de 'Procura-se' espalhados pela cidade", continua a voz em off da própria Isa, que assina direção e roteiro do filme. Marighella com a sobrinha Isa no ombro, ao lado da companheira Clara Charf e do resto da família Grinspum em 1962

 

 

 

"A ideia é desfazer o preconceito que até pouco tempo atrás havia contra meu tio. Era um nome amaldiçoado, sinônimo de horror. Além da vida clandestina e do ciclo de prisões e torturas, procuramos mostrar também o poeta, estudioso, amante de samba, praia e futebol, e acima de tudo o grande homem de ideias que ele foi", diz Isa, socióloga formada na USP.

 

Na esteira da pesquisa que foi feita, surgiram algumas revelações. Clara Charf, companheira de Marighella de 1945 até sua morte, hoje aos 86, desenterrou uma pasta que pertencia a ele, na qual aparecem correspondências, mapas e esboços de ações guerrilheiras.

 

A produção também descobriu uma gravação de Marighella para a rádio Havana, de Cuba. Em sua fala tipicamente cadenciada, ele anuncia o rompimento com o Partido Comunista e a adesão à luta armada. Mesma época em que intelectuais europeus como o cineasta francês Jean-Luc Godard passam a enviar remessas de dinheiro em apoio à sua causa. O filme ainda traz trilha sonora de Marco Antônio Guimarães e Mano Brown e depoimentos esclarecedores de militantes históricos, como o crítico literário Antonio Candido: "Marighella encarnava moral e psicologicamente o seu povo. Ele era pobre e não abandonou sua classe".

 

 

 

Já a judia Clara enfrentaria resistência do pai ao assumir o relacionamento, no que acabou se transformando numa versão tropical de "Romeu e Julieta". "Carlos era preto, comunista e gói (não judeu)", lembra Clara, aos risos. "Mas era muito doce e, no fim, conquistou a todos."

 

(Publicado na Folha de São Paulo)

 

 Nota do Editor:  É um filme extraordinário, revelador de uma imensa sombra oculta, perene e mistificada da História do Brasil - que permanece ainda como um bunker secreto, construido em  preconceitos e alicerçado em mentiras sussurradas - o lado que se teima em esconder em silêncio reprovador e no medo sistemático: as atrocidades cometidas pela cruel ditadura brasileira contra a liberdade política, artística, cultural e de expressão genuinamente popular  dos brasileiros. 

 

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Domingo, 15.01.12

Pointe-du-Hoc, Dia D+1 e hoje

As crateras, o concreto e os insetos

 

As crateras estão todas lá, assombrosas, centenas, formando ondulações ritmadas cobertas de relva, há toneladas de concreto em escombros, estranhos túneis voltados para o céu (para o sol e para a lua) como entranhas expostas em cimento, pedra e ferro retorcido; e milhares de minúsculos insetos a zunirem por todo lado como almas sem guarda. Um monumento doloroso a propor uma reflexão sobre o valor e a essência da liberdade.

 

 

 

 


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Sábado, 14.01.12

Pointe-du-Hoc, Normandie

Pointe-du-Hoc

 

 

 

 

 

Gilberto Perin - Liberdade - Fotografia - Pointe-du-Hoc, Normandie (França), 2011

 

Pointe-du-Hoc , campo de batalha estratégico do Dia D, Normandie, France

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Rumo a uma outra estação

A batalha poética de encantar

 

Mariana Ianelli

 

Estreia do gaúcho Pedro Gonzaga na poesia, “A última temporada” prenuncia no título a fina ironia do livro, visível, antes de tudo, no fato de um poeta surgir aos 35 anos para inaugurar um fim. Desde uma juventude que termina, e com ela certa exultação e certa irresponsabilibidade, os poemas de “A última temporada” têm o poder de atravessar esta sutil ironia do título para ir à poesia propriamente dita.

 

Chega, portanto, aonde poucos chamados jovens poetas costumam chegar, a um ponto de suspensão em que a cotidianidade não desencanta o verso. Ao que se perde de uma geração para outra de uma família, ao “misterioso exoesqueleto abandonado” de algumas roupas, à morte de um amigo, o poeta responde com a força de imagens que ficam, com uma fantasia que não se deixa intimidar pela aspereza da verdade de “inquisidores e síndicos”.

 

Se há um imperativo que move o poeta, esse imperativo é “uma ilusão adamantina, não a verdade”, pois “se puderes fechar os olhos para o real/ fecha agora/ não te preocupes,/ antes,/ aproveita/ hão de acordar-te os credores/ a dor no ciático/ o fingimento da mulher que nunca se entrega”.

 

Defender e fazer durar essa ilusão requer nada menos que uma batalha poética, afinal, encantar tanto perdeu valor que “quase já não há mais garotas sentimentais/ e por isso o mundo está perdido/ por isso o mundo só poderá ser salvo/ quando armado de alaúdes/ voltar à provença/ um novo exército de trovadores”. É assim que os poemas de Pedro Gonzaga respondem à cotidianidade com o poder da fantasia. O amor entre dois bêbados de vinho, o erotismo da mulher transmudada em ave mítica, a lembrança de dois corpos jovens tingidos de azul e vermelho sustentam, no poema, um instante fora do tempo. Até mesmo “a macabra fantasia” dos mortos, “de permanecerem iguais/ em nossa memória, participa desse estado poético de suspensão, de encantamento, que não se decompõe como acontece ao efeito da ironia.

 

A batalha poética de “A última temporada” se faz desde dentro da poesia e também à poesia se dirige, à expressão de uma época desencantada que marca presença na estética contemporânea tanto no seu apreço pelo coloquialismo quanto na expressão de uma poesia autorreferente, instilada pela teoria.

 

Em seu “poema em linha torta”, Pedro Gonzaga fala daqueles que “de todos os lados/ armam-se de teses/ (futuristas cansados)”, os que “debatem o fim da lira/ locupletam-se com artigos/ em revistas indexadas”, os que “alegam ser capazes de ler na tela/ 300 páginas mas não vencem uma quadra/ de quevedo”. Já farto “da maçada de lhes dar combate”, o poeta apenas ergue seus versos e os mantém suspensos – porque esta sim é a sua batalha – sem pretender enfrentar o que não seja o próprio alcance da poesia no seu benefício de envolver “num delírio (dolorosamente necessário)” quem dela se aproxima.

 

O teor irônico que sutilmente compõe o livro serve como um reflexo do rosto que o espelho devolve e que o poeta confronta com outra visão, aquela que não envelhece na memória. Mas Pedro Gonzaga não ri apenas de sua nostalgia como ainda ironiza sua condição de poeta num mundo onde o que importa é estar preso ao chão e às coisas chãs: “mais uma vez deliraste/ feito um adolescente/ com a solidão sem par de marco aurélio/ o que não se deixava alegrar/ nem pelo império indiviso/ nem pela admiração renitente dos soldados/ a quem por certo haveria de ferir/ o filho dissoluto/ de que te serve, afinal/ o áspero estoicismo helênico das meditações?/ (...)/ verás que não te aguarda o exílio fatal em capri/ não cunharão teu perfil na face áurea da moeda/ terás meramente o financiamento cancelado/ então veremos até onde vai tua poesia,/ bravo estoico”.

 

Esta autoironia, que não protege o poeta de suas dúvidas nem dos seus limites, inverte o sentido da irreverência. Este homem que antes teve “esperança,/ agora uma azia intermitente”, este que, como “dédalo”, de um dos belos poemas do livro, “ao inventar uma fuga”, inventou “também uma queda”, sabe que já não pode se escudar no humor quando lhe bate à porta a morte de um amigo, a falta de amor, o dia em que terá de “abraçar o corpo frio de seu pai”.

 

De todas essas perdas e incertezas expostas, quando “a orquestra pára/ e um a um os rostos abrem suas pétalas”, desse lugar mais profundo do silêncio aonde o sarcasmo não chega é que a poesia de Pedro Gonzaga se alimenta. O encontro de Ovídio e Napoleão, separados pelos séculos mas unidos pelo destino de “uma queda e uma esperança”, no poema “dois homens em elba”, e o antológico poema “em zama”, que retrata o instante entre a esperança e a queda de Aníbal, sintetizam uma só derrota emblemática, a que dá “palavras/ (suprema humilhação)/ a este precário poeta/ do outro lado do mundo/ desconhecido”. Se a ilusão inconsciente chega à sua última temporada, Pedro Gonzaga tem diante de si a fantasia necessária, este desejo que “seguirá clandestino/ rumo a uma outra estação”.

 

© Mariana Ianelli - Publicado em Prosa&Verso - Jornal O Globo - Rio de Janeiro

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Os escritores de culto

Un secreto de dioses

 

 

Leila Guerriero

 

Si hay culto es porque hay un dios.

 

Enrique Vila-Matas, Alan Pauls, Yuri Herrera, Rafael Gumucio, Jorge Herralde, Pilar Reyes, Elena Ramírez, Manuel Borrás... Autores y editores explican una categoría sagrada llena de matices, aristas y contradicciones.

 

Primero, las definiciones. Pero eso es un problema cuando se trata de una categoría esquiva, viciosamente escurridiza, llena de aristas, de matices, de contradicciones.

 

Cuando se trata, como ahora, de encontrar respuesta a esta pregunta: ¿qué es un escritor de culto? ¿Alguien con gran prestigio y un grupo ínfimo de lectores; alguien que, más que lectores, tiene devotos; alguien que capturó los retorcijones más o menos angustiosos de toda una generación y supo cómo traducirlos en una obra; alguien que es producto de una estrategia editorial? ¿Todo eso, más que eso, nada de todo eso?

 

La primera acepción de la palabra culto que da el diccionario María Moliner es esta: "Respeto, veneración y acatamiento tributados a Dios o a los dioses". Antes que nada, entonces, esto: si hay culto es porque hay un dios. La noticia en otros webs webs en español en otros idiomas Vila-Matas: "En este país, 'autor de culto' siempre ha sonado a escritor bueno y disparejo, pero también a autor al que le falta algo" Abad Faciolince: "Kundera lo fue hasta que todo el mundo empezó a leerlo. El éxito es imperdonable en un escritor de culto" Herralde: "Un escritor de culto es un escritor con una voz propia, que sorprende, exige y excita al lector

 

- Autor de culto es un concepto ligado a lo religioso - dice Enrique Vila-Matas, autor de Dublinesca -. A ese autor le salen adoradores, lectores que no quieren perderse ni un folio suelto del autor, lectores que le siguen en todo lo que hace. Ser seguidor -lo digo por propia experiencia- es apasionante. Ser seguido - también tengo la experiencia - no lo es tanto, porque a muchos adoradores sólo les interesa lo que un día leyeron de ti y quieren encontrar siempre eso en lo que haces. Pueden llegar a impedir al autor ser libre a nivel creativo y machacarle su capacidad de sorprender continuamente, de hacer con sus escritos lo que le dé la gana en todo momento. Nada admiro tanto como ese día en la vida de Bob Dylan, en Newport, en 1965, cuando todo el mundo le consideraba un cantante de folk y se presentó con una ruidosa banda eléctrica que ninguno de sus adoradores comprendió.

 

- El nombre tiene mucho de religioso - dice el escritor Tomás González, autor de la novela Primero estaba el mar, a quien se menciona como el secreto mejor guardado de Colombia-. Es un escritor del que se podría tener la imagen en una repisa, como la de un santo. Los escritores de culto son como santos con pocos aunque muy fervientes devotos. Si te llaman escritor de culto y lo aceptas, tienes cierto prestigio y puedes escribir en paz lo que te dé la gana, pues te dieron y te diste por perdido en cuanto a ventas se refiere.

 

- Es un término más usado por editores o críticos - dice el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka, autor de la novela La enfermedad-. Los escritores somos muy vanidosos y la categoría puede ser una forma de matizar un fracaso con los lectores. Los escritores lo queremos todo: crítica y público. También puede ser una definición provisional. Hace más de veinte años, tal vez Robert Walser era considerado un escritor de culto. Bolaño también. Hoy es casi una civilización.

 

- T. S. Eliot - dice el escritor argentino Fabián Casas, autor de Los lemmings - hablaba de la importancia que tenía para un escritor poseer un grupo pequeño de lectores. Decía que no era necesario ser un superventas sino tener un pequeño grupo de lectores influyentes. Ese caldo forma lo que se denomina un escritor de culto. La prensa es la que termina dándole un lugar específico.

 

-Tiene que ver con la devoción que se le tiene a algunos escritores que son reconocidos por sus pares y por un círculo de lectores, pero no por el mercado - dice el escritor mexicano Yuri Herrera, autor de Trabajos del reino-.

 

- La noción proviene de un equívoco sobrecogedor - dice el escritor chileno Carlos Labbé, autor de Caracteres blancos -. Alguien elabora un proyecto de escritura diferente de lo que se considera la corriente masiva, pero después se comienza a admirarlo por la fuerza con que defendió su proyecto y no por las características de su propuesta. El culto es un afán borreguil de saber todo lo que le pasa al autor en vez de quedarse con sus libros.

 

- Debe haber, en la escritura de un escritor de culto, algo que tienda a lo sagrado y lo secreto - dice el escritor chileno Rafael Gumucio, autor de la novela La deuda-. Algo que te haga sentir, como lector, único y elegido. Es una categoría religiosa, que relaciona al libro a una de sus funciones más controvertidas: ser depositaria de la palabra de dios, y los escritores sus sacerdotes. -Es un escritor que tiene un talento extraordinario para una sola cosa, y ni siquiera en esa sola cosa es fácil decidir si es amo de su talento o si su talento no es en realidad una extraña forma de enfermedad -dice el autor de la novela El pasado, el escritor argentino Alan Pauls-. Esquiva, escurridiza: una categoría llena de matices y contradicciones. 

 

¿De quiénes hablamos cuando hablamos de escritores de culto? Las personas cuyos testimonios se recogen en este artículo dieron nombres que dibujan una lista tan nutritiva como disfuncional (en la que, por ejemplo, quienes son de culto en algunos países no lo son en su lugar de origen, como podría ser el caso del argentino Antonio Di Benedetto que no es un autor de culto en la Argentina pero que sí lo sería en México), y que incluye, entre muchos otros, a Mario Bellatin, Fabio Morábito, Daniel Sada, J. R. Wilcock, Emmanuel Bove, Antonio Di Benedetto, Thomas Pynchon, Gabriel Zaid, Sergio Pitol, Guillermo Fadanelli, Israel Centeno, Bukowski, J. D. Salinger, David Foster Wallace, Julio Ramón Ribeyro, Mario Levrero, Rafael Sánchez Ferlosio, Roberto Merino, Germán Marín, Denton Welch, Braulio Arenas, Felisberto Hernández, Macedonio Fernández, Virgilio Piñera. -Un escritor de culto es un escritor con una voz propia, que sorprende, exige y excita al lector -dice Jorge Herralde, editor de Anagrama-. -Es aquel que erige una obra emblemática para un determinado público, y cuya vida puede llegar a convertirse en motivo de interés para sus seguidores -dice Elena Ramírez, directora editorial de Seix Barral en España-.

 

- El culto implica un nivel de devoción por parte del grupo (grande o pequeño) de seguidores - dice Diego Rabasa, del consejo editor de Sexto Piso-. Tiene que haber cierto nivel de conexión ontológica. Coexistir con la obra del escritor a un nivel vivencial y no sólo literario.

 

- Es un autor que tiene un grupo de fieles lectores que lo admiran - dice Matías Rivas, de Ediciones Universidad Diego Portales, de Chile-. Pueden llegar a convertirse en moda y vender más, pero en general son secretos. Es un estigma difícil de sacarse porque el periodismo cultural lo repite para referirse a todo lo que no es masivo. Pero tienen una virtud que es el doblez positivo del estigma: son long sellers.

 

- Es aquel - dice Andrea Palet, editora de Los Libros Que Leo, editorial chilena independiente - que ya tiene fans antes de que la industria y/o la prensa se enteren de su existencia.

 

"De culto" es un tag muy estable: puedes estar vendiendo como loco, pero te van a seguir llamando de culto hasta el hogar de ancianos.

 

-La perspectiva de un escritor de culto es hoy distinta a la de hace un siglo - dice Manuel Borrás, editor de Pre-Textos -. Antes, adquiría su sanción más por el boca a oído, sin intersección de la publicidad. Hoy en día pueden convivir escritores de culto inventados tanto por motivos crematísticos como apoyados por la sanción de los lectores. -

 

Es aquel que tiene una obra singular, alejada del canon oficial, que experimenta con las formas y es reconocido como tal por la crítica y una minoría lectora - dice Samuel Alonso, director de publicaciones de 451 Editores-.

 

- La calificación "de culto" puede tener que ver con el concepto de autor "secreto" - dice Enrique Redel, de Impedimenta-. Sus atributos los crea una minoría que niega el gusto mayoritario, que suele ser calificado de borreguil. La obra tiende a ser difícil de conseguir. El propio autor se prodiga poco. Cuando comienza a dar entrevistas a los medios mayoritarios "se vende".

 

- Entrar en la categoría es apetecible, pero lo que es malo es quedarse, pues vendría a ser un reconocimiento de su fracaso para llegar a públicos más amplios - dice Luis Solano, de Libros del Asteroide -.

 

- Es un escritor ajeno al gran público que frecuentemente termina por conquistarlo. Kafka fue de culto, como Joyce, escritores-para-escritores que acabaron por imponerse en las academias y las universidades. Dostoievski fue de culto unos diez años y hacia 1910 era patrimonio de la humanidad. Pero quizá ya no haya autores de culto confiables, es decir, que puedan permanecer escondidos. Hoy todo se publica, de todo se oye hablar y nada permanece en lo oscuro -dice el crítico mexicano Christopher Domínguez Michael-.

 

-Un autor de culto es igual a "mucho prestigio, pocas ventas" -dice Julián Rodríguez, de Periférica-. Esquiva, escurridiza, llena de aristas, de matices, de contradicciones.

 

-¿Un escritor de culto es necesariamente un fracaso en las ventas?

 

- No - dice Ana Pareja, de la editorial independiente española Alpha Decay-. Bolaño, Salinger son éxitos de ventas y no son excepciones. -Debe ser un deleite supremo empezar como escritor de culto y luego conquistar un gran número de lectores. Entre otros, Sebald, Tabucchi o Bolaño. Pero las listas de más vendidos son poco compatibles con los escritores de culto, incluso con los que han dado una cabriola considerable, como los antes citados - dice Jorge Herralde, de Anagrama-. - Convertir a un autor en "escritor de culto" es una típica operación de marketing de agencias literarias o editoriales. Pasó con Bolaño en Estados Unidos, pasa a cada rato en España con autores centroeuropeos de principios del siglo XX -dice el escritor chileno Carlos Labbé-.  En 2011, Impedimenta publicó en España el Diccionario de Literatura para Esnobs, del francés Fabrice Gaignault, una guía de autores a veces extravagantes, a veces malditos, ¿a veces de culto?, y, en la introducción, el español José Carlos Llop escribe: "Todos hemos tenido nuestros autores secretos. (...) Cuando alguno (...) empezaba a ser más conocido por los lectores (...) el hecho de compartirlo no producía felicidad alguna, sino cierta incomodidad. Una de las consecuencias (...) era la expulsión de aquel autor de nuestro paraíso privado".

 

- Con los autores de culto pasa como con el chiste de un restaurante que fue muy selecto, pero que tiene demasiado éxito: "Ahora ya no va nadie: vive lleno" -dice el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, autor de El olvido que seremos-. Lo mismo puede decirse de un escritor de culto que se populariza, como Sándor Márai: ya no lo lee nadie, todos lo leen. Milan Kundera fue un escritor de culto hasta que todo el mundo empezó a leerlo. El éxito es imperdonable en un escritor de culto. -Parte de una minoría ilustrada cree demostrar su superioridad intelectual en la oposición a ciertos atributos narrativos que consideran "fáciles" -dice el escritor argentino Guillermo Martínez, autor de Crímenes imperceptibles, entre otros libros-, y trata de poner en circulación escritores "difíciles" para poder seguir sintiéndose los happy few de jardines recónditos. Estos escritores tienen características que son elevadas a categorías deseables per se: opacidad, hermetismo, falta de trama. Además hay algunas otras características "de imagen":

 

1. Sus libros deben ser inaccesibles.

2. La biografía del escritor de culto debe contener algún elemento "oscuro".

3. No debe tener jamás un éxito de ventas. Esto lo convertirá en un traidor a sus acólitos.

 

Pero la literatura no responde a ese maniqueísmo imaginario de editoriales salvajemente comerciales y lectores puros de catacumbas.  

 

Se ha hablado de usted como un escritor de culto. ¿Se ha sentido cómodo con eso? - No siempre - dice Enrique Vila-Matas-. En España, por ejemplo, nada. Primero, me llamaban "autor de culto" porque no me leía nadie. Después, porque me leían afuera. En este país, donde ha ido pasando el tiempo y seguimos siendo católicos, incultos y "diferentes", la denominación "autor de culto" siempre ha sonado a escritor bueno y disparejo, pero también a autor al que le falta algo, concretamente, ser tan conocido como Camilo José Cela. -No me incomoda -dice el escritor mexicano Yuri Herrera-, porque no me creo ninguna de las etiquetas. Tardé tanto en conseguir publicar que no tengo prisa por ser reconocido ni puedo medir el impacto que podría tener ser denominado así en algunos círculos.

 

Ahora, confusión.

 

Confusión por cosas como estas: porque Matadero cinco, de Kurt Vonnegut, sí, y Kurt Vonnegut también; y porque Siddharta, de Hermann Hesse, sí, y El lobo estepario, de Hermann Hesse, también, pero Hermann Hesse, definitivamente, no. En el año 2005 se publicó The Rough Guide to Cult Fiction, una guía que reunía a ciento noventa y cuatro autores y en la que la "ficción de culto" se definía como "una devoción irracional por una minoría hacia un autor o libro". Figuraban allí Kurt Vonnegut, Thomas Pynchon y David Foster Wallace junto a Gabriel García Márquez, Marcel Proust y George Orwell; libros como El curioso incidente del perro a medianoche, de Mark Haddon, junto a La tía Julia y el escribidor, de Mario Vargas Llosa. En 2008, The Telegraph confeccionó una lista de libros de culto. Encabezada por Matadero Cinco, de Kurt Vonnegut, incluía No Logo, de Naomi Klein, y Recuerdos del futuro, del suizo Erich von Däniken, que escribió allí acerca de las probables visitas que hacían, en el pasado, los extraterrestres a la tierra.  

 

- ¿Quién es el lector de un escritor de culto? -Un esnob. Un borrego. Alguien que no se quiere dar cuenta de cómo es manejado - dice Carlos Labbé-.

 

- Un sofisticado o un obsesivo, un fanático de lo extraño - dice Matías Rivas, de Ediciones Universidad Diego Portales-. -Un hurgador de librerías de viejo. Un gourmet de ropa vieja, de perlas encontradas en chiqueros. Una mezcla de cartonero y de dandi. Un adorador de la originalidad. Un masturbador. Un devoto de la profanación -dice el escritor Alan Pauls-. -Todo verdadero lector tiene un escritor de culto. Aquel que se sigue libro a libro, al margen del resultado. Sus lectores fieles celebran sus aciertos pero lo acompañan en sus fracasos, deciden compartir su mundo, tan imperfecto y dispar como la vida misma -dice Pilar Reyes Forero, directora editorial de Alfaguara

 

-.Pero, ahora, otra vez confusión.

 

Confusión, por ejemplo, porque junto a J. D. Salinger (que lleva vendidos unos 65 millones de libros), se mencionan autores como el uruguayo Felisberto Hernández (que no debe llegar a varios miles), y otros que habitan catacumbas a las que descienden unos pocos: el chileno Juan Emar (uno de cuyos libros, Diez, fue publicado hace poco por la editorial independiente argentina Mansalva, con prólogo de César Aira). - Dan Brown es un escritor de culto pero es un culto masivo y, por lo tanto, muy poco selectivo - dice el escritor argentino Rodrigo Fresán, autor de la novela El fondo del cielo-. J. D. Salinger es, también, un escritor de culto; pero lo suyo se acerca al más exquisito budismo zen. Así, Haruki Murakami o Paul Auster o David Foster Wallace serían sumos sacerdotes de sectas en expansión, mientras que Thomas Pynchon y Jorge Luis Borges y Vladímir Nabokov serán, siempre, tótems frente a los cuales arrodillarse.

 

Entre unos y otros están todas esas íntimas religiones (propongo estampitas de John Banville, Rick Moody, Iris Murdoch, Felisberto Hernández, Denis Johnson, Michael Ondaatje, Steven Millhauser) por las que unos cuantos miles están dispuestos a lo que sea. Es decir: a seguir leyendo. Y a reconocerse entre ellos con complicidad.

 

Nunca dejaremos de creer y de rezarles a León Tolstói y Marcel Proust y Francis Scott Fitzgerald. Un escritor de culto es aquel que hace que leer sea tan pero tan parecido a orar, con una atendible diferencia: no sólo sentimos que nos escucha sino que, además, nos habla nada más que a nosotros. Y, por supuesto, Dios existe y se llama Shakespeare. Como si el culto fuera una religión con diversas capas tectónicas, todas necesarias para formar, al fin, la iglesia.

 

Leila Guerriero - Publicado em El País

publicado por ardotempo às 14:11 | Comentar | Adicionar

Poema de Pedro Gonzaga

soneto

 

tormentoso desejo agora vivo

só por vos ter tão perto, doce amiga

conturba-se-me ardente o sangue à briga

que com malícia ergueu amor esquivo

 

encontro e logo perco meu juízo

quis razão evitar minha desdita

mas se ao vos ver um não sei quê se agita

sois perdição e incêndio e paraíso

 

encarnação da dádiva primeira

semideia que um árabe cantava

em vós respira a flor da laranjeira

 

primavera que esconde a verde fava

aniquilai-me a paz, feroz cegueira

toda nudez que vossa mão guardava 

 

 

© Pedro Gonzaga, 2012

publicado por ardotempo às 12:13 | Comentar | Adicionar
Sexta-feira, 13.01.12

Felicidade

Domingo com Verdi

 

Domingo é o dia mais difícil da semana: ruas sem ninguém, persianas descidas, quase nenhum automóvel, em que sítio andarão as pessoas? Horas lentas, pesadas, esta casa ao mesmo tempo igual e diferente, a dizer-me qualquer coisa que não entendo. O que será? Uma espécie de sol na varanda, até à mesa, um brilhozito na jarra.

 

O maluco do costume não dança no passeio a gritar

 

- Sou feliz

 

a estrangeira sem abrigo não passeia nos semáforos o saco de plástico, a estender a mão para carros indiferentes.

Parece que só eu no bairro. De certeza que só eu no bairro.

 

Amanhã a agência de viagens aberta de novo, a farmácia, o restaurante que perdeu quase todos os clientes, com o dono à porta, vencido. Tem mais rugas dos lados da boca, dos lados dos olhos. Para além do restaurante uma mercearia, um sítio onde fazem tatuagens, uma sucursal de banco. Até há pouco havia duas, uma delas fechou. Vão fechando coisas por aqui. O minimercado, por exemplo. Lojas. O maluco usa barbas, farrapos. Continua feliz. Mais do que o senhor que andou na guerra em África e, de vez em quando, dá pontapés nos caixotes, terrível de ordens militares. Mete uns copos ao bucho e voltam-lhe os tiros.

 

- Quatro mortos em cinco minutos, seus cabrões

 

afiança ele

 

- Quatro mortos em cinco minutos

 

e a gente calados. O sujeito do estabelecimento de telemóveis encolhe os ombros, uma velhota assusta-se em pulitos de galinha, passa de largo, aflita. Tirando a velhota ninguém liga ao guerreiro. O senhor que andou na guerra em África faz continências, amansa, some-se numa esquina. Daqui a nada regressa, mais feroz ainda. Há um outro que me mostra análises

 

- Que tal o meu fígado?

 

tiradas de um envelope usado

 

- O médico mandou-me ir lá daqui a três meses

 

e a mão treme-lhe enquanto vejo, de esguelha, os papéis. Explica

 

- Eu o fígado e a minha esposa

 

os nervos apontando uma criatura de expressão sofrida que já não sabe o que é dormir

 

- Há mais de sei lá quanto tempo que não descanso

 

esclarece a esposa numa vozita murcha

 

- Há mais de sei lá quanto tempo, senhor doutor

 

lembrada de que fui doutor.

 

- Nem o chá de tília me vale, palavra de honra.

 

Tília, lucialima, camomila, já bebeu a ervanária inteira. O filho polícia, a filha e o genro desempregados, três netos. E inicia, com a vozita murcha, uma digressão longuíssima acerca da miséria do subsídio de desemprego. No final da digressão levanta o queixo até mim

 

- E quando o subsídio acabar?

 

enquanto o marido concorda, a guardar o fígado no envelope.

 

- Não entendo estes exames

 

conta-me ele, antigamente era com cruzes, percebia-se.

 

- Mais de três cruzes e encomendava-se o caixão.

 

Hoje, domingo, devem trancar-se no seu primeiro andar, com o peso do fígado e dos nervos às costas e um bulezito de menta entre eles, fitando-se:

 

- E se chamássemos a ambulância?

 

com a filha e o genro desempregado, de lápis em riste, à cata de anúncios, nem que seja de limpezas

 

- Os dois com estudos, senhor doutor, já viu? no jornal. Comem o quê?

 

E a miséria escondida: ele de gravata, ela de cabelo pintado.


A esposa dos nervos orgulhosa

 

- Asseadíssimos e não só asseadíssimos, pinocas, a infelicidade não é para mostrar.

 

Na cave do prédio em que habitam um velhote magrinho que tocava clarinete na banda da Guarda (clarinete ou flauta) e elogia Verdi

 

- Um grande compositor

 

pela boca quase sem mobília. Sobra um dente espetado que garante

 

- Só de pensar em Verdi arrepio-me todo

 

com um hálito a vinho que me faz tremer os joelhos. A mulher dele apanha um estalo de vez em quando, sem motivo, ou antes, conforme ele me elucida

 

- Por causa das coisas

 

minúscula, sofrida. Engomava para fora, abafava uma tosse complicada na palma, não refilava. Há semanas o artista deu com o clarinete ou a flauta no toutiço da criatura e o instrumento entupiu-se, facto que não lhe perdoa

 

- Enquanto não me deu cabo da música não descansou

 

dado que, de vez em quando, ainda soprava uns compassos. Pede-me a opinião, exibindo o tubo

 

- Acha que se eu lhe bater ao contrário isto se compõe?

 

Não tenho a certeza da resposta mas pode ser mas pode ser que sim: um Verdi para a esquerda entorta, um Verdi para a direita corrige.

 

- É capaz

 

opino eu, e ela a proteger-se com o braço.

Domingo: ruas sem ninguém, persianas descidas, uma espécie de sol na varanda, até à mesa, um brilhozito na jarra. O maluco do costume

 

- Sou feliz

 

ausente, o senhor da guerra em África sem fazer continências. Deixo de escrever, aguço o ouvido: uma pancada para a direita primeiro e, a seguir, o grande Verdi a arrepiar-me todo.

 

António Lobo Antunes

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Quinta-feira, 12.01.12

Flores de Favretto

Fotografia

 

 

 

Giacomo Favretto - Flores - Fotografia (São Paulo), 2012

publicado por ardotempo às 16:03 | Comentar | Adicionar

Bonjour Paris

Fotografia

 

 

 

Pierre Yves Refalo - Inverno - O rio atravessa a cidade - Fotografia (Paris, France), 2012

publicado por ardotempo às 09:06 | Comentar | Adicionar
Domingo, 01.01.12

Para começar bem o ano

Mariana Ianelli - Entrevista

 

Poesia e mística: o silêncio como origem e destino.

 

Entrevista com Mariana Ianelli - IHU On-Line

 

“O tempo interior, de silêncio, paciência e meditação, tem sido cada vez mais preterido pelo imediatismo, que é a noção de um tempo dessacralizado. A mística e a poesia, contra essa engrenagem perversa, nos fazem lembrar de um amadurecimento lento das coisas, de um vazio para ser preenchido pelo que não é vontade nossa, e do quanto pode o nosso olhar quando atenta para uma leitura da realidade em níveis que transcendem o visível e o material. Porque, antes de tudo, o que a poesia e a mística despertam é a nossa faculdade de atenção”. O convite a essa “profunda disposição para o silêncio” nos é feito pela poeta paulista Mariana Ianelli, em entrevista por e-mail à IHU On-Line.

 

Esse silêncio, derivado de “um estado concentrado de atenção” ao qual somos levados pela poesia e também pela mística, torna-se, assim, “uma abertura, como que uma chave de acesso, para essa via secreta do Mistério, que de outro modo não seria percebida”.

 

O que acontece dentro desse espaço de atenção – afirma Mariana –, na abertura dessa passagem para o que se pode chamar de inefável, é o instante de uma configuração, quando uma verdade se dá a ver em uma figura”. A partir daí, “pensar em uma mística do feminino é também pensar nos mistérios do amor”.

 

Mariana Ianelli é poeta, mestre em Literatura e Crítica Literária pela Pontifícia Universidade Católica de São Paulo – PUC-SP, autora dos livros Trajetória de antes (1999), Duas Chagas (2001), Passagens (2003), Fazer silêncio (2005), Almádena (2007), Treva Alvorada (2010). Colabora para os jornais O Globo, caderno Prosa&Verso (RJ) e Rascunho (PR). Sua página na internet é www.uol.com.br/marianaianelli

 

IHU On-Line – Em sua opinião, como a poesia e a mística colaboram para aguçar a percepção sobre o Mistério? Que vínculos você percebe entre poesia e mística?

 

Mariana Ianelli – O que as torna tão próximas, a poesia e a mística, é uma profunda disposição para o silêncio, o silêncio de um estado concentrado de atenção que, justamente por estar preservado do ruído, encontra uma abertura, como que uma chave de acesso para essa via secreta do Mistério que, de outro modo, não seria percebida. E porque a palavra que vem dessa mirada, tanto poética como mística, não pretende, como faria a ciência, submeter ou reter nela mesma essa realidade mais profunda, sua expressão se dá musicalmente, na forma do canto e da prece, que são formas aladas, por assim dizer, também vinculadas entre si, que têm como origem e destino o silêncio, e são inapreensíveis no registro de uma linguagem instrumental. O que acontece dentro desse espaço de atenção, na abertura dessa passagem para o que se pode chamar de inefável, é o instante de uma configuração, quando uma verdade se dá a ver em uma figura. Os símbolos a que recorrem os poetas e os místicos são uma espécie de receptáculo dessa verdade que, se antes pediu um estado profundo de atenção para ser percebida, agora pedirá a atenção e o coração aberto de um outro que procure ver além da figura.

 

IHU On-Line – Um de seus ensaios está intitulado Por uma Poética do feminino, em que você afirma que “mito, história e corpo cantam quando canta uma mulher”. Como se dá a relação entre poesia e feminilidade?

 

Mariana Ianelli – Penso nos mistérios de Elêusis, nos séculos e séculos em que a mulher esteve obrigada à reclusão doméstica e ao mutismo, e em seu próprio corpo, em sua potência de gerar vida dentro de si, como diferentes marcas do feminino que convergem para essa intimidade com o oculto, com o que se elabora em segredo e tem por metáfora o duplo trabalho de Penélope , que é também sua arte e seu destino, de fiar e desfiar indefinidamente num exercício de esperança e sacrifício. Aí estão as figuras emblemáticas de Marta e Maria em uma só mulher, aquela que ao mesmo tempo comparece em um gesto eficaz diante do mundo, e esta que se guarda no seu olhar contemplativo. Isso, levado para a poesia, encarna a paciente gestação interna de um poema face o ímpeto da escrita, os maravilhosos encadeamentos de um processo intuitivo, às escuras, e a trama que daí se vai constituindo à luz do dia. São as duas respirações de que falava María Zambrano, a da vida e a do ser, esta, oculta no silêncio, que orienta o sentido do poema, engendra musicalidade e é “o hálito do ser depositado sobre as águas primeiras da Vida”, e aquela outra, que está justamente na superfície do viver e que sofre a ameaça de interromper-se não apenas por alguma razão fisiológica, mas sobretudo se falta a respiração do ser, que sustenta em silêncio a respiração da vida.

 

IHU On-Line – Amor, erotismo, segredo, ventre, criação... São diversos os símbolos relacionados ao feminino que fluem entre poesia e mística. A partir de um olhar poético-místico, o que é o feminino?

 

Mariana Ianelli – Vejo o feminino, sob essa perspectiva poética e mística, representado magnificamente na personagem bíblica de Judite. Uma mulher que, diante do cerco à cidade de Betúlia pelo exército de Nabucodonosor, quando os anciãos da cidade se reúnem para estabelecer um prazo para a manifestação de Deus, como se isso fosse possível, coberta de cinzas, faz sua oração mais fervorosa e pede a Deus para ser habitada por três forças: palavra, astúcia e ímpeto. Nessa prece, ela diz: “Tu é que fizeste o passado, / o que acontece agora e o que acontecerá depois. / O presente e o futuro foram estabelecidos por ti, / e o que pensaste aconteceu”. E então ela roga: “dá-me o ímpeto que pensei”, rogando, assim, pelo pensamento divino dentro dela, por um impulso em conformidade com uma vontade superior.

 

Depois da oração, Judite se despoja do seu luto, põe seu vestido de festa, perfuma-se e se adorna com todas as suas joias, enche um odre de vinho, uma bilha de água, um alforje de farinha e com sua serva atravessa os portões da cidade para ir ao encontro de Holofernes, chefe do exército inimigo. Já pelo caminho, Judite vai seduzindo pela sua beleza os soldados que encontra e, ao ter com Holofernes, Judite o seduz também por sua palavra, uma palavra ambígua e profética, que fala de Deus enquanto Holofernes julga que ela fala de Nabucodonosor. É assim que essa mulher permanece infiltrada entre 140 mil homens, durante quatro dias, nos quais, durante a madrugada, dirige-se ao pé da fonte da sua cidade para orar, para beber espiritualmente à fonte do pensamento divino. No quarto dia, quando Holofernes, em um banquete, pretende dormir com Judite, finalmente ela desempenha o gesto, aquele gesto preciso, movido por um ímpeto transcendente, por isso violento, de decapitá-lo com dois golpes de alfanje.

 

Acredito que essa narrativa, de uma mulher que afugenta um exército de milhares com a sedução da sua palavra ambígua, com a astúcia de um caminho que vai sendo urdido subterraneamente, sob o véu da beleza, e com o fervor, um fervor que se nutre da fé, e que transborda para a realidade num golpe mortal, acredito que esse episódio bíblico concentra de maneira emblemática, espiritual e poeticamente, em uma tríade perfeita, toda a potência que existe e está guardada sob a aparente delicadeza do feminino.

 

IHU On-Line – Por outro lado, em sua opinião, podemos também falar de uma “mística feminina” ou de uma “mística do feminino”? Quais seriam as contribuições do olhar feminino à percepção do âmbito místico da existência?

 

Mariana Ianelli – Creio que sim, que podemos pensar em uma mística do feminino sob muitos aspectos, um deles, a partir da visão para qual Maria Madalena é a escolhida, por amor, entre todos os discípulos, tornando-se ela a portadora de uma revelação secreta. Se lembramos das Moradas de Santa Teresa e das Visões de Hadewijch de Antuérpia, vemos o percurso de uma viagem interior, pródiga em figuras, que se vai delineando à vista dessas mulheres místicas e que nos remete ao relato visionário, de Maria Madalena em seu Evangelho, da ascensão da alma através dos céus até o silêncio e o repouso.

 

Não desconsidero com isso os místicos e poetas que também figuraram à sua maneira as jornadas da alma em suas etapas de purificação; apenas destaco a relevância desse vínculo intrínseco entre as viagens espirituais descritas por mulheres místicas e a visão de Maria Madalena, que provém de um conhecimento oculto cuja revelação ela, Maria, por ter sido a escolhida, tem o privilégio de transmitir aos outros homens. A partir daí, pensar em uma mística do feminino é também pensar nos mistérios do amor. Quanto à importância da figura, é inevitável sua relação com a poesia, e aqui vale mencionar a poeta Cristina Campo, que se dedicou a refletir intensamente sobre o valor de uma poesia hieroglífica, que sintetizaria de forma cifrada, na beleza da figura, a exemplo da sarça ardente, não a arbitrariedade da imaginação fantástica mas a verdade do real.

 

IHU On-Line – Na literatura ou na história, quais mulheres mais encarnam essa abertura místico-poética ao Mistério e à Realidade Última, em sua opinião? Por quê?

 

Mariana Ianelli – Cito mulheres que fazem parte do meu cotidiano de leitura, com as quais me identifico, e que transitam por esse espaço de poesia e mística. Cristina Campo, por ter se dedicado a pensar uma poesia que é refúgio do esplendor e que, semelhantemente aos ritos litúrgicos, celebra os mistérios divinos. Cristina Campo escreveu pouco mais de 30 de poemas, e dizia que gostaria de ter escrito menos, tal era o valor da paciência e do segredo que a palavra lhe impunha. No cenário dessacralizado do pós-guerra, Cristina teve a coragem de defender, em seus ensaios e poemas, a beleza, que ela considerava uma secreta virtude teologal e que parecia inadmissível em sua época porque aceitar a beleza, segunda ela, “é sempre aceitar a morte, o fim do velho homem e uma difícil vida nova”.

 

Outra figura marcante é Simone Weil, cuja obra, aliás, Cristina Campo foi uma das primeiras a estudar na Itália, em meados dos anos 1950, e com a qual dialoga em seus escritos. Simone Weil e Cristina Campo compartilham valores fundamentais: a atenção elevada ao grau de prece, a importância de um estado de vigília e a necessidade de amar aquele que está ausente, considerando aí toda a responsabilidade e o sofrimento que uma dedicação como essa implica, além da disciplina para compreender os símbolos através do olhar, uma disciplina que deveria levar a inteligência a se tornar contemplação. Uma poeta cujos textos me deslumbram, justamente porque transcendem os limites do literário, é Alda Merini, com os poemas de A Terra Santa e de Magnificat: Um encontro com Maria. Entre o seu livro de estreia, A presença de Orfeu, e A Terra Santa, Alda Merini passou cerca de vinte anos sem publicar, sete deles internada num hospital psiquiátrico. O que surge depois desse silêncio é uma transubstanciação da poesia em mística, especialmente no caso de Magnificat, um livro em que a autora dá voz à mãe de Cristo como aquela que se torna, ela mesma, a morada da Palavra, simbolizando aí a poesia quando se funde à mística: Maria como aquela que traz a boca unida à boca de Deus e o pensamento criador feito carne. Nesse longo poema que é o Magnificat, Maria é aquela que morre crucificada e ressuscita com o seu filho num “duro grão de amor”. O que alimenta a poesia de Alda Merini é a ancestralidade de um canto originário, que vem da natureza, e o que funda sua poética é o amor.

 

Outra poeta que passou um longo período em silêncio desde a publicação dos seus primeiros textos, e que mais tarde escreve sobre situações marianas, é María Victoria Atencia. Sua relação com a poesia envolve uma inspiração que independe da vontade e o momento subsequente da criação, que exige trabalho, esforço e técnica. María Victoria regressa à poesia depois de quinze anos com o livro Marta e Maria e, dez anos mais tarde, publica Transes de Nossa Senhora, poemas que vão pela mesma via do Mistério que Alda Merini percorreu, que falam do Verbo encarnado, da “prenhez gloriosa” de Maria, a que foi a escolhida e que por isso tem os seus sentidos incendiados. Uma escritora, filósofa e também poeta com quem María Victoria Atencia dialoga e que encarna perfeitamente essa abertura místico-poética é María Zambrano, por tratar dessa aventura iniciática de descida ao fundo do coração, de onde se pode emergir com uma prece ou com um poema que espelha, como obra de criação, o próprio poeta na sua dimensão de criatura. Dos escritos de María Zambrano, as ruínas como lugares simbólicos de ressurreição e esperança, a morte como promessa de amor, a existência de uma palavra que nunca é pronunciada nem humanamente concebida, que permanece oculta e por isso inviolada, abrindo o espaço do silêncio da revelação, são algumas dessas passagens para o Mistério e para o desvelamento do real. Em seu texto sobre São João da Cruz, que é belíssimo, María Zambrano se pergunta que religião é essa, do Monte Carmelo, que honra a Virgem Maria e faz dos seus santos poetas, a exemplo de São João da Cruz e Santa Teresa d’Ávila.

 

Essa pergunta nos leva a pensar em uma mística do feminino sob a perspectiva de Maria como a portadora da palavra encarnada e da sua relação com a poesia, uma relação que justamente inspira os livros de María Victoria Atencia e Alda Merini. Ainda pensando na Ordem do Carmo, temos esta outra mística, Edith Stein, que foi leitora fervorosa de Santa Teresa e uma figura emblemática da história, por ter sido conduzida, na trajetória da sua vida e da sua obra, ao extremo do silêncio interior, do amor e da expiação. Podemos dizer sem erro que Edith Stein encarnou o sentido espiritual do nome de Cristina Campo (cujo verdadeiro nome era Vittoria Guerrini): “a portadora de Cristo nos campos do III Reich”.

 

IHU On-Line – Em um de seus recentes poemas, Pietà, você diz: “Por delicadeza / Devia cada um resolver seu vestígio, / Não deixar o corpo a esmo, / Atravessado na passagem, / Sem desejo, sem enigma”. Como podemos compreender a relação entre o corpo, a nossa materialidade, e a expressão místico-poética pessoal?

 

Mariana Ianelli – Pensando na natureza como uma “metáfora do sobrenatural”, como diz Cristina Campo, o corpo é esse casulo que guarda a alma até ela estar pronta para o voo. É também uma espécie de receptáculo semelhante à palavra. Se há espaço nesse corpo para o que não é vontade própria nem vontade imposta por um outro, se há espaço para uma inexplicável intuição encher esse vaso até o limite, e mais: se pode essa intuição transbordar para a vida, acontece uma inversão na ordem das coisas. Passamos a atuar como que na voz passiva, em vez de mover sentimos como se fôssemos movidos. Essa é uma maneira de realizar que o corpo que dizemos nosso na verdade nos é dado, é a nossa casa e, como toda casa, um dia será abandonado.

 

O fato de irmos perdendo o controle sobre ele, de sermos traídos pela falta de vigor e de memória, por exemplo, isso também é uma lição que a vida impõe, em geral, para nós, a contragosto: de que esse corpo tão íntimo, tão pessoal, não é tudo ao que nos resumimos nem é sempre imediatamente reconhecível como nosso. Temos, materialmente falando, o mesmo destino da Abadia de Tintern que tanto encantou Wordsworth. E deixar esse vestígio para ser recolhido pelos outros é ainda uma lição. O poema continua: “Mas se me fica o teu corpo / Eu te arrepanho nos braços / Com a maternidade do ofício / E lavo os teus ombros / De quanto pesou sobre eles, / O teu sexo, que a nenhum afago responde, / Lavo os teus pés, o ato mais santo. / Eu te arremato, eu te limpo da vida, / Faço com que desapareças, / Que o teu equívoco me abasteça / Da razão dos humildes. / Fardo ensoalhado esse, / De amparar o meu próprio destino”. Porque o vestígio de alguém nos dá a ver a nossa própria morte e saber que vamos nos recolhendo uns aos outros ensina uma certa humildade e também um sentido maior de esperança. Ensina que, depois de um desastre, não importa o quão devastador ele seja, se depois a vida ressurge, então isso é a misericórdia.

 

A observação dessas coisas passa pela vivência, pelo olhar e pela intuição, e a poesia, servindo-se disso, paralelamente à mística, encontra à sua maneira uma via de acesso para leituras da realidade em um nível além imediato, do visível e do material.

 

IHU On-Line – A linguagem mística muitas vezes se manifesta de forma ousada e radical. Como essa gramática e semântica se relaciona com a gramática e a semântica poética? Que relações ou distanciamentos você constata entre essas duas linguagens?

 

Mariana Ianelli – Não existe pudor quando se trata de ir ao mais íntimo da palavra, quando a linguagem ronda o indizível chegando ao extremo de circundar aquilo que já não é palavra. Esse mais além do verbo é o que se guarda e permanece cifrado sob a figura em uma representação simbólica. A forma ousada com que a linguagem mística se expressa se dá pelo arrojo de uma voracidade amorosa, e não somente os símbolos aos quais essa linguagem recorre, mas sobretudo uma unidade na aproximação dos contrários, se relacionam com uma lógica poética, como quando Santa Teresa diz: “Vivo sem viver em mim / E de tão alta vida espero, / Que morro porque não morro”.

 

Desse paradoxo aparente, de um intermédio entre dois mundos, de uma palavra repleta de silêncio e um “contentamento descontente” também se faz a poesia. O enleio de perseguir e ao mesmo tempo ser perseguido é o que alimenta o fogo da linguagem mística numa espécie de rito entre amantes que se aproximam se afastando, num jogo análogo à natureza insaciável desse amor que só se pode consumar em uma outra vida. Aqui, a relação entre corpo e alma se manifesta num elo dos sentidos físicos com os sentidos sobrenaturais e, ao mesmo tempo, em uma tensão da matéria como uma espécie de cárcere que impede a plena conciliação amorosa. Esse fogo, esse hálito primeiro que impulsiona a criação, na linguagem poética, supõe um ponto de partida que é um estado de caos, de matéria informe anterior ao fiat lux da palavra. Nesse lugar intermediário entre o deserto e a vida, nesse espaço genesíaco entre noite e aurora, que remete à pré-história da poesia no seu parentesco com a palavra sagrada, o ato de criar materializa no poema aquela mariposa que devora a prisão do seu casulo para sobrevoar os vales e as montanhas com as asas de um canto.

 

Os distanciamentos que vejo em relação às duas linguagens, tal como os opostos de que ambas se alimentam para consagrar a beleza da unidade, são direções complementares de uma mesma seta, que tanto se lança para o alto como se crava no fundo do coração: a mística se servindo da figura para simbolizar o reino da outra vida neste mundo, ou relatar um itinerário espiritual, e a poesia estabelecendo, a partir da realidade sensível, uma senha mágica para ingressar nessa realidade sobrenatural, nesse instante do inefável.

 

IHU On-Line – Em entrevista à IHU On-Line, Faustino Teixeira afirma que você, em sua poesia, manifesta “a presença de um ‘céu absoluto’ que inspira os mais profundos enigmas. E também a busca de um Deus palpável”. Como você percebe a sua mística pessoal em sua vivência cotidiana e em sua obra de poetisa?

 

Mariana Ianelli – Desde os primeiros poemas já me atraía intuitivamente uma presença do sagrado. Em pelo menos dois poemas do primeiro livro (Trajetória de antes, 1999) posso reconhecer o começo dessa busca, Acalanto para Cassiana e Três vezes Cristo. Cassiana foi uma colega de escola, uma menina linda, que um dia fui obrigada a ver no meio de uma sala, deitada sobre um monte de flores. A morte dessa menina, que tinha a minha idade, me despertou para o sentido de muitas coisas, inclusive da poesia. Nos poemas de Passagens que vieram quatro anos depois, uma releitura poética das Lamentações bíblicas e do Livro de Jó me pôs em contato com esse conflito da fé que se ressente de uma sensação de injustiça diante de uma calamidade. Há também nesse livro um poema que surgiu de um caso particular, quando meu avô sofreu um AVC e durante algum tempo ficou sem identidade.

 

O poema diz assim: “Para honrar tua vontade, festejamos. / Esse amor rente à boca nos ensina / A crer no tempo da eternidade, / Num espaço em que a matéria é luz, enfim, / E onde o temor da morte se destrói. / Atravessamos a época de um verão que faz sofrer, / Uma serpente se levanta entre os cascalhos / E se põe contra quem vem pelo caminho. / Mas somos muitos, somos teus, e aguardamos. / Se coragem há que torne as horas mais tranquilas, / Nós não sabemos, / Apenas contamos com o retorno dos teus olhos / E ao poder da natureza suplicamos / Que recuperes a mesma identidade / Pela qual te reconhecíamos diariamente / Como o soberano autor de tua vida / E não este ser convulso que de nós se afasta / Para vagar numa esfera invernal / De mudez, alienação e indiferença. / Estamos em ti sempre que te ausentas”.

 

O livro que veio a seguir foi Fazer silêncio (2005), e nele o que existe é “uma paragem para ir à fonte”, como diz María Zambrano. E depois de um conflito pessoal inspirado pelo Livro de Jó, depois de realmente perceber a paciência que um poema exige, o que me aconteceu foi uma gratidão, um olhar para esse triunfo da vida, apesar dos desastres. Essa gratidão está em Almádena, um livro que foi escrito com o pensamento no Sermão de Quarta-Feira de Cinzas, de Antônio Vieira. Além de um canto de ofício, ter visto a casa dos meus avós se transformar em uma ruína, ter passado pelo fim de uma geração da minha família, e perceber que a vida continua existindo, absoluta, agora acrescida de todos esses que vão conosco, apesar de já não estarem vivos, isso me impôs uma das tarefas mais difíceis, a tarefa de encontrar vida onde parece não haver mais nada, e de entender que essa vida que surge depois de uma casa arruinada é a própria misericórdia. Simone Weil fala a esse respeito, mas para compreender o significado disso, o livro que precisei ler foi o da vida, e o sentimento de esperança que veio dessa leitura, eu o reconheço agora nos poemas de Treva Alvorada (2010).

 

IHU On-Line – Como mulher e poetisa, em nossa situação contemporânea, qual o papel e o valor da poesia e da mística? Quem seriam as principais místicas-poetisas (ou poetisas-místicas) de hoje, em sua opinião?

 

Mariana Ianelli – Vivemos em uma época de tirania da produtividade, de apologia do que é novo e eficaz e de um aparente benefício de tudo o que nos abrevia o sofrimento, o esforço e uma aprendizagem demorada. As coisas não amadurecem mais no seu próprio tempo, amadurecem à força, como uma planta de estufa. Vejo isso atingir as relações humanas e mesmo certa dimensão da criação literária que se ancora na linguagem, nos pressupostos do método e da técnica, e pouco abre espaço para uma inspiração que não pode ser instrumentalizada. O tempo interior, de silêncio, paciência e meditação, tem sido cada vez mais preterido pelo imediatismo, que é a noção de um tempo dessacralizado. A mística e a poesia, contra essa engrenagem perversa, nos fazem lembrar de um amadurecimento lento das coisas, de um vazio para ser preenchido pelo que não é vontade nossa, e do quanto pode o nosso olhar quando atenta para uma leitura da realidade em níveis que transcendem o visível e o material. Porque, antes de tudo, o que a poesia e a mística despertam é a nossa faculdade de atenção. E, como diz Cristina Campo, “pedir a um homem que nunca se distraia”, que não ceda “à preguiça do hábito, à hipnose do costume (...) é pedir-lhe uma coisa muito próxima da santidade numa época que parece procurar apenas, com cega fúria e arrepiante sucesso, o divórcio total da mente humana em relação à sua faculdade de atenção”.

 

Pensando nesse outro tempo, não no presente imediato, as “poetisas-místicas” que eu mencionaria são duas: Hilda Hilst e Maria Gabriela Llansol. A leitura da obra de Hilda Hilst, sob a perspectiva da mística associada ao lirismo, revela uma jornada interior real, profunda, extraliterária, para a qual temos como chave de acesso a beleza, no caso da sua poesia, a extravagância no caso da sua prosa. Sobre a tua grande face é um dos muitos livros de poesia de Hilda Hilst em que o “exercício da procura”, como ela mesma diz, se reveste de um esplendor de imagem e de musicalidade para invocar o “Obscuro”, o “Sem Nome”, o “Desejado”. Na sua prosa acontece a mesma procura. Em Qadós (“Kadosh”), o “Pacto que há de vir” com que Hilda inicia o texto é também onde começa “o delírio de perseguição” de que fala María Zambrano no livro O homem e o divino: o delírio de quem não sabe se persegue ou é perseguido até verbalizar esse conflito poeticamente e sair do delírio para o pacto. Quanto à Maria Gabriela Llansol, sua poética talvez esteja bem mais próxima da mística do que da literatura porque passa ao largo da intenção de um construto e deseja “entrar no real” através do texto, abrindo aí uma espécie de clareira onde um “mundo novo e fulgurante” pode ser sentido. Para Llansol, não existe o “como se”; para ela, “uma coisa é ou não é”, o que no texto se manifesta em um lugar de envolvimento afetivo com a beleza, a vida e o pensamento, um lugar que Llansol chama de “espaço edênico”. Nesse espaço, o que importa é a misericórdia, o princípio de bondade e a vontade de conhecer.

 

IHU On-Line – Deseja acrescentar algo?

 

Mariana Ianelli – Já que o nosso ponto de chegada foi Hilda Hilst e Maria Gabriela Llansol, aproveito para transcrever um poema chamado Neste lugar, que foi escrito depois de uma visita que fiz à Casa do Sol, que é também o lugar de uma passagem, um portal, um espaço edênico onde “a coisa é”, por isso não se conforma a analogias ou comparações.

 

O poema diz: “Nenhum traço de delicadeza / Só palavras ávidas / E o tempo, / A devoração do tempo. / Um jardim entregue / Às chuvas e aos ventos. / O que para os cães / É febre de matança / E para um deus / Um dos seus inúmeros / Prazeres. / Caminho de sangue / Onde reina o amor primeiro. / Morada de súbita / Ausência do medo. / Um despenhadeiro, o céu / E uma queda / Sem alívio de esquecimento”.

 

Publicado em IHU-On-Line

publicado por ardotempo às 18:50 | Comentar | Ler Comentários (1) | Adicionar

Editor: ardotempo / AA

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